Libro 1
Comentarios y Notas Periodísticas
¿CÓMO AMANECIÓ LA ENFERMA?
Una de las actitudes que más problemas me creó cuando estuve
en ese lugar lleno de odios y de violencia que llaman mundo, fue el mantenerme
al margen de muchas cosas. Únicamente me preocupaba por los vecinos más
cercanos, por la realidad de que me obstiné en vivir solitario, lejos de
hermanos, de esposa, de hijos y demás parientes, y eran entonces ellos lo único
que me quedaba para el momento en que llegara la hora de partir definitivamente
de aquel lugar. No descartaba que por aplicar el mismo sistema apenas me
respondían el saludo. En los primeros meses con cierto recelo porque pasaba en
silencio en la soledad de la casita que habitaba y en los esporádicos días que
salía hacia la ciudad cercana, era para cobrar la pírrica pensión de
jubilación, que pese a todo me alcanzaba para la frugalidad de mi vida. Esos
vecinos, si moría antes de pedir auxilio, no descartaba que la fetidez que de
la casita saldría cuando los restos mortales iniciaran el proceso evolutivo
hacia la tierra a través de los gusanos que ahítos de mis carnes putrefactas,
caerían al piso y se irían quién sabe a dónde para cumplir su función.
La muerte no me asustaba, pero tampoco la ansiaba. Todo está
escrito desde antes de ser concebido en la matriz de una mujer y pacientemente
me preparé con el correr de los años para soportar la hora definitiva. La muerte
es extraña, pensaba, y repetía en mi mente las caricaturas del almanaque de
Bristol, en la que aparecía un esqueleto con una guadaña en la mano y vestido
de mujer que buscaba a un individuo al que se conocía con el remoquete de “Coco
Liso” pero éste se había hecho algunos cambios olvidándose de la alopecia total
que originó el sobrenombre. La muerte buscó por todos los pueblos, por sus
calles y rincones y de pronto, al pasar frente al cambiado Coco Liso, dijo en
voz alta: “Ya que no encuentro a Coco Liso, me llevo a Coco Pelado”. Ese era su
sino por mucho que tratara de cambiar su apariencia. Eso me convenció que, a la
hora última, nadie borraría o variaría lo que está escrito en el libro de la
vida y de la muerte. Además, por mucho que insistan los religiosos, nadie ha
regresado de la vida posterior y por ello uno no podrá determinar con
anticipación si va a desaparecer por siempre jamás o en verdad gozará de unos
privilegios que de pronto no le corresponden. Personalmente me inclino por esta
posibilidad, porque la esperanza es lo último que se pierde, dice el aforismo,
olvidándose que desde antes de nacer ya fincamos nuestras metas en ella, en la
esperanza, casi siempre injusta.
Volviendo al principio, mucho tiempo pasó como el agua bajo
el puente y la vecindad varió poco a poco, dignándose responder mis saludos y
saludándome. Pero como no visitaba a nadie, como no me detenía en la calle a
charlar con los demás y ni siquiera cotorreaba sentado en la puerta de acceso a
la casita, ignoraba el acontecer del pueblito. Solo las actitudes de los otros
me permitían informarme, en silencio, de las ocurrencias del entorno. La música
en alto volumen, los gritos, los aplausos y los brindis me indicaban que
estaban de fiesta. Las carreras a buscar médico que alguien estaba enfermo. El
llanto de que uno de los residentes de donde provenían había muerto, y así,
cada cosa tiene una razón.
En el caso de la señora Vitelia, fallaron todos mis mudos
pronósticos. Era una señora alta, blanca, fornida, que en su juventud debió ser
de una despampanante belleza por cuanto aún quedaban rastros del pasado en sus
facciones hoy arrugadas. Varias veces la sorprendí espiando oculta en las
tinieblas de una ventana que estaba retirada del sitio en donde me sentaba a
leer, esperando quien sabe qué cosas. Un día, cosas de la senilidad, una niña
pasó y se quedó mirándome pícaramente y surgió desde lo más recóndito de mí los
recuerdos de la juventud y le dije que estaba muy bonita y la muchacha entró,
me dio un beso y con una carcajada cantarina se fue saludándome con sus
pequeñas manos. Quién sabe qué pensaría Vitelia, pero el caso fue la comidilla
de todos y al día siguiente una reunión de sólo hombres encendió las luces de
alarma en mi cerebro. Me juraba a mí
mismo, que estaban tratando el asunto y que no tardarían en venir a hacer
reclamos o a insultarme. Temía esta situación, porque las muchachas del pueblo
decían a los hombres que no conocían y les lanzaban piropos que era un morboso
o un sátiro, pero si pasaba y ni siquiera las miraba, lo calificaban de
homosexual.
La reunión se inició a las seis de la tarde y en dos o tres
veces que medio abrí las cortinas allí estaban, hablando en voz baja. A eso de
las once de la noche como en cumplimiento de una orden, cada uno tomó su
taburete o su silla y se fueron a sus propias casas.
Me enteré unos cuatro días después de que la reunión se
debía a que Vitelia estaba muriéndose y en una muestra de solidaridad los
vecinos se trasladaban todas las tardes hasta la medianoche al frente de su
casa. Esperaban su muerte, porque estaba muy grave y recluida en una clínica. Y
así fueron pasando los días. Una llamada desde mi pueblo natal me obligó a
viajar y al regresar, una semana después, encontré la reunión, pero al día
siguiente y los posteriores todo volvió a la normalidad. Me insulté a mí mismo,
porque no asistí al sepelio de vitelia, ya que si se suspendían las reuniones
era porque se había cumplido hasta el novenario. Pero una solapada indagación
me dijo que no, que Vitelia no había muerto.
Carlos
Es conveniente dejar aclarado desde un principio,
que quien escribe estas notas no es periodista, ni escritor ni poeta, y que si
aparecen algunos desfases gramaticales no son más que fruto del deseo de dejar
en letra de molde los recuerdos de la lejana e irrecuperable niñez.
Pero el hecho de no ser ni una ni otra cosa, no
quiere decir que escriba a la ligera ni mucho menos impertinencias. Los
recuerdos son la suma de una vida, y mis evocaciones se alejan en el tiempo y
en la distancia y son pocos, esos sí entendidos y doctos de la literatura, los
que, al referirse al pasado histórico de la ahora ciudad de Sincelejo, aluden
someramente a las que para algunos pueden parecer pequeñeces, para mí de mucha
importancia, sobre las actividades de La María. Pienso que, pese a su aparente
fatuidad, son importantes y no deben perderse. Un escritor monteriano, Rafael
Yances Pinedo, dijo que la pequeña historia no es tan menuda y José Luis Garcés
aseguró que es el micro mundo de las cosas aparentemente triviales las que
unidas, integran y fortifican la base de la historia total de un pueblo.
Van entonces estos recuerdos de la primera época de
mi vida, y tal vez gran parte de la segunda, esa que denominamos plena
juventud, que de manera tan intensa forma hoy el pasado de un sector
sincelejano que pasó de arrabal a centro de la futura urbe. Y digo que futura,
porque si bien es cierto que no la voy a ver como tal, sí lo harán mis hijos y
mis nietos. En contra de la voluntad quienes aparecen con la clara intención y
amparados en el fuero de “dirigentes”, que amenazan con acabar a Sincelejo. No
lo lograrán. Por algo se dice que el pueblo es superior a sus dirigentes y
llegará el momento en que la hoy Capital de Sucre, se sacuda y lance bien lejos
el caparazón de la pereza, de la desidia, de la indolencia, y reencuentre el
camino que transitó en el pasado, camino mucho más prometedor que el actual.
La intención es la de traer a la memoria de quienes
lo vivieron, por un lado, y para ilustración de los que ignoran el pasado histórico
de Sincelejo, que el barrio La María, a tan pocas cuadras del centro de la
ciudad, fue en tiempos pasados sede de un grupo de familias que se esmeraron
por hacer las cosas bien. Si bien es cierto, y jamás nos atreveríamos a
restarles méritos, que sectores como Majagual, El Bosque, La Pajuela, El Bongo
y otros, escribieron significativas páginas en el libro de la historia de la
ciudad, el barrio La María no fue inferior y por tanto no puede omitírsele.
Mantuve estos datos en la memoria o en notas
dispersas en el archivo personal, ese archivo que es el tesoro que me enriquece
y entretiene en los momentos en que la nostalgia amenaza mi tranquilidad
mental, jamás pensé que tuvieran la importancia que le dieron algunos amigos
que los leyeron y me recomendaron publicarlos. No pretendo ser escritor y
respeto a quienes, con dedicación, con esfuerzo, presentan el trabajo de su
intelecto en forma de libro. Leí en alguna parte que cada trabajo literario
lleva implícito el aporte de los recuerdos y las experiencias del escritor, por
lo que la historia, al escribirla, une el pasado con el presente. No sé si esto
que entrego a los que me brinden la generosidad de su atención, puede
considerarse historia. Para mí lo es. Y si con estos datos planteo cosas nuevas
o reformo creencias mal fundadas, o corrijo entuertos, bien por Sincelejo.
Para meterme en ese mundo de micro historia y
evocaciones, porque en el fondo se trata de la vida de una persona que tiene la
ventaja de no olvidar, y conforme al ordenamiento de las notas, me adentro
primero a lo que ha sido por siempre el alma del sincelejano: las corralejas. .
.
Pero Dios, el gran amigo, el aliado más leal, el
que no abandona ni desampara a sus hijos ni en el más leve percance, desde el
mismo instante del ataque de la fiera, actuó con su mano divina desviando las
astas del endiablado toro. No se puede explicar de otra manera, que siendo
empitonado en las partes que describí antes, la forma en que se le veían las
heridas, no se hubieran producido daños irreparables o la muerte misma. La
cornada de la garganta salía por el lado izquierdo de la cara y no dejó
cicatriz. La del abdomen no tuvo salida, y también milagrosamente no causó daño
ni tocó partes vitales y la de la frente, parece que fue hecha durante una de
las caídas. Sostengo, entonces, que Dios, sin capa ni manta hizo el quite
ayudando a mi padre y de paso nos ayudó al resto de la familia.
Mi viejo, dada su recia contextura, la fortaleza
del negro africano, la dura piel del indio cimarrón fue recuperándose poco a
poco, hasta que, por fin, ya en casa, con el atento y esmero cuidado de mi
madre, nuestra voz de aliento y la atención de los médicos ya citados que en
medio del difícil trance jamás lo dejaron solo y lo visitaban día a día para,
con sus conocimientos y sabios consejos, alentarlo de un todo.
Ese mismo aciago día, el mismo toro, hirió a
Toribio Álvarez, desgarrándole la piel de una pierna, al sacarlo de una vareta
del toril, cuando intentaba probar su bravura. Voluntarios que arriesgaron su
propio pellejo, retiraron como pudieron al toro para poder conducir a Toribio
al hospital San Francisco de Asís, no sin antes envolverle la pierna en tiras
de fique que en ese entonces permanecían tiradas por todo ese lugar, desechadas
en la fábrica de tabaco que allí existía. Llegado el momento de abrir la
corraleja, con pánico o coraje simulado por parte del público, el toro fue
sacado y ya en la plaza, no hubo trapo o cuerpo humano que se moviera, que no
lo atacara. Bufando su casta, la fiera limpió en un santiamén la arena; la
gente seguía su recorrido, expectantes, pensando tal vez que en menos de tres
horas el endiablado animal criollo había herido de gravedad a dos personas.
Con esa fiera en la plaza no podríamos parodiar los
versos del bello porro de Lucho Bermúdez, Carmen de Bolívar, que en una de sus
partes dice: “El toro negro salta a la arena y el más cobarde se enguapetona”;
No, aquí no, aquí la letra sería: “El toro fiero ya está en la plaza, hirió a
dos, busquen refugio y sálvese el que pueda”. Después de ser amo y señor del
terreno, buscó por todo el cuadrilátero al osado que lo desafiara, al loco con
cojones que se le midiera en el terreno que, con su almizcle, había marcado
como suyo. Momentos después alguien
situado en la parte izquierda de la corraleja, vista desde la entrada, de Este
a Oeste esquina, lo desafió con un guapirreo y moviéndole un trapo rojo,
movimiento que el toro captó encaminándose hacia ese lugar como un rayo; muy
sabia y prudentemente, el retador se retiró con el tiempo justo para guarecerse
sabe Dios dónde.
Fue tal el ímpetu del animal que se llevó con el
pecho la cerca de ese lugar, compuesta de varetas en lo que comprendía la
corraleja y zinc en la parte exterior, por los lados del patio del griego. Los
gritos fueron unánimes avisando que el toro había escapado del recinto y se
encaminaba por la calle Cauca, por donde se topó e hirió levemente a un
jovencito que desafortunadamente transitaba por allí. El toro negro azabache se
había escapado de la corraleja.
Recuerdo que, para estas fiestas, en una ocasión,
el organizador o los organizadores trajeron desde España un espectáculo de
toreo bufo, que fue deleite de la concurrencia. Igualmente, estas corralejas se
comentaron por mucho tiempo en la región sabanera y fuera de ella, pues por
ella pasaron manteros que, desafortunadamente, por haber nacido en esa época,
no tuvieron la suerte de la publicidad escrita, radial o televisiva. Recuerdo a
dos manteros de apellido Mercado, sin parentesco alguno entre ellos.
El uno, Pablo, de origen sincelejano, nacido en el
barrio La María; el otro, Esther, nacido en las ubérrimas tierras de Colosó.
Pablo de prosapia humilde como suelen ser todos los que abrazan este tipo de
diversión y arte a la vez; moreno acanelado, de ojos vivaces, pelo aindiado que
solía peinarse hacia atrás, de poca conversación pero que cuando se destapaba
en hacerlo su tema preferido era el de las plazas que había visitado y los
toros que en suerte le correspondieron. De éstos no había recibido cornadas
riesgosas y las pocas, tampoco lo marcaron con cicatrices escandalosas. Pablo
tenía un estilo que lo hacía único en el toreo, al pegarse riesgosamente a las
astas del toro. Muchas veces, por ese coraje, sufría lo que se llama, en toreo
fino, varetazos, que hacían presumir costillas rotas u otro daño interno en su
cuerpo.
Fui testigo de todo lo que acabo de decir, y me
dolió mucho la muerte de Pablo en las astas de un toro rejugado en la vieja
plaza de El Carmen de Bolívar. Murió degollado. Su cadáver fue traído y la
ceremonia fúnebre se llevó a cabo en el barrio que lo vio nacer, y luego
sepultado en el cementerio central. Allí descansa, soñando tal vez con las
gloriosas tardes taurófilas que le brindó a su público, al público que lo amaba,
al público que sabía cuánto había en él.
Esther Mercado era colosoano de pura cepa. Por sus
venas corría la frescura de las cristalinas aguas de los arroyos de aquella
zona; en su frente se dibujaba todo el esplendor de los Montes de María; su
porte y garbo, eran la genuina representación de un pueblo que, en su empeño,
tasa y vela por el talento y don de sus gentes.
Tanto Pablo como Esther se sentían más toreros, más
manteros, cuando antes de iniciarse la corrida o en plena faena, oían los
acordes rítmicos de la caimitera, como llamaban a la banda de músicos
representativa de Caimito, tocando con sabrosura porros como El Maizal, El
Tablón, Sábado de Gloria, El Pilón, El Binde y tantos más, que se me forma un
nudo en la garganta al tararearlos y recordarlos nostálgicamente, pues su
ejecución tan perfecta y armoniosa obligaba a ´los toreros a dar todo lo que
sabían en honor a la música que sonaba.
Eran porros verdaderos, clásicos, los interpretados
por la caimitera, la bajera de San Pelayo, la Armonía de Sincelejo y otras
bandas más que nos visitaban por esa época.
Esther, con estilo opuesto al de Pablo, era
elogiado y criticado a un mismo tiempo por el pueblo raso y los otros manteros,
que nunca lo vieron como un rival, sino como un hombre de su misma clase con
pretensiones de “blanquito”, como se suele llamar a los que pretenden estar en
el lado opuesto al de su verdadera dimensión. Tenía una especie de imán para la
gente de las capas altas y desde los palcos lo animaban con entusiasmo. Esas
loas, por lógica, acrecían el ego del muchacho haciéndole creer que era una
estrella.
Sus amigos de oficio como Maderita, Parra,
Jodmigón, el negro martelano y tantos otros, gozaban y hacían gozar el
espectáculo de la tauromaquia. Pero a Esther le criticaban con rabia o
simulando un chiste, su preferencia por las barras encopetadas que, con sus
aplausos y vítores, lo situaban en el polo opuesto al de su nacimiento.
Pero no se puede ocultar que su toreo era exquisito
y tal vez sería por eso por lo que los de las clases altas del poblado lo
admiraban. Citaba y esperaba al toro como mantero de corraleja y continuaba la
faena como torero de cartel. Se las ingeniaba para que el toro criollo,
legítimo, de pura casta sabanera, lo embistiera aceptando el reto. Le hacía revoleras,
verónicas, chicuelinas, quites de frente, muletazos con ambas manos, pases de
pecho con los que adornaba su trabajo, barriendo el lomo del toro desde las
astas al rabo.
Esther, como dice la canción mejicana, “por un mal
entendimiento” entre dos familias, tuvo una vida corta y un trágico final.
Los buenos manteros tenían su sitio de prueba en
Colosó. En ese pueblo existió una hacienda de gran renombre por el ganado de
lidia que en ella pastaba: La Esperanza, propiedad de los Urzola. Allí, con la
anuencia de los propietarios, se daban cita los manteros de la región para
tentar los toros que don Víctor Urzola y sus hijos Germán, Víctor, Salomón y
otros familiares consideraban aptos para las corralejas de las Sabanas de
Bolívar, comenzando por la propia, la de los Santos Reyes, el seis de enero, en
Colosó.
CARTILLA
DE TRÁNSITO
Conozcamos
la ciudad.
Por diversas razones, especialmente por las de trabajo,
muchas personas no conocen enteramente la ciudad en donde residen. Pero es
conveniente recopilar algunos aspectos que, si bien no nos brindan el
conocimiento absoluto del lugar de residencia, nos proporcionan la oportunidad
de una información general y vital.
Desplazarnos por las calles de nuestra ciudad, por ejemplo,
es algo necesario, interesante y entretenido. Pero no podemos ni debemos
olvidar que al hacerlo no estamos solos. Hay otros que comparten esas áreas con
nosotros.
¿Quiénes
son? Principalmente son
dos: peatones y conductores.
¿Qué
es peatón? Es la persona que se desplaza a pie por los andenes,
también conocidos por nosotros como aceras y corredores. En otros lugares
reciben el nombre de veredas. Debe considerarse como peatón a quien empuja o
arrastra un coche de bebé o una silla de ruedas, y a los que andan en bicicleta
o patineta (skateboard).
¿Qué
es conductor? Este nombre se
aplica a quien conduce un vehículo por la pista o calzada, denominada entre
nosotros simplemente “calle”. Los vehículos son de diferentes tipos, como
automóvil, motocicleta, camión, bus, buseta, microbús y similares. No olvidemos
que un mismo vehículo puede ser conocido en otros lugares con nombres
diferentes. El que nosotros llamamos bus, en otras partes es Ómnibus, y en
varios países centroamericanos Guagua.
Es de mucha importancia tener en cuenta que, para compartir
adecuadamente las calles, debemos todos ponernos de acuerdo y respetar la regla
de oro que nos enseña que nuestros derechos principian donde terminan los de
los demás, o lo que es lo mismo, respetar el derecho de los otros ciudadanos.
Para guardar el respeto que merecen los otros y al mismo tiempo se respeten los
nuestros, se han establecido una serie de señales y normas de circulación, las
cuales son reglas de juego que debemos seguir para que nuestro desplazamiento y
el de los otros por las calles y carreteras sea seguro.
En este módulo, basado en el “Módulo de Educación Vial”,
encontrarás información, indicaciones y recomendaciones que te permitirán
conocer e investigar más acerca de las normas y reglas, adoptadas en tu propio
beneficio y en el beneficio de los demás.
Conozcamos
los vehículos:
Son denominados “medios de transporte” y utilizados por las
personas para trasladarse por las diversas calles, carreras y avenidas de una
ciudad, así como por las carreteras que unen pueblos y ciudades. Hay dos clases
de vehículos de transporte. Los particulares y los de servicio público. Los
primeros son de carácter individual o familiar. Los otros son para todo el que
lo requiere.
El
transporte público cobra sus servicios mediante tarifas fijadas por el
gobierno, por lo cual es igual para todos los usuarios.
El transporte de servicio público utiliza los siguientes
vehículos:
Bus:
Medio de transporte que generalmente es usado para recorrer largas distancias,
adscritos a una empresa legalizada, en rutas establecidas por normas legales.
Este tipo de vehículos tiene una capacidad mínima de 30 y máxima de 60
personas, de acuerdo con el tamaño. En otros países se le llama Ómnibus.
Microbús:
También llamado entre nosotros “Buseta”, cuya capacidad es de un mínimo de 20 y
un máximo de 30 personas. Al igual que los buses, éstos se agrupan en empresas
especializadas. En nuestro país, se ha generalizado el uso de busetas o
microbuses en el servicio urbano de pasajeros, por cuanto rueda mejor en medio
del tránsito de las zonas céntricas y su desplazamiento es más fácil.
Taxis: Es
un automóvil adscrito a empresas que regulan mediante normas de ley el uso de
este tipo de servicio público. Su capacidad es limitada a 4 pasajeros y el
conductor. Cubre rutas de acuerdo con la necesidad del usuario. En muchas
ciudades se utiliza el taxímetro, que cuenta a la vista del usuario los
kilómetros recorridos, el valor mínimo de arranque y el de cada kilómetro que
se ha cubierto. En otras, se fijan tarifas mínimas y máximas, de acuerdo con
las distancias. También se utiliza en el cubrimiento de largas distancias entre
ciudades y departamentos.
Mototaxis: Este
medio consiste en una motocicleta para cubrir distancias cortas. En nuestra
zona se limita al conductor y un pasajero llamado “parrillero”. Se trata de una
novedad que apenas comienza a ser regulada por las autoridades respectivas. En
algunas ciudades y en otros países, se ha acondicionado con un coche tirado por
la moto, en el que normalmente se sientan dos o tres personas, además del que
la conduce. En esta última modalidad, se elimina el parrillero, y se brinda más
seguridad a los usuarios.
la
ciudad.
Para entender algo más de lo que es el transporte público de
pasajeros, es necesario también entender qué es ciudad.
Nuestra ciudad, por ejemplo, está dividida en calles,
carreras y avenidas. Estas, forman figuras geométricas que permiten establecer
las manzanas o cuadras. Las calles y las carreras son numeradas y las avenidas,
además de tener una numeración, comúnmente reciben un nombre. Manzanas o
cuadras, son las áreas en donde se levantan las casas, conjuntos
habitacionales, parques, edificios públicos (como hospitales, clínicas, cuerpos
de bomberos, centros deportivos, etc.) y edificaciones privadas entre las que
sobresalen los centros comerciales, supermercados, teatros, salas de
conferencias, museos, edificios de oficinas y otros.
La numeración de calles, carreras y avenidas facilita la
numeración de las edificaciones. Si la dirección es, por ejemplo, Calle 25 Nº
60 – 32, quiere decir que el lugar indicado está localizado en tal calle con la
carrera 60, a 32 metros de la esquina respectiva. Podría ser Carrera 60 Nº 25 –
32, entonces se colige que el sitio que buscamos está en la carrera 60 con
calle 25 y a 32 metros de la esquina en que se cruzan la calle con la carrera.
No debe olvidarse que, en algunos lugares, se habla de calles “diagonales” y
“transversales”, pero el sistema numérico es similar al señalado.
Debemos conocer que las calles están divididas en dos:
aceras o andenes o corredores y la calzada. Los tres primeros nombres se
refieren al perímetro de tránsito de los peatones. Un pueblo culto, respetuoso
del derecho ajeno y preocupado por la vida de los demás, no obstaculiza los
andenes ni pone en riesgo la vida de los peatones. Los andenes deben estar
siempre desocupados.
La segunda parte es llamada Calzada. Los peatones pueden
transitar por ella, siempre que no corran peligro alguno, por cuanto está
destinada al tránsito de los vehículos.
Para evitar el peligro, en las calles de mayor congestión de
tránsito se instalan semáforos tanto para los vehículos como para los peatones,
en las esquinas. Además, sobre la calzada se pintan franjas blancas, que por su
configuración han sido llamadas “cebras”, sobre las cuales, y cuando el
semáforo señala detención de vehículos, transitan los peatones con seguridad.
Hay otros sitios de seguridad, entre los que se destacan las
plazas, los parques y un círculo u óvalo, cuyo nombre varía. En nuestra zona se
pretendió denominarlos con el anglicado Road Point, una manera de puente de
rodamiento, pero el nombre degeneró en rospoin, rodepoin y hasta robopoin. El
verdadero es glorieta, pero es poco usado. Alrededor de este lugar confluyen
por lo menos cuatro vías que permite a los conductores de vehículos acortar
distancias.
Hay también los puentes peatonales, que se levantan sobre
avenidas y carreteras excesivamente transitadas. Las avenidas, por sus
características, obligan a circular a velocidades mayores que las de otras
calles. Los puentes peatonales facilitan trasladarse de una a otra vera sin
correr peligro.
Conocer la ciudad, nos facilita establecer razonablemente la
forma de comportamiento que cada uno de sus habitantes, permanentes, temporales
o de paso, debemos tener en cuenta. Cualquiera sea la condición en que estemos
en un lugar poblado, tenemos unos compromisos con él. La ciudad nos alberga y
tiene una serie infinita de complejidades que debemos observar para integrarnos
con ella, principiando por considerarla nuestra propia casa, nuestro propio
hogar. El hogar debemos cuidarlo y por extensión a la ciudad, utilizando bien
los servicios que nos brinda, no arrojando desperdicios en las calles ni
lugares abandonados, velando y cuidando las zonas históricas, no pintando
letreros ni embadurnando las paredes. Si cada peatón, y también cada usuario de
un vehículo, atiende estas recomendaciones, la ciudad será digna de verse y
puede convertirse en buena referencia y buen ejemplo para otros sitios. Para
gozar del aire, del clima, de los paisajes y de otras bellas cosas que tiene la
ciudad, debemos tener el propósito indeclinable de respetarla y luchar por
todas sus riquezas.
¿QUÉ
ES EL SEMÁFORO?
Hay tres factores que se utilizan en la función de control
del tránsito en una ciudad organizada. Los semáforos, el policía de tránsito y
las señales de tránsito.
Los semáforos son elementos con dispositivos especiales que
emiten luces de colores, cada una con un significado diferente y muy
particular, que armonizan a conductores de vehículos y peatones, para
indicarles y hasta cierta forma autorizarles el avance y el cruce en los sitios
en que se encuentran instalados. Son dos formas de semáforos: los destinados a
los vehículos y los de los peatones.
Los destinados a la circulación de vehículos usan tres luces
diferentes: roja, amarilla y verde.
La luz
roja significa que el paso está cerrado.
La luz
amarilla previene al conductor del inmediato cambio de luces, que
puede ser de roja a verde o de verde a roja. Hay que tener en cuenta, que la
luz amarilla no significa una autorización para recomenzar el rodamiento por la
vía. Es apenas de prevención, de alerta.
La luz
verde, indica que el paso está abierto.
En determinadas horas, especialmente en la madrugada, los
semáforos alternan la luz roja con la amarilla, o simplemente titila la una o
la otra, indicándole a conductores y peatones que hay poca afluencia de
tránsito y se puede circular, pero tomando las precauciones del caso.
Los semáforos reservados para los peatones llevan la silueta
de un peatón en dos colores: rojo y verde. Se encienden en el verde
inmediatamente aparece en el semáforo principal la luz roja, y unos instantes
antes, cuando en el principal aparece la luz amarilla, se enciende la luz roja.
En otros lugares la información de cambio de color se entiende cuando el verde
titila, como información de que el tiempo es limitado y debe evitarse el cruce
para esperar de nuevo la luz verde.
A pesar del progreso técnico, la figura tradicional del
policía de tránsito no desaparece. Es indispensable en momentos de congestión y
en los llamados trancones por razones de choques, accidentes con peatones o
vehículos que se apagan en sitios críticos, o cortes de energía en los sectores
y muchos otros inconvenientes.
Debe considerarse al policía de tránsito como un amigo, un
ciudadano que puede ayudar tanto a peatones como conductores, al que se puede
acudir en búsqueda de información.
No debe olvidarse que el policía de tránsito tiene más
autoridad que las señales y los semáforos. Por esa razón, cuando el policía de
tránsito asume la guía de los conductores, inclusive estando en normal
funcionamiento los semáforos, debe acatarse sus indicaciones. Ellas deben tener
un motivo ineludible y generalmente el objetivo de evitar accidentes.
las
señales de tránsito:
Las señales de tránsito constituyen un factor determinante
en la circulación de peatones y vehículos por las calles, carreras y avenidas
de la ciudad y las carreteras. Se trata de letreros o de placas contentivas de
información, a un costado de las vías con el propósito de suministrar
información rápida y breve, concretamente a los conductores de vehículos, sobre
características del tramo de vía que se está recorriendo, así como la presencia
de zonas especiales que obligan a tomar determinadas actitudes, como la de
aminorar la velocidad ante la proximidad de escuelas y colegios, no usar la
bocina cerca a hospitales y clínicas,
imperfecciones en la calzada, presencia de materiales de construcción u
otros obstáculos.
Las señales de tránsito se clasifican de tres maneras: Las de prevención, las de información y las
de reglamentación. Tanto peatones como conductores deben preocuparse por
conocer la información cifrada que suministran las señales. Y no es un capricho
el confeccionarlas en clave, por cuanto de otra manera serían inocuas. Veamos,
en cada uno de los tres casos, en qué consisten:
Señales
de prevención: Son las que tienen el objeto de avisar al conductor sobre
la presencia de algún cambio en la vía, la proximidad de una curva y hacia qué
lado de la vía, de la sinuosidad de un camino, la proximidad de un semáforo, un
tramo resbaladizo en la carretera, la cercanía de colegios, escuelas, etc. Así,
el conductor tendrá información oportuna y aminorará la velocidad y se
preparará para afrontar el caso.
Hay muchas otras señales de prevención. Como conductores,
pasajeros o peatones, es necesario que las conozcamos todas y no las olvidemos,
porque de ello puede depender nuestra vida.
Repasemos estas:
Pare:
Señal de obligatorio cumplimiento y que al atenderla facilitamos el flujo
vehicular que atraviesa por nuestro frente. Los de la otra calle, no olvidemos,
también necesitan movilizarse.
Prohibido
Transporte Pesado: Esta señal se coloca en diferentes lugares urbanos en los
que se prohíbe el tránsito de camiones y otros vehículos que transporten carga
pesada, superior a los límites de soporte del pavimento.
Prohibido
el uso de bocinas: Es una de las más importantes que deben tener en cuenta
los conductores. Usar y abusar del pito o bocina, no va a solucionar problemas
de tráfico, como los trancones, por ejemplo, además de convertirse en una falta
de respeto a los demás y una muestra de incultura del conductor. Generalmente
se prohíbe el uso de bocinas en áreas en las que funcionan hospitales y
clínicas, para evitarles molestias a los pacientes en ellos recluidos.
Prohibido
estacionarse: Señal para los conductores, con el propósito de que no
entorpezcan el flujo de vehículos frente a centros hospitalarios, oficinas
públicas, embajadas, cuarteles de ejército y policía y otras dependencias en
las que se requiere facilidad de entrada y salida de vehículos.
Señales
de Información: Están dirigidas tanto a conductores como a peatones, para
anunciarles la cercanía de lugares de servicio público como hospitales, zonas
de estacionamiento, servicios sanitarios, primeros auxilios, servicios
telefónicos, entre muchos otros.
Señales
de Reglamentación: Este tipo de señales está dirigido preferentemente a los
conductores, con el propósito de que no olviden el respeto que merecen las
reglas y las normas de tránsito, y así puedan acomodarse a su cumplimiento y
atender las recomendaciones respectivas, tanto para seguridad propia y de
pasajeros, como de peatones. Entre estas se encuentran las de prohibiciones,
como voltear en U, el prohibido estacionarse, conservar su derecha y no invadir
los carriles en contravía, no adelantar a otros vehículos en curvas o sitios
estrechos, etc.
Curva
pronunciada: La señal indica al conductor la proximidad de una curva
cerrada, por lo que es necesario disminuir la velocidad y adoptar una actitud
prudente al tomarla.
Caminos
sinuosos: La señal respectiva alerta sobre la cercanía de una serie
de curvas a lado y lado de la vía, y como en el caso anterior, el conductor
debe bajar la velocidad y tomar las precauciones del caso.
Área
de ciclistas: Se usa para indicar que se aproxima una zona especial de
movilización de ciclistas, como una ciclovía, por ejemplo. Es conveniente tener
en cuenta que ninguna señal preventiva tendrá efecto si el conductor del
vehículo, el peatón, y en este caso, el ciclista, ignoran las normas.
Área
de escolares: Señal de alerta
para los conductores, que les informa que muy cerca funciona un establecimiento
educativo (Escuela, colegio, Universidad) y, por tanto, debe tomar las debidas
precauciones, por cuanto encontrará niños y jóvenes escolares o estudiantes. El
conductor deberá tener presente que los escolares saldrán del establecimiento
para cruzar la calle y no mirarán, por distraerse en otras cosas, a un lado y
otro para establecer si hay peligro.
Recientemente se adoptó el sistema de pintar enormes avisos sobre la
calzada anunciando que se avecina una ZONA
ESCOLAR.
EVITEMOS
ACCIDENTES.
Los siguientes consejos tienen como objeto el correcto desplazamiento
de peatones en la ciudad con mayor seguridad. Por ejemplo, el desplazamiento
correcto, como peatón:
Recuerda
no llevar animales sueltos: Además de ser una molestia para los
demás, pueden resultar atropellados por los vehículos al lanzarse hacia la
calzada o provocar un accidente.
No
juegues en la calle: Cuando pateas un balón de futbol,
lanzas pelotas de béisbol, realizas competencias de carreras y, en fin,
diferentes actividades lúdicas o de entretenimiento en una calle, ocasionas
molestias a los otros peatones y obstaculizas el tránsito de éstos y de
vehículos, además de poner en peligro tu vida y la de los compañeros de juegos.
No olvides que existen pistas, canchas, plazas y otros lugares para estos
menesteres.
No
cruces la calle cuando el semáforo para peatones se encuentra en rojo,
aunque no haya vehículos en circulación. Recuerda que un vehículo puede venir a
excesiva velocidad y encontrarte en medio de la calle.
No
imites la conducta de malos peatones: Hay quienes se lanzan a la
calzada estando el semáforo en verde o cuando está en amarillo, creyendo que
los vehículos pueden detenerse intempestivamente. Eso es, además de una muestra
de incultura, una falta de respeto para sí y para los demás. No arriesgues tu
vida imitando a los intolerantes, incultos y atrevidos.
No te
detengas en las aceras: Las aceras o andenes son la vía de
los peatones. Si te detienes en ellos, causas molestias a los otros peatones.
Los lugares en donde puedes dialogar están en otra parte, especialmente en los
parques.
Cómo
cruzar la calle: Si te es indispensable cruzar la calle, toma las medidas
de seguridad para ti y los demás. En las esquinas hay zonas de cruce para
peatones, puentes peatonales, etc. Si te encuentras en una calle en la que no
exista un andén o esté ocupado, por razones de construcción, por ejemplo,
procura caminar lo más pegado posible a las casas o cercas y muros, y prestar
atención al flujo de vehículos.
Cuando
utilices una bicicleta, es recomendable hacerlo siempre hacia
la derecha, así como emplear el casco protector y demás elementos de
protección.
Cuando
transites por una calle, debes estar totalmente alerta al
tráfico de los vehículos. Recuerda que un descuido tuyo o de un conductor,
pueden costarte la vida.
Mantente
alerta a la entrada y salida de vehículos de algunos lugares,
especialmente de garajes, parqueaderos y talleres de mecánica. De ellos o hacia
ellos salen y entran vehículos.
No
olvides ayudar a los que requieren cruzar la calle. Puede tratarse de
ancianos, niños, discapacitados, etc.
No
cruces una calle hasta no tener la seguridad de que los vehículos están
detenidos, ni tampoco cruzar por delante de un vehículo detenido, hasta que no
te cerciores de estar exento de cualquier eventualidad que represente peligro
para ti.
En las calles, carreras o avenidas de doble o más calzadas,
los vehículos transitan en ambos sentidos. Cerciórate de haber establecido
plenamente que puedes cruzar uno de los carriles o ambos, sin correr peligro.
Recuerda que es prudente cruzar por el lugar más seguro. De
ser posible, cruza por las esquinas, donde los vehículos van más despacio y los
peatones tienen preferencia, en línea recta y perpendicular a la acera. Evita
cruzar la calle por detrás de vehículos estacionados, por cuanto los
conductores de otros vehículos pueden no estar mirando hacia allí y provocas un
accidente.
Las plazas y las glorietas (o road point) deben cruzarse con
el mayor cuidado, por cuanto son zonas muy complicadas. La circulación de los
vehículos que van rodeando el lugar o los que entran y salen del giro,
constituyen un verdadero peligro. Se recomienda rodear la plaza o la glorieta
por las esquinas, antes que cruzarlo.
Hay lugares en los que la circulación de los vehículos es
sumamente veloz y el número de los mismos impide encontrar un instante para
cruzar la vía. Son canales o carriles de los llamados de alta velocidad, que
permiten la evacuación rápida del flujo vehicular. Detener el tráfico en estos
viaductos ocasiona más problemas. Se recomienda el uso de los puentes
peatonales.
LOS
PASAJEROS
Los siguientes son consejos para un comportamiento correcto
cuando se viaja en condición de pasajero:
No saques la cabeza o los brazos por la ventanilla. No
arrojes papeles y otros objetos por la ventanilla. No debes apoyarte en las
puertas ni jugar con las manijas o botones.
Cuando bajes, hazlo siempre por el lado de la acera, para
evitar ser atropellado por los vehículos que circulan por la vía.
Al subir o bajar de un vehículo, espera a que esté
totalmente detenido, y hazlo solamente en los paraderos autorizados. De esa
manera, contribuyes a mantener el tránsito ordenado de la ciudad.
Si viajas de pie, tómate bien de los pasamanos o el respaldo
de los asientos, para evitar caer si el vehículo es frenado intempestivamente.
Si vas sentado, nada pierdes con ser galante y bien educado, cediéndole el
lugar a los ancianos, mujeres embarazadas, mujeres que llevan bolsas y niños,
discapacitados, etc.
Recuerda: el conductor del vehículo no tiene obligación de
saber en dónde te quieres bajar. Es conveniente que avises con anticipación y
prepararte con tiempo suficiente para salir.
MUNDO SALVAJE. HEMINGWAY Y EL CHIVO MONO
El grande escritor norteamericano, aficionado número uno de
las corridas de toros, apartando a un lado la forma de su muerte, debería ser
la insignia y señal de los que en la Costa Caribe se dedican a la transmisión
de las fiestas en corraleja. Antes de hablar paparruchadas, bien les vendría
adentrarse en las páginas de los libros de Hemingway, para acopiar opiniones,
datos y otros aspectos que tan notable escritor observó durante años de
seguimiento de la actividad torera.
Por ejemplo: Nos apropiamos de la afirmación que cualquiera
nos hace sobre un tema en particular, y si el otro está errado, regamos la
especie y cuando nos damos cuenta ya es tarde. Todos suponen que un dato
diferente, es cosa vacua, necedad de los enemigos de las fiestas de corraleja.
Pero poco, muy poco, sabemos del mundo del toreo.
A raíz de la tragedia del 20 de enero de 1980 en Sincelejo,
muchos acogieron el infundio de que los tres toros que se quedaron estáticos en
el ruedo, mientras las gentes huían sin concierto buscando un refugio, se debió
a algo sobrenatural. Todos olvidamos que el toro más bravo, pierde furor cuando
le cae agua encima, y mucho más, cuando es producto de una lluvia torrencial
como la de ese día. El animal, instintivamente, agacha las orejas para evitar
que el agua penetre por los oídos y le cause problemas posteriores. No hubo
otra razón para mirar desprevenidamente a los que cruzaban por el lado.
En otro aspecto, un toro de buena casta tiende a ser manso
en el potrero. El afamado Chivo Mono, el toro que le dio fama a don Vinicio
Cordero, un ganadero monteriano, adquirió fama en ese sentido. Cuando estaba en
el potrero, si corría hacia alguien que cruzaba por allí, no era más que
buscando un poco de azúcar que le agradaba en demasía. Otra cosa era su ingreso
al ruedo. Nadie lo vio salir a las volandas del torin o torineta o chiquero.
Parecía comprender que su misión era otra y pasaba con tranquilidad por la
puerta, apreciaba el conjunto, escogía un objetivo y atacaba. Casi siempre con
seguridad, fatal para el objetivo, complacencia para él.
El escritor norteamericano dice: “El toro es un animal de
combate y cuando la raza ha permanecido pura gracias a una crianza cuidadosa,
ese mismo toro se convierte, cuando no lucha, en el más tranquilo y apacible de
todos los animales” y en el tratamiento del mismo tema, agrega con autoridad:
“El toro es un animal salvaje, cuyo mayor placer consiste en
la pelea y aceptará la que le ofrecen bajo cualquier forma y replicando a todo
lo que tome por desafío. Sin embargo, los mejores toros de combate reconocen y
saben quién es el mayoral o guardián que lo tiene a su cuidado”.
¿Sabe usted cómo trata el mantero de fama a los que lo
acompañan en el ruedo? El escritor norteamericano, refiriéndose a la condición
social de los toreros, nos lo dice. No debemos olvidar que el mantero es de lo
más humilde entre los humildes. “Son afables, generosos, corteses y muy estimados
de todos los que tienen una posición superior a la suya, y avariciosos,
mezquinos, miserables, capataces de esclavos con los que trabajan para ellos”.
Observe la cuestión en la próxima corraleja.
El espacio no da para más, pero quedan muchas otras qué
señalar sobre la materia.
Edilberto
Doña Noris Peinado de
Paternina nos confió un encargo ineludible, que venimos a cumplir y porque así
lo deseamos: Decirles a todos y cada uno de los miembros del Club Kiwanis de
Sincelejo, que ella, sus hijos, sus nietos y demás familiares, les agradecen en
el alma y con el alma, el ofrecimiento de la liturgia más importante de nuestra
iglesia, como es la Santa Misa, en memoria de su amigo, su compañero, su
esposo, Edilberto Paternina Pacheco, el inolvidable Walbe, como le llamábamos
amigos y familiares.
Alguna vez mi madre, Silvia Rosa, me aseguró que el dolor
más grande de un ser humano es la muerte de un hijo y del hombre o la mujer que
nos ayudó a dejar testimonio de la voluntad divina de nacer, crecer y multiplicarnos
antes de volver a la dimensión que nos corresponda. Cuando me lo dijo, había
visto morir cuatro hijos y al hombre de su vida, cuyo amor y recuerdo le ayudó
a soportar cuarenta años de viudez, de soledad pese a la prole numerosa que
quedó de su amor y que la rodeaba diariamente, hasta el último minuto que vivió
en este mundo. Somos convencidos de que Noris, con el paso de los días y en la
soledad en donde se rumian en silencio los recuerdos, y gracias a su inmenso
amor por Walbe, habrá de proceder en la misma forma, hasta que El Eterno, El
Creador, disponga que es hora de volver a unirse, ahora en la dimensión donde
la vida, y por tanto el amor, son eternos.
Por ello comprendemos a la gran amiga, a la madre amantísima
y a la esposa amorosa y consagrada que hoy me encomendó esta difícil
tarea, para decirles a los amigos de
Kiwanis, que con Edilberto Paternina Pacheco, se fue un socio de corazón, que
al inicio de la organización aplicó, junto a Noris y con ella, los principios
fundamentales de la organización internacional, y que con el concurso de
quienes emprendimos la tarea, construimos una sociedad mejor y demostramos que
no se requieren riquezas para contribuir al desarrollo y ayudar a quienes esperan un aporte de simpatía, de aprecio, de
comprensión. Nun Kiwa Nis, la frase comprimida en una palabra y procedente de
tribus primitivas del norte del Nuevo Mundo, halló en Edilberto y Noris, el
entendimiento de que todos podemos ayudarnos. Y a fe que lo lograron, y aún
fuera de la organización, siguieron haciéndolo.
Amigos Kiwanis: Noris, sus hijos, sus nietos, todos sus
familiares, reciben con agrado este reconocimiento a la memoria de un hombre
que supo ser un buen ciudadano, un excelente ciudadano, un esposo fiel, un
padre amoroso y un amigo cuyo recuerdo será imperecedero.
Que la bendición del sacerdote oficiante sea el premio que
ustedes reciban en esta mañana.
HISTORIA DE CRISTO
I
Del autor al lector:
De quinientos años a esta parte, los que se llaman
“espíritus libres”, porque han desertado de la Milicia por los Ergástulos, se
desviven por asesinar una segunda vez a Jesús. Para matarle en el corazón de
los hombres.
Apenas pareció que la segunda agonía de Cristo llegaba a los
penúltimos estertores, se presentaron los necróforos. Jumentos presuntuosos que
habían tomado las bibliotecas por establos; cerebros aerostáticos que creían
poder tomar con la mano la sumidad de los cielos, montados en la mongol fiera
de la filosofía; profesores atacados de satiriasis por fatales borracheras de filosofía
y de metafísica, se armaron — ¡el hombre lo quiere! — como otros tantos
cruzados contra la Cruz. Algunos extravagantes creadores de fábulas dieron en
propalar, con una fantasía que dejaba chiquita la famosa de Radcliffe, que la
historia de los Evangelios era una leyenda , a través de la cual, se podía,
cuando mucho, reconstruir una vida natural de Jesús, el cual fue por un tercio
profeta, por un tercio nigromante y por el otro tercio caudillo de la plebe; y
no hizo milagros, como lo sea la curación hipnótica de algún poseído; y no
murió en la cruz, sino que despertó en el frío de la tumba y reapareció luego
con aire de misterio, para hacer creer que había resucitado. Otros demostraban,
como dos y dos son cuatro, que Jesús es un mito creado en tiempos de Augusto y
Tiberio y que todos los Evangelios se reducen a un mal combinado mosaico de
textos proféticos. Otros representan a Jesús como un ecléctico aventurero que
había concurrido a las escuelas de los Griegos de los Budistas y de los Esenios
y había amasado, a la de Dios es grande, sus plagios para hacerse creer el
Mesías de Israel. Otros hicieron de él un humanitario maniático, precursor de
Rosseu y de la divina Democracia: hombre excelente para su tiempo, pero que, en
la actualidad sería confiado al cuidado de un alienista. Otros, finalmente, y
para terminar de una vez por todas, volvieron a la idea del mito, y, a fuerza
de fantasear y de comparar, llegaron a la conclusión de que Jesús no había
nacido en ningún lugar del mundo.
¿Pero quién ocuparía el puesto del gran desterrado? Cada día
se ahondaba más la huesa, pero no lograban enterrarlo del todo en ella.
Y he aquí una escuadra de faroleros y recaudadores del
espíritu dedicados con ahínco a fabricar religiones para el uso y consumo de
los irreligiosos. Durante todo el ochocientos los hornearon de a pares y de a
media docena a la vez. La religión de la Verdad, del espíritu, del
Proletariado, del Héroe, de la Humanidad, de la Patria, del Imperio, de la
Belleza, de la Naturaleza, de la Solidaridad, de la Antigüedad, de la Energía,
de la Paz, del Dolor, de la Piedad, del Yo, de lo Futuro, y así sucesivamente.
Algunos no eran más que malos remedos de cristianismo decapitado y deshuesado,
de cristianismo sin Dios; las más eran políticas o filosofías que intentaban
cambiarse en místicas. Pero pocos eran los fieles y débil el entusiasmo.
Aquellas abstracciones heladas, aunque sostenidas, a veces, por intereses
sociales o por pasiones literarias, no llenaban los corazones de donde se había
querido arrancar a Jesús.
Se tentó, entonces, compaginar facsímiles de religiones que
tuvieran más y mejor que las otras, lo que los hombres buscan en la religión.
Los Francamente, los Espíritus, los Teósofos, los Ocultistas, los Científicos,
creyeron haber encontrado el sucedáneo infalible del cristianismo. Pero estas
ollas podridas de supersticiones mohosas y de cabalística cariada, de simbólica
simiesca y de humanitarismo acedo, estos remiendos mal zurcidos de budismo de
exportación y de cristianismo falsificado, si contentaron a algunos millares de
mujeres pasadas de moda, de bípedos pollinos, de condensadores del vacío, pare
usted de contar.
Mientras, entre un presbítero tudesco y una cátedra suiza,
se venía preparando el último Anticristo. Este, bajando de los Alpes hacia
Oriente, dijo: Jesús ha mortificado a los hombres; el pecado es bello, la
violencia es bella, es bello todo lo que dice sí a la Vida. Y Zarathustra,
después de haber arrojado al Mediterráneo los textos griegos de Leipzig y las obras
de Maquiavelo, comenzó a picotear con el donaire que puede tener un tudesco
nacido de un pastor protestante y bajado recién de una cátedra helvética, a los
pies de la estatua de Dionisio. Pero por
más que sus cantos resultaron dulces al oído, nunca logró explicar qué es esta
adorable vida a la cual se debía sacrificar una parte tan viva del hombre cual
es la necesidad de vencer en sí mismo la bestia; ni nos supo decir la manera
como el Cristo vivo de los Evangelios se contrapone a la vida, él que la quiere
más elevada y feliz. Y el pobre Anticristo sifilítico, próximo a la locura,
firmó su última carta: El Crucificado.
II
Y con todo, a pesar de tanto derroche de tiempo y de
ingenio, Cristo no ha sido expulsado todavía de la tierra. Su memoria se encuentra
en todas partes. En las paredes de Las iglesias, en los nichos de las calles, a
la cabecera de los lechos y sobre las tumbas, millones de cruces recuerdan la
muerte del Crucificado. Raspad los frescos de las iglesias, removed los cuadros
de los altares y de las casas y la vida de Cristo llena los museos y las
galerías. Arrojad al fuego los misales, los breviarios, los eucologios y
hallareis su nombre y sus palabras en todos los libros de las literaturas.
Hasta la blasfemia es un involuntario recuerdo de su presencia.
La Gentilidad y la Cristiandad nunca podrán soldarse entre
sí. Antes de Cristo y después de Cristo. Nuestra era, nuestra civilización,
nuestra vida empieza en el nacimiento de Cristo. Lo que fue antes de su venida
podemos buscarlo y saberlo, pero no es nuestro, está señalado con otros
números, circunscrito en otros sistemas, no agita más nuestras pasiones; puede
ser todo lo bello que se quiera, pero está muerto. César con sus tiempos, hizo
más ruido que Jesús y Platón enseñaba más ciencia que Cristo. Todavía se habla
del primero y del segundo, pero ¿quién se acalora por César o contra César? ¿Y
dónde están, hoy, los platónicos o anti platónicos?
En cambio, Cristo está siempre vivo entre nosotros. Hay
todavía quien lo ama y quien lo odia. Existe una pasión por la pasión de Cristo
y una por su destrucción. El enfurecerse de tantos contra él dice bien
claramente que todavía no ha muerto. Los mismos que se desviven por negar su
doctrina y su existencia pasan la vida recordando su nombre.
Vivimos en la era
cristiana. Y ésta no ha terminado. Para comprender este nuestro mundo, nuestra
vida, para comprendernos a nosotros mismos hay que referirse a él. Cada edad
debe volver a escribir su Evangelio.
También la nuestra lo ha escrito, y más que otra alguna. De
suerte que el autor de este libro debería, llegado a este punto, justificarse
de haberlo escrito. Mas, la justificación, si es necesaria, se manifestará a
los que la creyeren hasta la última página.
Ningún tiempo como éste estuvo tan apartado de Cristo y tan
necesitado de Cristo. Pero para volverlo a hallar no bastan los libros viejos.
Ninguna vida de Jesús, así la escribiera un escritor de
genio más sublime de cuantos han existido, podría ser más bella y perfecta que
los Evangelios. La cándida sobriedad de los primeros cuatro historiadores no
podrá ser superada jamás por todas las maravillas del estilo y de la poesía. Y
bien poco podemos añadir a lo que ellos dijeron.
Más, ¿quién lee, hoy, a los Evangelios? ¿Quién los sabría
leer de veras, en caso de hacerlo? Las glosas de los filólogos, los comentarios
de los exégetas, las variantes y la erudición de los apostilladores de poco
sirven; enmiendan a la letra, juego de admirable paciencia. Pero quiere otra
cosa el corazón.
Cada generación tiene sus preocupaciones y sus ideas propias
—y sus locuras — Se supone una nueva traducción del antiguo Evangelio a favor
de los descarriados. Para que Cristo viva siempre en la vida de los hombres,
para que esté eternamente presente, es forzoso resucitarlo de vez en cuando; no
para retocarlo con los colores de moda, sino para representar, con palabras
nuevas y con referencias a la actualidad, su eterna verdad y su historia
inmudable.
El mundo está lleno de estas resurrecciones de librería,
doctas o literarias; pero parécele al autor de la presente que muchas han sido
olvidadas y que otras no son apropiadas. Especialmente en Italia, después de
las últimas experiencias.
Para narrar la historia de las historias de Cristo sería
menester otro libro más voluminoso que éste. Pero las más leídas y conocidas se
pueden dividir, así a los ojos de buen cubero, en dos grandes porciones. Las
escritas por gente de Iglesia para los creyentes y las escritas por hombres de
ciencia para los profanos. Ni aquella ni éstas pueden satisfacer a quien busca
en una vida, la Vida.
III
De las vidas de Jesús destinadas a los devotos se desprende
un no sé qué de marchito y rancio que repele, desde las primeras páginas, al
lector habituado a alimentos más delicados y sustanciosos. Hay un humazo de pábilo recién apagado, un hacedor
de incienso desvanecido y de aceite inferior que corta el aliento. No se
respira bien. El incauto que se aproxima, recordando la vida de los grandes
escrita con grandeza y poseyendo algunas nociones del arte de escribir y de la
poesía, siente como un vahído al avanzar por esa prosa floja, pesada,
deshilachada, conjunto de remiendos y mosaico de lugares ¡ay! Demasiado
comunes, que vivieron mil años ha, pero que hoy yacen exánimes, cristalizados,
empañados como las piedras de un lapidario o los llantos al unísono de un
ritual. Y la cosa empeora cuando estos jamelgos extenuados quieren lanzarse,
repentinamente, al galope de la lírica o al trote de la elocuencia. Sus gracias
desusadas, ese acicalamiento en el decir que sabe a arcadia purista y a modelo
de escritura para las academias provinciales, ese falso calor, entibiado por
una melosa dignidad, acobarda a los más resistentes y temerarios. Y cuando no
se abisman en los misterios brumosos de la escolástica, caen en la oratoria
hipnótica de la homilía dominical. En una palabra, son libros escritos para
quien cree en Jesús — es decir, para quien, en cierto sentido, podría
prescindir de ellos. Los hay también óptimos, pero los laicos, los
indiferentes, los artistas, los familiarizados con la grandeza de los antiguos
y con las novedades de los modernos no buscan esos volúmenes o bien los
abandonan, después de un primer vistazo. Y, sin embargo, son precisamente estos
lectores los que deberían ser conquistados, porque son los que Cristo ha
perdido y hoy imponen al público su opinión y pesan en el mundo.
Los otros, los doctos que escriben para los neutros logran
tanto o menos que aquéllos, en cuanto a llevarle a Jesús las almas que no saben
que son cristianas. En primer lugar, porque casi nunca es éste el fin que se
proponen y ellos mismos, con pocas excepciones, se hallan entre aquellos que
deberían ser llevados nuevamente al Cristo real y vivo; y después, porque su
método, que pretende ser, según dicen ellos, histórico, crítico, científico,
los lleva más bien a detenerse en los textos y hechos exteriores, para
determinarlos o destruirlos, que el valor y luz que se podrían hallar,
queriendo, en aquellos textos y en aquellos hechos. Los más tienden a encontrar al hombre en
Dios, la normalidad en el milagro, la leyenda en las tradiciones y los
apócrifos (II) en la primitiva literatura cristiana. Los que no llegan de los
testimonios que todavía nos quedan acerca de él y a fuerza de “si”, de “pero”,
de “consideraciones” y de “respetos”, de “dudas” y de “hipótesis”, no alcanzan
a escribir historia cierta, aunque felizmente, tampoco logran destruir la
contenida en el Evangelio. ¡Tales y tantas son las contradicciones entre ellos
mismos! De suerte que cada nuevo sistema tiene por lo menos el mérito de
reducir a la nada todos los inventados antes. En suma, estos historiadores, con
todo su andamiaje de resortes y remiendos, con todos los recursos de la crítica
textual, de la mitología, de la paleografía, de la arqueología, de la filosofía
semítica y helenista no hacen más que triturar y diluir, a fuerza de desmenuzamientos
y artificios, la vida sencilla de Cristo. La conclusión más lógica de todas
estas investigaciones curiosas, de toda esta agitación es que Jesús nunca vino
a la tierra o que, si por acaso de veras vino, no podemos decir nada cierto al
respecto. Queda, indudablemente, y no tan fácil de borrar, el cristianismo,
pero lo único de que son capaces estos enemigos de Cristo es ir de Oriente a
Occidente en demanda de las “fuentes”, como dicen, del pensamiento cristiano,
con la santa intención, nada disimulada, por cierto, de reducirlo todo a sus
precedentes judaicos, helénicos y, acaso, indios y chinos para luego poder
decir: ¿Véis? Este vuestro famoso Jesús, en resumidas cuentas, no sólo era un
simple hombre sino un pobre hombre; tan es así, que nada ha dicho que el género
humano no lo supiera ya de memoria antes que él.
LA
PRIMERA CORNADA
Fidel y Manuel Madera, dos hermanos muy diferentes porque el
primero era - ¿o es? - de mediana estatura hacia abajo, moreno, aindiado,
mientras que Manuel era blanco, algo más allá de la medianía en la estatura y
delgado. Al negro lo llamaban el “Ñato” y al otro “Maderita”. El moreno no
salió de las corralejas mientras que el otro alcanzó a vestir traje de
novillero sin éxito, porque el estilo corralero - ¿o corralejero? - es
diametralmente diferente a la corrida tradicional. En el estilo español es algo
así como un arte y el de la corraleja tremendista, en donde solamente el coraje
y la agilidad distinguen al buen mantero.
Tal vez por eso no habrá jamás un torero al que calificar de
El Polvorín, un mantero que se enfrentaba al animal y se enredaba con él en
medio de un torbellino que los hacía invisibles y que se despejaba cuando el
mantero emergía de la intensa polvareda indemne, al tanto que el toro reposaba
del intenso ajetreo. Dos o tres más, según las leyendas, hicieron lo mismo y se
habla de un mantero que en la plaza de Rabolargo no salió de la polvareda
“porque el toro era el diablo mismo que se encargó de llevárselo para el
infierno”.
¿Por qué a los de las plazas de toros les llaman “toreros” y
a los de la corraleja “manteros”, si cumplen una función semejante? Quizás por
el utensilio con que ejecutan su oficio. El torero usa el capote y el de la
corraleja una manta -cuando la corraleja era auténtica- que, en el principio,
cuando la fiesta estaba destinada a celebrar el cumpleaños del patrón, era
regalada por éste a los voluntarios que saltaban al cuadrilátero. Cuando se
prostituyó la fiesta y se convirtió en negocio, cada voluntario adquirió su
capote y su muleta. Cabe recordar que fue el monteriano Melanio Murillo, en su
época de novillero porque luego pasó a picador y sobresalió en ello hasta en
las mejores plazas de España, el que primero usó un capote en una corraleja. El
mago Doney Vergara, sincelejano y mantero en su mocedad, afirma que fue en la
corraleja de Chinú, por allá por los años cuarenta del siglo pasado, en donde
Melanio esperó pacientemente la salida del toril de un astado sobresaliente y
se dirigió a donde estaba, despegó el capote y le hizo una faena jamás vista
antes por los chinuanos. De allí en adelante, la manta, la camisa, la toalla,
la hoja de periódico, quedaron para los borrachitos necios, que hoy, “en la
modernización y “humanización” de la fiesta, debe pagar para que lo mate el toro.
Lo que vamos a dejar sentado es realidad, porque numerosas
personas escuchamos las expresiones de una mujer que idolatraba a los dos
hermanos Madera y era tildada de “bruja”. Vivía ella muy cerca del viejo puente
de Montería, en el barrio Chuchurubí y se llamaba Victoria Ospino. Allí residió
en compañía de su hermana Edelmira, comadrona famosa de esa zona de la vieja
Montería, hasta su muerte, cuando se cumplió la palabra de la que dominaba las
cosas exotéricas y esotéricas que crearon un largo historial en el Caribe
colombiano.
“Mientras yo viva, Manuel y Fidel Madera no morirán en las
corralejas. Y si Dios acepta mi pedido, morirán de viejos, pero no por cornadas
de toros”. La primera cornada seria y peligrosa la recibió Fidel cuando se
acercaba, sentado sobre el duro piso de la corraleja con un par de banderillas
y al lanzar el grito para incitar al animal, éste arrancó con tanta fuerza y
velocidad, que le metió el cacho por la boca y la punta asomó un poco más abajo
del ojo derecho. De allí nació el remoquete de “El Ñato”. Era la primera de
sesenta y dos cornadas que recibió en los años siguientes. Victoria Ospino acababa
de morir en su casa en el mismo momento.
¿Coincidencia? ¿Realidad o ficción? ¿Acomodamiento de la
fecha para lograr la coincidencia? ¿Brujería y cosas del diablo? ¿Milagro
operado por fuerzas divinas? Quienes seguíamos en ese entonces con ojo crítico
la bárbara fiesta de las corralejas, no podemos omitir la coincidencia de la
primera cornada del “Ñato” Fidel Madera y la hora de la muerte de Victoria
Ospino. Viejo, con el cuerpo remendado como saco yuquero, apenas rememorando
sus aventuras placeras, sus trifulcas y el abandono y el olvido que los
“amantes y promotores” de las corralejas, y hasta las autoridades y la sociedad
le dan como premio a los manteros, el “Ñato” deambula de un lado a otro en los
alrededores del Seminario, al final del barrio La Granja y otros sectores
populares de la zona sur de Montería, por donde siempre fue el rey, ahora en su
nuevo papel de capotear a la muerte y antes que recibir la cornada final,
clavarle profundamente en el morro las banderillas que brindará a la memoria de
Victoria Ospino, su protectora.
LA REGALADA
Era uno de los sitios que sus
cavilaciones le habían señalado como adecuado para lo que pretendía hacer, a
sabiendas que ni su propia conciencia lo aceptaba. No pretendía mostrar valor,
coraje, decisión ni nada parecido, porque también podía presentarse como una
cobardía, una debilidad espiritual, una vacilación. Y volvía a enredarse en lo
que cualquier otra persona podría considerar una locura. Llevaba tanto tiempo
en lo que parecía una constante sístole y diástole, que al final tampoco
lograba saber qué era mejor: la vida o la muerte.
¿Qué era la vida? Mejor aún ¿qué era la
muerte? Entendía que entre la una y la otra, existía un algo indefinido del que
nadie hablaba. Surgimos de la nada y entramos a la nada. Un espacio igual al
que existe entre la A y la Z, entre Alfa y Omega, entre la verdad y la mentira,
el sol y la luna, entre un ojo y otro, de uno a otro orificio de la nariz, y
así, sucesivamente, la Creación estaba formada por una derecha y una izquierda
o un arriba y un abajo. Todo tenía una antítesis, o lo que es lo mismo, una
contraposición, un enfrentamiento natural.
¿Por qué no había un todo
definido, sin oposición, compacto, integral? No encontraba respuestas.
Definitivamente, Dios o la naturaleza o quien quiera que había creado el
universo, debió tener dudas al momento de hacer las cosas, porque no de otra
forma podía concebirse el pro y el contra. Se hace o no se hace, pero el error,
que podría ser el enlace, no tuvo cabida en su intención. Lo extraño, se dice, es que ese ente creador
introdujo en la mente de su obra máxima, el ser humano, lo que a él no le
asaltó: la indecisión, la duda, el suspenso. Fue directo a su trabajo, sin
vacilaciones, sin pretender cambiar a último momento, sin variar en su idea
primitiva.
Cuando salió entre las luces
del alba hacia el río, había decidido llegar y lanzarse a las aguas sin vacilaciones.
La hora adecuada, porque solamente los areneros, los que sacan de entre las
aguas los residuos sólidos para venderlo a los que construyen edificaciones y
uno que otro pescador madrugador, ocupaban sus respectivos sitios en las
albarradas. Si se daban cuenta sería tarde para tratar de evitar su muerte por
inmersión, especialmente en el sitio escogido, en donde los remolinos que se
forman en las orillas del caudaloso venero tomarían su cuerpo enjuto y lo
llevarían al fondo, en donde quedaría pegado al lecho dando vueltas y vendría a
despegarse cuando ya no habría ocasión ni acción alguna de reanimarla. Se
habría cumplido el sino inexorable de volver a la nada de donde había surgido.
El ser humano no vuelve al polvo ni se convierte en polvo ni es de polvo, como
aseguran los religiosos cuando dicen: polvo eres y en polvo te convertirás. Si
moría ahogada en el cantil de la treinta y seis, sacarían de allí su esqueleto
con algunos pingajos de carne podrida, pero de ninguna manera el polvo
religioso. Eso, si se daban cuenta, de lo contrario, sus restos darían vueltas
en el fondo hasta el fin de los tiempos.
LAS ORGANIZACIONES QUE SABEN DE TODO
En una ligera revisión de un certificado de la Secretaría de
Hacienda, respondiendo una solicitud del líder popular Juan Martínez, resalta
de qué manera se manejan en Sincelejo los dineros públicos. Una organización de
bailadores resultó digna de asesorar a la ONU, la OEA o cualquier organismo
internacional, de cómo dominar todas las áreas del saber. Es que parece que la
vida no es solamente bailar. Hay que enriquecerse a como dé lugar. Ritmo
Caliente, sus directivos, saben bailar fandangos y porros, pero al mismo tiempo
de cómo actuar detrás de bambalinas, cómo apoderarse del dinero público para
luminotécnica, capacitación popular, cómo cocinar un mondongo, preparación de
talleres sobre el desarrollo de la energía atómica, plantas nucleares,
exploración del cosmos, los modernos sistemas de elaboración de mazamorra de
maíz, etc.
Ni qué decir de la inversión, en una sola persona, de
cientos de millones de pesos para preparar la asistencia sincelejana al buen
éxito del festival vallenato. Será tan seria la cosa, que el beneficiado dijo
en una emisora local que tenía los documentos y suministró los nombres de quienes
recibieron millones de pesos porque sí, sin llenar más requisito que extender
la mano. Sin nombramiento, sin póliza de manejo y garantía, sin responsabilidad
posterior, el que recibió cuatrocientos millones de pesos anuales, en los dos
últimos años por lo menos, se convirtió en ordenador del gasto, en planificador
de proyectos y programas, en contralor, auditor y repartidor del erario
municipal ¿Y qué pasó con el ex asesor cultural elevado a la categoría de
secretario privado y alcalde frecuente, que no entregó la oficina a su sucesor
para evitar cuestionamientos? ¿Qué pasó con el ordenador del gasto? ¿Cómo hizo
el de Planeación para acomodar el despilfarro? ¿Por qué la Secretaria de
Hacienda guardó silencio y permitió que esto ocurriera? ¿Y el contralor, el
personero y demás entes de control? ¡Qué vaina, no vieron el poblado bigote que
así engañó a los sincelejanos!
=0=
El actual alcalde, al asumir las funciones denunció que le
entregaban un desbarajuste de proporciones, que la desorganización era la norma,
que no había podido recibir los informes de varias dependencias porque los
titulares se consideraban más alcalde que el saliente que, de paso, mantuvo a
un acordeonero casi que toda la mitad del período en el cargo mientras él
contaba el ganado. Jairete anunció que el quince de enero daría un informe
pormenorizado, pero se equiparó a sus antecesores: Mucho bla bla y prefirieron
archivar los déficits, las deudas, los compromisos y, claro está, el
despilfarro ¿Será que va a esperar el término de su mandato para que le paguen
el favor?
=0=
Qué pasaría con la investigación de una modesta campesina
sabanera que se llevaron para Bogotá y murió, misteriosamente a los dos días,
es una pregunta que fue archivada luego de una reunión en la que repartieron
cerca de cuarenta millones.
=0=
¿Qué harían con los contratos de una empresa y el municipio,
cuando al gerente de aquella fue nombrado en un alto cargo? Es decir,
contratante y contratista al mismo tiempo. ¡Qué felicidad!
=0=
En la campaña electoral se lanzó el cargo, pero todo mundo
se quedó callado cuando se recordó que una familiar del denunciante había
estado en la dependencia. ¿Se quitará Jairete el yugo de mantener a una
“filántropa” dirigiendo las actividades, mandando más que el titular y, sin
compromiso alguno, disponer los gastos de la dependencia? Necesariamente
recomendará qué contratos firmar y con quién. Y poco a poco, con maña y saliva,
ya es una de las mujeres más ricas de Sincelejo.
=0=
MI VIDA FUE UNA CANCION
¡Hola soledad!
No me extraña tu presencia
Casi siempre estás conmigo,
Te saluda un viejo amigo
Ven y calma mi dolor.
He notado, mejor, he comprobado, que a medida que se me
acaba el tiempo de estar en esta dimensión, la memoria se burla de mí, y me
pone, desde que despierto a cualquier hora de la madrugada o de la mañana, la
estrofa de una canción cualquiera que tarareé en mis años mozos o que bailé en
las fiestas familiares a las que se me permitía asistir, hasta que gané los
primeros billetes y monedas y me hice asiduo de los prostíbulos.
Y me paso el día con el mismo trozo que se vino a mi mente,
haga o no algún trabajo. Hasta hace pocos años abría las páginas del periódico
del día para leer el horóscopo y saber qué me deparaba el destino para las
veinticuatro horas siguientes. En ese entonces coleccionaba los horóscopos y
llegué a una conclusión: o mi madre se equivocó sobre el día de mi nacimiento o
también, por una mala jugada del destino, el lunes el vaticinio
correspondía y encajaba perfectamente con los sucesos, con las ocurrencias del domingo.
Los periódicos y las revistas especializadas estaban allí para demostrarlo. Y
decidí no seguir con el asunto, por carecer de gracia establecer que no había
vaticinio alguno sino confirmación de hechos y circunstancias. Eso lo sabía.
¿Para qué consultar lo que ya conocía? No tenía ninguna gracia.
Trato de dirigir mi atención a otras cosas, y nada. El
estribillo surge por sí solo, como si en el tocadiscos de mi masa encefálica el
disco se hubiera rayado y no pasara del mismo lugar. Hoy, por ejemplo, he
buscado en todas las formas imaginables dirigir mi atención a elucubrar sobre
las supuestas dimensiones de la vida del ser humano, y cuando me acerco a lo
esencial, se atraviesa Soledad con el sonido característico y armonioso de la
voz de Rolando La serie:
Yo soy un pájaro herido
Que llora solo en su nido
Porque no puede volar
Y por eso estoy contigo
Soledad yo tu amigo
Ven y vamos a charlar.
Si en verdad el hombre sale de la muerte, porque la muerte
es la nada, vive una temporada en este espacio y vuelve a la nada cuando muere,
pienso que debe haber algo allá en esa nada. No tendría objeto nacer para morir
sin esperanza ninguna. Algunas religiones hablan de la vida eterna, pero allá en
otro lugar del que hasta el momento nadie ha regresado. Cuando niño, leí en la
revista Selecciones del Reader Digest, un artículo en el que el autor aseguraba
que el único milagro obrado por los apóstoles, los compañeros de Jesús, fue el
de decidir, cansados de esperarlo al tercer día, pregonar que había resucitado.
Y cuánto trabajo les costó convencer a Tomás a sumarse a la patraña, porque
este se empecinaba que hasta no meter su dedo en las heridas del cuerpo del
Maestro, no podría asegurar que hubiera vuelto del más allá. Y según el
escritor, la decisión se tomó para no quedar mal ante la comunidad. Y se regó
que el crucificado había vuelto después de tres días de permanecer en el
infierno, que de paso no tenía justificación si se recuerda que El Eterno, El
Todopoderoso, El Omnipotente, El Omnisapiente, había creado todo, y por lo
tanto el infierno, si es verdad que existe, está sujeto a sus caprichos.
Recientemente un papa dijo desde Roma que el infierno no existe. Ni el
Purgatorio, y, por lo tanto, ni el cielo. No se le puso mucha atención, a pesar
de que la merecía, al asunto. La gente de hoy no vive para establecer milagros
ni santidades, sino para gozar la vida a como dé lugar. Parece que todos
estamos convencidos de que después de esta, no hay otra vida y, en
consecuencia, lo mejor es gozar hasta el máximo los deleites que podemos
alcanzar. Pero no. Pensamos que la craneada creación, debió tener en cuenta
esos aspectos, y que no es Dios el arquitecto de universidades a distancia,
como para caer en errores de esa índole. Algo debe haber allá, en alguna parte,
en donde caeremos inmediatamente salgamos de esta dimensión. Y por muy infinita
que sea la bondad del Creador, los que anticipan la muerte de sus similares, no
pueden ir a gozar de las mismas prebendas.
Es innegable que muchos que alcanzaron el título de santos,
santas y vírgenes, merecieron viajar al infierno y no al cielo. Asesinos
intelectuales, asesinos directos, auspiciadores de la violencia, soldados
profesionales que en el ejercicio de sus funciones mataron a sus semejantes,
fueron declarados santos. Y como para justificar en algo la cuestión, le dieron
a Dios el calificativo de Dios de los ejércitos, como si él tuviera la
necesidad de los violentos para reinar sobre lo que creó. Y los judíos, ávidos
de acaparar las tierras ajenas, las tierras cultivadas por otros pueblos
crearon a Jehová, convirtiéndolo en un dios de muerte, de venganza, injusto,
avaricioso, pretencioso, abusador de su poder y, lo peor, obligando a sus
seguidores a violar la misma ley que instauró. Por ello en las páginas sagradas
pululan las negativas del ser maternal, el incesto con las hijas, hermanas y
otras parientas, la sodomía, la venta de hermanos para que se cumpliera su
palabra en el futuro, y, en fin, abusos de toda naturaleza. A la mujer, sin
cuyo concurso no habría podido el hombre multiplicar la especie, es tratada
como un trasto inútil, sin importancia, como objeto del que se puede hacer uso
cuando le venga en gana, pero eso sí, para su uso exclusivo. El hombre asiático
puede tener tantas mujeres como quiera, pero la mujer peca hasta con la mirada
y se le castiga fuertemente. Y en eso del dios de los ejércitos, son los
representantes de él en la tierra, los sacerdotes y los pastores de todo pelo y
concepción, como sucede en nuestro país, antes que cumplir al pie de la letra
las enseñanzas de Jesús el Cristo, pugnan para que los que protestan sean
muertos. El perdón no lo conciben, si con ello se rompen las líneas que les
permite estar al lado de los poderosos, de los que les pagan las canonjías.
COSAS DEL MUNDO SALVAJE
El siguiente escrito lo
encontramos tirado en la plaza Olaya Herrera, que pensamos debió salirse de
algún portafolio. Pese a no compartir ni la fiesta de corraleja ni el escrito,
lo damos a conocer para los que son amantes de las tradiciones sabaneras.
SOCIEDAD EN COMANDITA AMIGOS GANADEROS EN SUCRE
SECAGAENSUCRE
Se permite poner en
consideración de los sucreños, el siguiente proyecto de ley, que persigue
humanizar las fiestas de corralejas en este departamento, evitar los actos
violentos y las protestas y acusaciones contra los organizadores, los animales
y los manteros, garrocheros, banderilleros, enlazadores, etc., que manejan el
espectáculo en rememoración de sus antepasados. Igualmente, para establecer
drásticas penas a quienes violan las leyes de tratamiento de los animales
lanzándoles botellas, palos, trapos encendidos etc., por cuanto en cumplimiento
de las normas legales vigentes, cuya atención corre a cargo de las sociedades
defensoras de animales, tales ocurrencias son sumamente graves y juzgadas
conforme a las disposiciones contenidas en el Código Penal Especial.
Los siguientes son los
apartes más importantes, del proyecto que será presentado de manera unánime por
los parlamentarios del departamento —
libres, enjuiciados o condenados —
para que sea adoptado por el Congreso y sancionado y puesto en vigencia
por el gobierno nacional, antes del mes de octubre del próximo año, que permita
aplicarlo desde diciembre en adelante.
ARTÍCULO 1. Declárese,
conforme a lo dispuesto por la UNO, a las fiestas del 20 de enero como patrimonio
cultural de la humanidad y al mismo tiempo, para que sirva de ejemplo de
desarrollo y progreso de los pueblos sensatos del mundo, y el medio más
apropiado para incentivar el desarrollo mental, intelectual y artístico de las
zonas en donde se lleven a cabo, pero de manera muy especial la ciudad de
Chinchelejo.
ARTÍCULO 2. Las fiestas del
20 de enero deberán iniciarse el día 8 de diciembre, con celebraciones culturales,
dándole énfasis al Reinado Popular y a los Reinados nacionales del Fandango,
del 20 de enero y del Suero Atolla Buey. Queda prohibida la intervención en los
actos públicos que se programen de conjuntos cursis de pito de flauta y de
bandas de viento, y en general, de agrupaciones musicales y de música que no
sea vallenata, por ser ésta la música de mayor aporte al desarrollo de la
cultura y las artes en el país, pero con mayor énfasis en la Sabana. Las
fiestas terminan el día 31 de enero, y en el lapso ya señalado, quedan
automáticamente cerradas todas las oficinas públicas.
ARTICULO 3. El alcalde de
turno organizará tomas de la ciudad en el lapso de las fiestas, de motos,
camiones, buses, busetas, tractomulas, tractores, buldózeres, y de ser posible,
de aviones. Al mismo tiempo, para que desde tales vehículos se adelanten en la
corraleja las faenas con los toros bravos, de manera gradual, hasta que las
gentes se habitúen al cambio paulatino. Con esta medida, se erradicará la
presencia de patojos que, con sus malos olores corporales, saturan las
delicadas fosas nasales de nuestros terratenientes, ganaderos, autoridades,
dirigentes políticos, primeras, segundas y terceras damas, reinas de todos los
colores, olores y sabores, así como de los millones de turistas que visitan a
Chinchelejo con ocasión de las fiestas.
ARTÍCULO 4: Como es
tradicional, en el mes de octubre el alcalde designará, entre sus familiares y
amigos de mayor confianza, la junta organizadora de las fiestas. Tal junta no
podrá tener más de cinco miembros, así: presidente, vicepresidente, secretario,
tesorero y administrador de la corraleja. No es necesario un fiscal, por cuanto
la tradición señala la buena voluntad y la pulcritud de los que hasta el
momento han estado en el manejo de las fiestas, además de ser un espectáculo de
carácter privado que quedará exento de rendir cuentas de los dineros que reciba
del municipio, el departamento, la nación y los dólares que aportarán
organismos internacionales. A su vez, la junta designará a los organizadores de
los certámenes colaterales.
PARÁGRAFO: La designación
para miembro de la junta o de organizaciones colaterales, será de forzosa
aceptación y quien se niegue, podrá ser enjuiciado criminalmente.
ARTÍCULO 5. Entre la UNO a
través de ONICEF y ONESCO, los gobiernos nacional, departamental y municipal,
deberán aportar anualmente la suma de Cien millones de dólares, para garantizar
el éxito de la fiesta.
PARÁGRAFO: Del fondo
monetario señalado, se atenderán los siguientes gastos:
a). Pago de cincuenta
millones de pesos al ganadero del día por cada toro que salga al ruedo de la
corraleja. El total del encierro será de mínimo cuarenta y máximo cincuenta
animales.
b). Ningún toro podrá
permanecer menos de dos minutos ni más de diez minutos en el redondel, para
evitarle traumatismos sicológicos, conforme a las instrucciones emanadas de la
Sociedad Protectora de Animales.
c). Para el cumplimiento de
lo anterior, el ganadero del día dispondrá de tres vaqueros con lazos.
Inmediatamente caiga un lazo sobre el animal, ningún mantero, banderillero,
garrochero o “rejoneador” deberá acosar a la bestia, so pena de enjuiciamiento
criminal por atormentar al toro, que merece todo el respeto ciudadano.
d). Quienes de los
mencionados resulte herido por acosar un toro enlazado, atenderá lo referente a
la limpieza de los cachos y de la piel del animal, en donde haya caído sangre
plebeya.
e). Si uno de los mismos
resulta muerto por las circunstancias anotadas, su familia tendrá que atender
los mismos gastos, además de pagar un acto religioso concelebrado con
sacerdotes y pastores de todas las iglesias y sectas que existan en la zona,
para depurar el alma del animal.
f). Si un toro resulta
herido o muerto, la junta organizadora reconocerá al propietario la suma de Cien
millones de pesos por las heridas o quinientos millones de pesos por su muerte.
g). Pago de un premio de
quinientos millones de pesos al propietario del toro que adorne el redondel de
la corraleja con las tripas de caballos. El valor señalado será reconocido por
cada caballo corneado. Para alcanzar este sagrado y humanitario fin, se deroga
el decreto del Marqués de Estella, general y político de nuestra madre patria,
España, Miguel Primo de Rivera, quien en su condición de jefe del gobierno
dispuso entre los años 1925 y 1929, colocar una especie de colcha para proteger
el vientre de los caballos, lo cual desluce el espectáculo. Es sobrentendido
que el propietario del caballo no podrá hacer reclamos de ninguna índole por la
pérdida sufrida.
h). Al finalizar la fiesta
se le hará un reconocimiento especial al animal que haya matado más caballos, y
al propietario se le recompensará con la suma de $1.000.000.000, en
reconocimiento al sano y cultural propósito de enfatizar la cultura y como
ejemplo para las generaciones venideras.
i). El fondo formado por los
aportes de las entidades señaladas deberá agotarse completamente, pero si
llegare a quedar algún remanente, éste será repartido equitativamente entre los
cinco miembros de la junta organizadora, sin tener en cuenta el monto, con el
objeto de premiar la desinteresada tarea en el cometido que les fue encargado.
ARTICULO 6. Ni la UNO, ni la
Nación, ni el Departamento, ni el Municipio ni la Junta Organizadora, tendrán
responsabilidad alguna por las heridas y muertes causadas por los toros. Los
que resulten víctimas serán sometidos a lo dispuesto en los acápites d) y e)
del parágrafo del artículo que antecede.
PARAGRAFO 1: Ninguna persona
que resulte muerta en el redondel o en los actos públicos durante las fiestas,
será sepultada en camposanto, de acuerdo con las tradiciones. Los cuerpos, en
ceremonia que deberá ser presidida por el Procurador, el Fiscal, el Defensor
del Pueblo y un magistrado de cada una de las cortes, un representante de la
curia, así como el Notario de turno, serán arrojados en el basurero local, por
cuanto nadie los mandó a meterse en la corraleja respectiva. Todo esto de
acuerdo con la bula expedida por su santidad el papa Pío V, el día 20 de
noviembre de 1567, que niega sepultura en camposanto a los que son muertos por
toros, ya que su Santidad Pío V consideraba más importante al toro y más digno
de honores funerales, que a un vulgar torero. Como adehala se les excomulga de
la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana y ningún miembro del clero
que explote el negocio de funerarias o de hornos crematorios, podrá omitir el
cumplimiento de la sagrada medida, aún vigente.
PARAGRAFO 2: Los animales
que durante las faenas maten a uno del vulgo en el ruedo, serán homenajeados a
la par con sus propietarios, por las autoridades en acto público que tendrá
lugar el día 31 de enero, como cierre de las fiestas. Para el efecto, se le
entregará al ganadero una placa de plata para él y una de oro de 18 quilates
para el toro.
PARAGRAFO 3: El municipio
respectivo creará un Museo Cultural en donde se exhibirán para la eternidad la
cabeza del animal reverenciado, después de muerto, y una fotografía grande del
ganadero propietario, como ejemplo para las generaciones futuras y alabanza de
quienes forjaron la intelectualidad y el desarrollo cultural de la zona.
ARTICULO 7: Con el propósito
de modernizar las fiestas, queda totalmente prohibido el uso de abarcas tres
puntá o similares, sombrero vueltiao y toallas. El atuendo deberá componerse de
jeans, botas vaqueras, camisa de flecos, poncho o ruana y sombrero aguadeño,
por cuanto son tales elementos los indicados para los nativos de la región, que
se compaginan así con los nativos del Virreinato de la Plaza de Berrío, ejemplo
de pulcritud, desarrollo y progreso”.
Hasta aquí lo más
importante. SECAGAENSUCRE, teniendo en cuenta la trascendencia del proyecto y
entendiendo la índole pacifista de los padres de la patria, entre los que
destacan valerosas y enaltecedoras figuras de la inteligencia, considera que no
habrá oposición alguna al proyecto. Pese a ello, ha obtenido la promesa formal
de reconocidos miembros de la oratoria internacional, para defenderlo.
Igualmente ha recibido la oferta del diputado Demóstenes, la máxima figura de
la intelectualidad ganadera, reconocido nacional e internacionalmente como el
orador más insigne de Chinchelejo, que con sus posgrados y maestrías en
ordeñador de vacas, chofer y mandadero es una carta segura para el
asesoramiento de los padres de la patria. en los debates en el congreso”.
¿QUÉ FUE LO QUE SE PERDIÓ?
Las últimas decisiones de las Cortes y de la Procuraduría,
que afectan a la representación sucreña en el Congreso, fueron recibidas por un
número considerable de ciudadanos como apropiadas y ejemplarizantes, para ver
si así los electores se preocupan por mirar hacia otro lado que no sea la
oferta de unos billetes que si acaso alcanzan para la comida de una semana.
Otros se rasgan las vestiduras porque solamente a Sucre se
le está dando el tratamiento de perro con mal de rabia, pero son tan ciegos y
tan sordos, que ignoran, adrede, los mismos casos de otras latitudes del país.
Para esto hay dos caminos. Aceptar que el todopoderoso loquito colombiano, en
unión con senadores antioqueños, decidieron durante una reunión celebrada en un
establecimiento de Coveñas, que como los parlamentarios de Sucre eran tan
ignorantes, obtusos y ciegos porque solamente ven los problemas de sus propias
familias y se esmeran por mantener a sus hijos en los ministerios y las
embajadas, había que destruirlos políticamente para que los paisas reinaran. Se
dio el primer paso con la intervención del señor Guerra que, por llevar un
apellido conocido en la política de este departamento, podía camuflarse. O el
otro caso: Que tanto tiempo los mismos ignorantes con las mismas ignorancias
debían producir un fenómeno y lo consiguieron. Ante su inutilidad, es mejor
mantenerlos en las cárceles, enjuiciados, anatematizados y fuera de la
política. Lamentablemente, recurren a sus hijos y nietos, porque la clase
política de aquí no sabe otra cosa que raspar las arcas oficiales para llevarse
hasta el polvo. Por eso aspiran los abuelos, los nietos, los hijos, las esposas
y los esposos.
Campantemente se dice que Sucre perdió con las decisiones
judiciales. Pero a ojo de buen cubero, desapasionadamente, nos debemos
preguntar: ¿Qué fue lo que perdió Sucre? Poniéndose la mano sobre el corazón,
juiciosa y sinceramente, debemos responder que este Departamento no ha perdido
nada con varios gobernadores sub judice, con sus parlamentarios que ya pagaron
condena, que pagan condenas y que se aprestan a pagarlas, diputados y
concejales también condenados y prácticamente todos los supuestos dirigentes de
la política listos a enrolarse en el batallón de la inmoralidad. ¿Fue esa
condición de irregularidades administrativas, de robos a los erarios, del
nepotismo, del compadrazgo, de los contratos dolosos, lo que perdió? Si así es,
debemos sentirnos alegres los ciudadanos de esta zona del país. No perdimos,
ganamos. Ganamos la posibilidad de que se acabe el gamonalismo, que
desaparezcan los grupitos de nobleza criminal en los que la torta se la reparten
dentro de la misma familia, y, quizás lo mejor: Que la petulancia cese en los
asuntos oficiales. No perdimos nada porque todo estaba perdido.
Además: Ganamos. Ganamos al recalcar, al resaltar que los
niños bonitos de los dos o tres barrios elegantes de Sincelejo no sirven ni
siquiera para poner, y pedimos perdón a los que tomamos como ejemplo, una
carretilla invadiendo el espacio público para vender tomates, cebollas y ajíes.
No son más que petulantes, mimados, complacientes consigo mismo. Y todo un pueblo
no debe permitir que unos pocos le coloquen el yugo.
RAMON GENES. SEGUNDA PARTE
Nos habíamos reunido gran parte de la familia para en
conjunto, recibir el nuevo año, y en las primeras horas de la madrugada del
primer día del nuevo año, hacer un alto y dirigir mentalmente una oración por
el eterno descanso del alma de mama, y si en verdad hay otra vida en una
dimensión diferente a la nuestra, rogarle al Todopoderoso que el alma de la
vieja, junto con la del viejo que había emprendido el camino cuarenta años
antes de ella, se uniera con él y los hijos y los abuelos. Por razones que no
son dable ocuparse de ellas en estas notas, cada uno de nosotros es convencido
de que sí, de que papá, mamá, nuestros hermanos, nuestros tíos, abuelos y
bisabuelos, “viven” en otro lugar que no alcanzamos a comprender.
Y fue ella, mamá, que durante los colapsos de la enfermedad
que la mantuvieron en estado de coma por varias horas y en diferentes
ocasiones, las que nos corroboró que había llegado hasta ellos, se vio obligada
a regresar para esperar el día y hora fijados por la divinidad y apenas se
equivocó por tres horas, del día, el mes, el año y la hora de su propia muerte,
que había anunciado unos cuatro años antes.
En el viaje de retorno de cada hermano a su lugar de
residencia, mi hermano, el tercero en la línea de nacimientos, me dijo,
mientras conducía su vehículo:
—Eres un cobarde, hermano. No me cansaré de decírtelo
siempre que se presente la ocasión. Teniendo a ese hijo de puta en tus manos,
habiéndote enviado tu jefe a matarlo en pago de sus afrentas a la vieja, y no
los mandaste al otro mundo, es una muestra de que eres cobarde. Tenías las
armas oficiales en tus manos, tenías la justificación para sacarlo de su casa y
matarlo metros más allá con la excusa de que había intentado huir de la acción
de la justicia, es decir, tenías todo a tu favor y desaprovechaste el momento.
¡Cobarde! Perdona que te lo diga, pero eso eres.
No era la primera vez que mi hermano, en ocasiones con un
algo de disgusto, como de frustración, me endilgaba el insulto ¡Cobarde! La
palabra me había golpeado en lo más profundo no sólo en el instante en que las
recibí, sino días, meses, años después, cuando volvían los recuerdos de una
vida que he tratado de vivir como hombre honesto, honrado, serio, y, en fin,
como buen ciudadano a la manera en que en estas calendas se ven las cosas.
Papá fue, en gran medida, el espejo en que los cinco
primeros hijos nos miramos, incluso, hasta después de su temprano
fallecimiento. De carácter, de comportamiento, lo imitamos en todo. Jamás lo
olvidamos, lo que no ocurrió con los otros diez, que por quedar huérfanos y de
poca edad, no alcanzaron a tratarlo. Los primeros cinco sí. Lo seguíamos en
todo, menos verlo, muy ocasionalmente, por cierto, dirigirse por las calles del
pueblo conduciendo una bicicleta de la que se baja, borracho, para colocarla en
su sitio y dirigirse a la cama a dormir. Ni un gesto, ni una palabra, en
silencio, a olvidar los sinsabores de su vida, que fueron muchos y que sólo
paliaba gracias al amor de mamá, que lo quiso hasta el último instante de vida,
cuando pidió que la sentaran en la camilla para morir sentada y viendo a su
hombre, al que le decía: Ya voy Jose (sin tilde), sé que estoy atrasada, pero
ya estoy lista para llegar a ti.
DATOS RELIGIOSOS PARA DOS AMIGOS QUE NO QUIEREN CREER
Er y Onán fueron hermanos. Er se casó con Tamar, pero su comportamiento encendió la ira de Jehová:
GÉNESIS, Cap. 38, Vers. 7: “… resultó malo a los ojos de Jehová; por lo que Jehová le dio muerte. 8- En vista de esto, Judá le dijo a Onán: ten relaciones con la esposa de tu hermano…”.
Onán, sin embargo, y como ya lo sabemos, prefirió a su “maría manuela” y derramaba el yogurt sobre la tierra, por lo que Jehová le dio el tatequieto. La Tamar, que parece que fue muy casco ligero, no conseguía un tercer marido y ante la urgencia de aceite para engrasar la gruta, se las ingenió para salirle en el camino, disfrazada, a Judá, tan beatífico él que apenas la vio dijo: esta es puta, la llamó le ordenó que se fueran a un lado del camino para una charla de miones. Tamar dijo que sí, pero como Judá no llevaba, como todo rico que se respete, dinero en los bolsillos, le prometió una cabrita, y ella le exigió garantías, las cuales le entregó.
Tamar quedó preñada de quien a ella le gustaba, Judá, sin recordar que ya le había hecho matar dos hijos. Las niñas Tulia del pueblo formaron el escándalo y Judá, el jefe, mandó a buscar a la que todos consideraban una prostituta, pero ella le mostró los objetos de la fianza por el polvo santo que con él había echado y Judá se hizo el vende miel y no aplicó la ley:
DEUTERONOMIO, Cap. 23, Vers. 17: “Ninguna de las hijas de Israel puede hacerse prostituta”, ni mucho menos la sentencia:
LEVITICO, Cap. 20, Vers. 12: “Si alguno pecare con su nuera, mueran ambos a dos, porque han cometido un gran crimen; caiga su sangre sobre ellos”. Pero Jehová, como cualquier juez o fiscal colombiano, se hizo el ciego, el sordo y el mudo y dejó a Judá sin castigar, como si hubiera sido un Uribe de entonces.
El otro aspecto, se refiere a las veleidades davídicas. Pero la Biblia es clara:
I SAMUEL, Cap.18, Vers. 1: “Al punto que David acabó de hablar (¿de qué?) con Saúl, el alma de Jonatás se unió estrechamente con el alma de David; y amole Jonatás como a su propia vida. 2 Desde aquel día quiso Saúl tenerle (a David) siempre consigo y no le permitió volverse a casa de su padre”.
Saúl no sabía lo que acontecía a sus espaldas, pero David sí. ¡De lo que se estaba perdiendo el muchachito!
II SAMUEL, Cap. 1, Vers. 26: “¡Oh hermano mío Jonatás! Gallardo sobremanera y digno de ser amado más que la más amable doncella, yo lloro por ti”.
Jonatás lo calzó bien, porque cuando no estaba, el tierno David lloraba a moco tendido por “su amado”. Pero la rara y muy melosa amistad de David con Jonatás, que Saúl toleró en el comienzo, cuando vio que estaba perdiendo un buen tarro de talco, lo llenó de ira y, como cualquier marido celoso, estalló:
I SAMUEL, Cap.20, Vers. 30: “Saúl, empero, indignado contra Jonatás, le dijo: ¡Hijo de prostituta! ¡Hijo desamorado y perverso! Piensas que yo ignoro el amor que tienes al hijo de Isaí, para confusión tuya e ignominia de tu envilecida madre”.
Y lo expulsó de la casa, para que no le tocara su pozo de la dicha. Pero Jonatás y David, como todos los amantes que en la historia han sido, se dieron las mañas y siguieron viéndose en secreto, porque la atracción era irresistible tanto para la tuerca como para el tornillo.
“Vers. 41: “… salió David del sitio en que estaba, que miraba al mediodía, e hizo por tres veces una profunda reverencia a Jonatás, postrándose hasta el suelo; y besándose el uno al otro, lloraron juntos, pero David mucho más”.
Qué Romeo y Julieta, qué Tristán e Isolda, ni qué nada. Aquí hay más ternura que en ninguna otra parte, real o novelada. Pero sobre todo resaltan los lloros de David. Y Jehová condenaba y castigaba con la pena de muerte a los floripondios, pero ignoró a los dos muchachitos, taponándole el conducto a David que llegó a ser un asesino y terror de los esposos judíos que tenían mujeres bonitas. Y para pagarle al primero y único ex marica de la historia, le dio con la adúltera Betsabé, la esposa de Urías, el hijo que fue el más sabio de esos tiempos: Salomón. Que, si su padre tuvo mil amantes él, cosas de la sabiduría, llegó a diez mil y faltaron datos de las campañas electorales en sitios lejanos.
Las prostitutas, que en tiempos no muy lejanos llamaban en las cortes europeas “Cortesanas”, y que ahora o son reinas o modelos, siempre han tenido, gracias al sudor de las entrepiernas, el privilegio de enredar a los que tienen el mando. Debe ser el tufillo que como un imán los atrae. Los judíos no fueron exentos de la cuestión, y aparecen en la Biblia como cosa de mucho valor, porque cortaron cabezas de los generales ganadores y otras cosillas. Como en el caso de la toma de Jericó.
JOSUÉ, Cap. 2, Vers. 1: “Entretanto, Josué hijo de Nun, había enviado secretamente desde Selim dos hombres por exploradores diciéndoles: ¡Id y reconoced bien el terreno y la ciudad de Jericó! Los cuales, partiendo del campamento, llegaron a Jericó y entraron en casa de una mujer pública, llamada Raab y se hospedaron en ella”.
La misión justificaba el que no buscaran un hotel, ni pensión, sino un cabaret y ¡chupundun!, a donde la hermosa Raab. ¿Recuerdan a Sandra, Blanca Cochero y demás en la zona de tolerancia de Argelia? ¿o Rosalba Hernández, Zila Ramos, la Negra Janda o Aminta Beter en Montería? Y los dos espías se dieron unos festines y lograron la información que requerían, volvieron donde Josué, se los entregaron, y abogaron por Raab. Tal vez siguiendo las orientaciones divinas de Jehová “porque nada ocurre en la tierra sin la voluntad de Jehová”.
Las trompetas rompieron las murallas, los judíos se metieron, acabaron — como era costumbre y por orden directa de Jehová a los jefes — hasta con los gusarapos de las cisternas. La única que quedó viva fue Raab, que se fue a vivir con los judíos y a continuar prestando sus buenos y agradables servicios.
La versión católica de la Biblia dice: “Raab casó después con Salmón, de la tribu de Judá, de quien descendió David y de éste, El Mesías”.
Lo corroboran el Cap. 1 del evangelio de San Mateo y el Cap. 3 del evangelio de San Lucas, cuando mencionan y confirman a Salmón y Raab en el árbol genealógico de Jesús.
Sigan diciendo que Davicito no fue, y les va a pasar como al que demandó al vecino porque lo estaba calumniando y luego de toda una mañana y el resto del pueblo esperando en la plaza, salió y al preguntarle en qué había quedado, dijo: ¡Ajá! ¿En qué va a quedar? En que soy marica. O el de los maricas arrestados por escándalo y ya en el despacho del alcalde, éste les pregunta: Bueno, ¿y ustedes qué son? Verá, señor alcalde, nosotras semos. El alcalde: Semos no, somos. El vocero: Hay señor alcalde, nosotras teníamos una sospecha, pero usted nos acaba de confirmar que es también como nosotras.
Sigan diciendo que Davicito no fue manito partida y machete de dos filos. Esto es lo mismo que hoy, que algunos se meten en el escaparate, pero apenas tienen ocasión salen a pavonearse.
Amigo,
El conductor del túnel del tiempo.
Favor entregar a:
CARLOS JOSE MARIN CALDERIN
EL MERIDIANO CULTURAL
Montería
HASTA QUE LO ALCANZO LA PARCA
Salvador Córdoba Marulanda se mantuvo a las
carreras durante su larga vida, pero la muerte, esa que, al no encontrar a
“Cocoliso” se llevó a “Cocopelado”, al fin lo alcanzó. Tal vez porque ya estaba
agotado por los años y de tanto ir de un lado a otro y mantenerse – hiperactivo
sin parangón – siempre en movimiento.
Apenas teníamos seis años, recientemente cumplimos
sesenta más, cuando una mañana en que nos dirigíamos al mercado escuchamos que
alguien nos llamaba con insistencia. Era un “cachaco” que nos hacía señas para
que nos acercáramos a una vieja casa de tablas y techo de zinc que está en la
esquina de la calle 36 con carrera segunda, a la que ni siquiera mirábamos por
miedo a que el viejo Aníbal Thevening, que un año antes nos sacó en una misma
mañana ocho dientes y cuatro colmillos hasta que por fin dio con la pieza que
nos dolía, no nos fuera a sacar el resto. Respetuosos de los mayores como nos
enseñaron en la casa, atendimos el llamado. El cachaco nos informó que desde
ese día abría las puertas de su peluquería y barbería, así como de otros
frentes de negocios, entre los que nos llenó de interés la venta de tiras
cómicas nuevas y viejas, el préstamo de las mismas para leerlas allí mismo y la
compra de las que ya a los muchachos no nos servían.
Desde ese día Salvador Córdoba Marulanda conquistó
nuestra atención y su expendio se convirtió en la sala de lectura de numerosos
muchachos de Montería Moderna, y además fue por años nuestro peluquero
preferido y nuestro proveedor de tiras cómicas como las de Juan Toro y sus
muchachos, Jim Colt, Los Halcones Negros, El Zorro, El Fantasma, Mandrake el
Mago, El Príncipe Valiente y muchas otras que se nos pierden en la memoria y
que nos forzaron a conocer las palabras – antes que las letras– para enterarnos
de los diálogos de los personajes.
Pocos saben, sin embargo, las peripecias de ser
cliente de motiladas y rasuradas de Salvador. Testigo sin quererlo, y pese a la
corta edad, quizás ya nos impelía la vocación periodística como para ver, oír y
grabar en la mente los acontecimientos en la vieja casa de zinc, nos reíamos
interiormente de los que llegaban a que los afeitara el cachaco. Jamás dijo que
no, nunca solicitó una espera. A todos corría a prestarles atención. Sentaba a
la víctima en la silla, le enrollaba una sábana y encima una pequeña toalla,
con una brocha le empataba la cara de crema y hablando de todo un poco, porque
fue conversador incansable, imparable e incomparable, pasaba la navaja por un
lado del rostro. Si llegaba un muchacho a solicitar el alquiler de una revista
de tiras cómicas, abandonaba la afeitada y extendía sobre el mostrador las
últimas revistas que le habían llegado y no lo dejaba hasta que el muchacho
escogía. Si al mismo momento se presentaba alguien a comprar azúcar, café,
arroz u otros artículos de la tienda, allá se trasladaba. Y el de la afeitada
esperando porque apenas tenía media cara rasurada. Sólo dos aspectos de su
negocio le quitaban más tiempo y obligaban a la protesta del cliente de la
peluquería: la compra y venta de discos, porque requería escuchar la música,
establecer las condiciones del disco que entonces eran de acetato y de 78 RPM,
y discutir el precio, y la academia de baile. Porque también y al mismo tiempo,
enseñaba a bailar tango, valses, pasillos, polkas, mazurcas, boleros, corridos
y joropos. Salvador sí que le hizo honores a los de su raza, que en aquellos
tiempos no se varaban en ninguna parte. Recursivo y hablador, limaba asperezas
con el de la afeitada que al final salía bien presentado de la barbería y no
obstante las peripecias, regresaba a donde el cachaco.
Los domingos en la tarde, Córdoba montaba su
“caballito de acero” y salía a rodar por las entonces arenosas calles de
Montería, cuando no era como la bautizó más tarde José Luis Garcés, San
Jerónimo de los Charcos. Y fue tal vez uno de los animadores, con el otro
cachaco, el cabo Castillo de la policía, de las primeras competencias de
ciclismo de la hoy capital de Córdoba. Competencias que se hacían sobre una
Bianchi Milano, una Raleigh o una Hércules. Y se debía ser un Hércules para no
sólo competir sino mover una de estas pesadas bicicletas, conocidas después
como de turismo, hasta que empezaron a llegar las Monark, algo más livianas y
junto con Salvador y el Cabo Castillo sobresalieron Soto, Efraín Hernández,
Efraín Jiménez y otros ciclistas más que le dieron gloria al Sinú.
Las vueltas de la vida nos llevaron lejos de la
tierra y perdimos los contactos. Sin embargo, Salvador Córdoba tropezó con
nosotros en Bucaramanga, Cúcuta, Pereira, Manizales, Neiva y otras ciudades,
representando a Córdoba como monitor o como entrenador de ciclismo y luego de
atletismo, confirmándonos que si hubiera sido necesario enseñar boxeo –durante
años fue el Time Kiper del coliseo de tablas levantado en donde hoy se yergue el
Ley central y controlador de los asaltos
de las inolvidables peleas que allí se protagonizaron– lucha libre, artes
marciales, él habría asimilado los conocimientos necesarios para cumplir su
tarea. Jamás se corrió ante los retos y siempre preparaba meses antes sus
actuaciones deportivas.
Acostumbrados como estamos a leer todos los
domingos El Meridiano de Córdoba, tropezamos con que el día antes había sido
conducido al cementerio, calmado y en calma, el cuerpo del cachaco amigo que se
convirtió en más monteriano que los monterianos, porque desde que llegó no
volvió a irse de la tierra. Conocía a todos y todos lo conocían. Todas las
vespertinas, como las golondrinas que se apoderan de los alambrados, Salvador
Córdoba se apoderaba de las calles de la aldea a la que llegó sesenta años
atrás y que se le fue convirtiendo en una urbe que hoy enorgullece a nativos y
visitantes, para trotar y mantenerse en buen estado físico para la siguiente
competencia. Tal vez no se sorprendió nunca con los cambios urbanísticos de
Montería.
Se fue el amigo y los muchachos ya no tendrán a quién llamar “Pito Ronco”.
Ojalá que los monterianos no lo olvidemos y le hagamos pronto el reconocimiento
que se ganó en una lucha permanente por hacer de la Capital de Córdoba el
bastión del atletismo colombiano. Que descanse en paz el cachaco monteriano.
SINCELEJO:
UNA PROVINCIA VALLENATA EN LA SIERRA FLOR
El título de esta nota puede considerarse como un insulto
por algunos pocos que aún aman a su solar nativo, por permitir a los que “adoran”
lo vallenato ufanarse de ello y sacar pecho orgullosamente. Sin embargo, para
unos y para otros es inocultable que refleja la realidad del momento. Unos, los
primeros, disminuyen día a día, los otros aumentan como consecuencia de una
incultura acendrada y progresiva, porque hemos perdido, utilizando la extraña
frase de moda, “el sentido de pertenencia”.
Es obvio que cuando se ignora el patrimonio que es para cada
ser humano el solar nativo, no puede exigirse pertenencia alguna. La pérdida es
innata, porque en el seno del hogar no nos enseñaron y en la escuela, el
colegio o la universidad tampoco y lo que se ve es lo que se aprende. Y
nuestros valores se perdieron hace mucho.
El orgullo sabanero estaba representado en varias cosas que
ya pasaron al olvido y ni siquiera históricamente hay quien se haya preocupado
del asunto. El sabanero cultivó, al margen de lo ocurrido antes de la llegada
de los predadores que supuestamente nos “descubrieron”, la tierra de una
extensa zona representada por lo que se llamó El Bolívar Grande. Fue el que se
internó por las selvas, las abrió y entregó a los que comenzaron a trabajarlas,
hoy despojados por unos pocos que crearon, alentaron y prohijaron a grupos
violentos disfrazados unos como guerrilleros o terroristas, otros como
defensores de lo ajeno que a la larga cometieron y siguen cometiendo crímenes
atroces, y no pocos miembros de la fuerza pública en donde resalta
sangrientamente lo que se denomina “falsos positivos”.
El sabanero acogió como suyas labores de los zenúes como las
abarcas tres puntá, el sombrero “vueltiao”, el pellón, la hamaca y otros
elementos. Hoy, la mochila se ve por todo el mundo; el sombrero “vueltiao” fue
declarado patrimonio de la humanidad y ha adornado la testa de pontífices,
reyes, príncipes y jefes de Estado, deportistas, artistas, etc. El sabanero
olvidó estas cosas y en los espectáculos públicos prefiere los zamarros
españoles, los zapatos, el sombrero aguadeño, el poncho paisa y despotrica y
califica de mal ejemplo a quien se atreve a usar abarcas.
Ni que hablar de la música. Se enorgullecía de sus porros,
fandangos, cumbias, mapalés, etc. Esa amplia gama musical fue relegada al
cuarto de San Alejo, para que impere la música de otra zona del país, que lo
único que la identifica con el sabanero es que se encuentra en un territorio
llamado “costeño”. Y de un momento a otro, muchos prefieren las porquerías que
un “ídolo” drogadicto lanza por los micrófonos antes que escuchar cualquier otro
tipo de música. Se tildan de “compadres” pero con el dejo de los vallenatos, se
pasan las veinticuatro horas del día “escuchando” la música de aquella zona.
Hasta ahora todo está bien, porque la libertad de expresión
no puede suprimirse y cada uno es dueño de sus gustos, así ellos sean
repelentes a los demás. Lo que sí no tiene representación, es el de que nos
hayamos convertido en una provincia asentada en la Sierra Flor, que trabaja
para engrandecer a Valledupar, a sus músicos y su música, mientras que lo
nativo, sabanero o sinuano, sea omitido. Es decir, que nos convertimos en
esclavos y trabajamos y luchamos por fomentar y engrandecer el folclor
vallenato.
Y no lo decimos porque sí. Las cifras son más elocuentes que
las palabras. ¿Sabe el lector lo que ocurre con los dineros oficiales
destinados a la cultura? ¿Tiene idea de lo que se gasta por el municipio de
Sincelejo y el departamento de Sucre, para engrandecer el Festival de la
Leyenda Vallenata? Pida informes y se
sorprenderá.
Trabajamos por los vallenatos y los vallenatos nos
“bembean”, como diría un campesino sabanero. Gozan burlándose de nosotros que
nos mantenemos dizque enseñando música para llevar la “representación” de
Sincelejo y de otros municipios al Festival de Valledupar, pero desde la ya
lejana época en que un Julito de la Ossa, un Lizandro Meza o un Alfredo
Gutiérrez demostraron su sapiencia, ningún otro tocador de acordeón ha logrado
ganar, por mucha que sea la plata que voten el departamento y los municipios.
Muchas personas piensan que las “representaciones” no son más que una
repetición de los borrachos que salen a buscar “rebuscadores” de raspa raspa en
los sórdidos pasajes nocturnos, para “ponerle música” a sus momentos
recreativos, porque indudablemente nos convertimos en dependientes del licor.
Jamás de los jamases esos borrachitos van a llegar a la tarima de Francisco el
Hombre.
Sincelejo solamente, destina más de cuatrocientos millones
de pesos cada año para asistir al Festival Vallenato. No tenemos los datos de
otros municipios en los que los alcaldes se dan la gran vida con “el fomento de
la cultura”, pero si se compara con lo que Sincelejo entrega para certámenes
como el Encuentro Nacional de Bandas, hay una grande injusticia con lo nuestro.
Treinta o cuarenta millones de pesos cada año apenas representan un diez por
ciento de los esfuerzos de los alcaldes y encargados de administrar la cultura
con la inversión para hacer más importante al Festival de la Leyenda Vallenata.
Hay una gran preocupación por Valledupar, pero ningún interés por la población
que supuestamente “rigen”. La apatía por lo nuestro, se demuestra también en la
música que promueven algunas entidades. Por ejemplo ¿alguien se ha preguntado
la razón para que una cantidad de instrumentos de música de viento se
encuentren en las estanterías de compraventas? ¿Quién, cuándo, por cuanto y por
qué empeñaron esos instrumentos? ¿Quién podría informarnos en qué se gasta el
Fondo Mixto de la Cultura veinte o treinta mil millones de pesos anuales, si se
escatima una limosna a los certámenes nuestros y algunas delegaciones no logran
viajar porque allí “nunca hay plata”? Algo similar pasa en el deporte. Los
municipios prefieren gastarse millonadas en la realización de “campeonatos” de
borrachos que dizque juegan softbol o futbol, pero no le dejan ningún beneficio
al municipio o el departamento. Mientras, las categorías en donde se forman los
deportistas mendigan infructuosamente para poder realizar sus actividades.
Parece que es más importante sacarles el guayabo a los propios empleados de las
alcaldías, periodistas y otros grupitos privilegiados, que garantizar el futuro
de nuestros niños y jóvenes.
Concluimos: ¿Hay o no una esclavitud mental por lo vallenato
y por el despilfarro?
Sincelejo, 30 de septiembre de 2012
Don
ARMANDO PEREZ MORALES
Radio Majagual
Estimado señor:
Soy un asiduo y ferviente oyente de su noticiero. A veces no
comparto sus opiniones, pero es una cuestión normal. Su noticiero no está para
complacerme sino para informar.
El viernes denunció lo referente a la urbanización Israel,
iniciada en la administración anterior y totalmente olvidada por la actual.
Como también se olvidaron de muchas otras cosas negativas y no pocas positivas,
que hoy duermen el sueño de los justos.
Es, más o menos, la posibilidad de que pasado el tiempo queden en peores
condiciones que cuando se creyó que habría una continuidad entre el que se fue
y el que vino.
Lo que quiero destacar señor Pérez Morales, es que se habló
en exceso de una virtual revisión de contratos de concesión, de contratos de supervisión
y de interventorías y otras bellezas que no pasaron de allí. Y el caso de la
urbanización Israel es elocuente. ¿Cómo es posible que se pague un anticipo
cuantioso y después nadie se preocupe de ver cómo van las cosas? ¿Y la
interventoría? ¿Y los funcionarios de
Desarrollo, de Planeación y demás entes municipales?
Pienso que los sincelejanos debemos quitarnos la capa que
rodea nuestra mente, destaparnos los oídos y votar la cera que nos ensordece,
de las escamas que tapan nuestros ojos y mirar la realidad. De otra manera los
indelicados se enraizarán en el tronco de la administración pública.
Dios lo guarde a usted y su familia y a los distinguidos
amigos que lo acompañan en el noticiero.
SUEÑOS SIN FUTURO
Todos dicen que el futuro es
mañana, pero para mí fue ayer. No crean que estoy loco o que voy rumbo a la
locura. Nada de eso enmarca mis deducciones, que rompen los cercos de lo que
todos llaman Razón.
Una de esas pueriles
canciones populares señala que no hay un hoy sin mañana ni un mañana sin
ayer. En mi caso, agrego que no existe
un hoy sin un ayer. Hasta que miré con claridad y sin engaños, que el tiempo no
existe. En alguna parte escribí, tal vez como preludio de lo que se me venía
encima, que si Dios, como autor, como creador del universo, se pusiera a contar
los días de su vida cuando las tinieblas eran el todo, pasaría más tiempo
contabilizando centurias que en otros menesteres, pese a que si se miran las
cosas sin apasionamientos, Él se ha desentendido de lo que hizo y nos dejó, con
el pretexto del libre albedrío, sometidos a los caprichos de los más poderosos.
En cierta ocasión concluí
también que solamente para quien muere no hay mañana. Usted va por allí con su
hoy, pensando en las cosas pasadas, es decir, en el ayer, y de pronto se le
viene una tractomula encima y lo deja aplastado sobre el pavimento de la calle
o la carretera, o, lo que parece traído de los cabellos pero no imposible, se
sale de su nicho la caja fuerte de una compañía del piso veinte de la
edificación por cuyo frente pasa y se precipita al vacío y no queda de usted ni
el rastro de la sangre en el piso. O va moliendo pensamientos de lo que hará
mañana, o, como todos lo hacemos sin ser locos, distribuyendo el premio mayor
de la lotería que acaba de comprar y que siente habrá de ganarse en el sorteo
de la noche. Ni qué decir de las lotos, que los empresarios engordan cada fin
de año y usted hace presupuestos y distribuciones de los miles de millones que
habrá de recibir y maldiciendo al Estado alcabalero en el que vive por el
excesivo descuento inicial y la carga impositiva tributaria, que esa sí de
verdad se la gana, y de pronto una nueve milímetros, la preferida por los
asesinos a los que llaman sicarios, le corta en un mismo instante los
presupuestos, los repartos, las compras, los depósitos bancarios y la vida.
Queda sin saber por qué, sin mañana. Y si no tiene mañana, es verdad de
Perogrullo que no tiene futuro.
Al analizar estas y otras
cosas del mismo jaez, me propuse vivir no el hoy, sino el instante. Por eso no
me preocupa el ayer, así tenga que repetirlo, ni el hoy porque no sé cuándo se
acaba ni el mañana, al que quizás no alcance a ver.
Y comencé a vivir hacia
atrás, de espaldas a lo que todos llaman futuro. Es posible que las imaginaciones
de tres amigos me hayan enredado en esto del ayer, del hoy y del mañana. Al
uno, corozalero, por cierto, que le decían “Calzón sin gente” porque su
configuración anatómica no llenaba ninguna talla de pantalón, ni siquiera para
niños, y los luises de Sincé, Luis Manuel y Luis Eduardo, que se mantienen en
elucubraciones. Proyectos y proyectos y más proyectos, en sus mentes el futuro
sería la cosa más formidable para el ser humano. Pero todo se queda en eso, en
proyectos. Maravillosos pero irrealizables. Posibles, pero sin aceptación entre
los que antes que invertir en imposibles prefieren meter las manos en las arcas
y trasladar de ellas a sus bolsillos lo que puedan. Eso cuando les entienden.
Si el gobernante es de esos que ignora hasta su nombre, disimuladamente les
asigna una oscura oficina, lo más lejos del despacho del gobernante, para que
hagan sumas, restas, multiplicaciones, raíces cuadradas, etc. etc. que nunca
verán la luz pública.
La tierra en que nací se
precia de haber adelantado los más grandes proyectos de recuperación del río.
Todos los proyectos indican y aconsejan el dragado para usarlo como vía para el
transporte desde y hacia los puertos marítimos, pero como ninguno de los
dirigentes posee una draga, las recomendaciones se engavetan. En la tierra en
que vivo se estudia el suministro permanente de agua potable, por tratarse de
tierras áridas y lejanas de los cauces naturales. Cientos de miles de millones
se han destinado al estudio, pero no hay construcciones. Contrario a lo acontecido
en el pueblo donde nació mi esposa, en el que se construyó la infraestructura y
la estructura de un acueducto y cuando todo estaba listo, iniciaron los
estudios para saber de dónde se abastecerían del líquido. Fueron más ilusos que
el resto de los mortales, pero la necesidad de acabar con los recursos
financieros rompe los lineamientos del buen pensar y del hacer.
Este es un país muy curioso.
Se juega con las palabras para engañar. El chiquito más grande nacido en el
país llegó a la presidencia de la república y comenzó a ejecutar la reforma
agraria en las feraces tierras donde mis ojos vieron la luz primera. Los
terratenientes y ganaderos, hombres y mujeres a los que el hombre como especie
debe el progreso y desarrollo del mundo y de la historia, tal vez por su
generosidad, por sus inteligencias y conocimientos, por su amor por el ganado
al que colocan en altares en reemplazo del Supremo Creador del Universo,
pusieron el grito más allá de donde dicen que vive Dios por la confiscación de
sus tierras. Y los campesinos felices porque al fin se cumplía la sentencia
comunista de que “la tierra es para el que la trabaja” y ellos lo estaban
haciendo.
Pero los campesinos
recibieron la tierra y nada más. Al paso de los días, los terratenientes y
ganaderos se hicieron los de rogar para readquirir las tierras, a las que el
chiquito más grande había enriquecido con sistemas de regadíos, canales de
irrigación, y todo lo necesario para revalorizarlas a costa del gobierno. Fue,
disimuladamente, un regalo del chiquito, a quienes los terratenientes y
ganaderos terminaron exaltándolo como el mejor y más progresista defensor del
agro nacional.
No tuve y no tengo, en mi
presente y mi futuro — recuerden que no tengo mañana — ni siquiera un terrón
con el que jugar. Manolito, el hijo del señor Pérez con la vieja Lucinda,
jugaba con terrones que desaparecían de un momento a otro. Se tragaba la
tierra. Cuando al viejo le comunicaron que el muchacho tenía el vicio de comer
tierra, se quedó mirándolo y le espetó delante de los que en el momento
estaban: Cómete mijo toda la tierra que puedas, pero después no me preguntes
dónde te vas a parar.
Más filósofo que los
filósofos, el viejo Pérez le quitó a su hijo el vicio solamente señalándole que,
si seguía comiéndosela, llegaría el día en que no encontraría dónde estarse
parado. Pero el futuro del muchacho ya estaba marcado. De tierra eres y en
tierra te convertirás, dicen los religiosos, y Manolito no hizo más que
comenzar bien temprano a compenetrarse con la que tarde o temprano lo abrazaría
por siempre jamás.
Y es esa una segunda razón
para no creer en el mañana ni esperar el futuro. Si como dicen las religiones,
hay una segunda vida, a la que los predicadores llaman con la boca llena de
entusiasmo “vida eterna”, no hay entonces por qué preocuparse del mañana de una
etapa corta, dolorosa, plena de sinsabores, en la que muchos le piden al
Creador que se las mejore y a la que llamamos “la vida”. Nadie ha vuelto de la “vida” eterna, nadie
conoce el cielo para darnos explicaciones, ni las invenciones de sacerdotes que
por ser fieles discípulos de Onán, crearon en noches calenturientas y
presentaron en concilios, cosas como el infierno, el cielo, el purgatorio, el
limbo y otras vacuidades.
El único del que aseguran
murió, bajó al infierno, volvió a la vida y se fue al cielo, Jesús de Nazaret,
no le dijo ni a los apóstoles, sus compañeros de misión, nada en referencia con
esos temas. Los onanistas de todas las religiones pusieron en su boca cosas de
las que quizás no tenía la más pequeña noción.
¿Y para qué se espera el mañana?
Para nada. La muerte es inatajable. Todo nace, crece, en algunos casos se
multiplica, declina y muere. Es la muerte el único futuro que tenemos. Pero el
ser humano insiste en ignorarla y llega a temerle. El símil adecuado es el del
hombre que se está muriendo de hambre, pero sale en veloz fuga cuando le ponen
las viandas al alcance de la mano. Temerle a la muerte es temerse así mismo,
porque todos, en el conjunto, no somos otra cosa que seres muertos, que se
dirigen a la fuerza a la “vida eterna”. Vivimos, es un decir que en la tierra
se vive, para morir. Y si nacimos para morir ¿por qué tenerle miedo a la
muerte? ¿Para qué huirle a la fuente de agua si a ella debemos regresar para
satisfacer la sed?
SUEÑOS
Una semana se cumple hoy sin
que haya logrado conciliar el sueño. La pesadez del cuerpo le indica que no es
posible continuar así, porque podría derrumbarse total y definitivamente y no
es el momento indicado para morir. Se dice que para todo hay un momento, pero
no cree que “su tiempo de morir” haya llegado de esta manera. Sin embargo, la
vida, que no es más que un parpadeo en el largo, en el eterno tiempo de la
muerte, depara sorpresas. Quizás le llegó el momento sin que hubiera recibido
ninguna notificación previa. Su padre le aseguraba que la Parca llega cuando menos la
esperamos, pero siempre confió en que de alguna manera se debe recibir el
aviso. Que no lo entendamos es cosa diferente.
Ahora bien, se pregunta,
¿Qué originó esta vigilia permanente? No encuentra respuesta. En alguna parte
de su masa encefálica debe estar el dato. Sabe que la tiene, pero le ocurre
como a los Notarios del siglo pasado, que sólo ellos sabían en dónde se
encontraban las Escrituras Públicas, los Legados y demás documentos que se les
confiaba, por lo que no podía echárseles del cargo de un momento a otro, porque
el reemplazante no encontraba, dentro del caos bien organizado, ningún
documento del que debiera dar fe pública. Lamentablemente el cerebro humano es
único, nace con uno, vive con uno y muere con uno. Nadie lo reemplaza, nada lo
sustituye, ninguno puede auscultarlo. Es en el cerebro, piensa ahora, en donde
está la esencia de la vida. Es la nada – o la muerte – antes de nacer, es la
vida y es de nuevo la muerte, si en verdad hay una dimensión en la cual
permanecemos para toda la eternidad. El cerebro debe saberlo, pero no lo dice.
Es, en verdad, el arcano mayor, impenetrable, leal como el amigo fiel, a quien
se le pueden confiar las cosas sin correr el peligro de que trascienda sin
autorización del dueño.
Los párpados le duelen de
tanto apretarlos para ver si así, traicioneramente, agarran al sueño y lo
acomodan, pero la treta no surte efecto. Las pestañas, lánguidamente se tocan,
pero no se abrazan. Parecen una pareja de amantes con diferencias conyugales
que están en la misma cama y con los mismos propósitos, pero muriéndose de
deseos, se niegan al abrazo amoroso. El uno espera que la otra dé el primer
paso, pero ella considera que merece un trato diferente y anhela el susurro en
su oído expresándole que se equivocó y pide perdón. Si así ocurre, ella abrirá
al máximo sus brazos y su cuerpo, para recibirlo y formar un solo ser, un todo,
como la vida y la muerte, como el árbol con la tierra, como el pez con el agua,
como el ayer, el hoy y el mañana con el siempre, con la eternidad.
Pero si sus párpados no le
obedecen, sus pestañas parecen odiarse. Ni aquel cae generoso ni éstas se
abrazan con la voluptuosidad requerida. Algo debe interferir en los deseos y
comienza a repasar su vida, lo poco que ha vivido porque sabe que es joven y ni
siquiera ha llegado a la cima de la montaña, para tratar de encontrar la razón,
como para que el sueño se haya fugado de su cuerpo dejándolo como el corcho en
el remolino del río, sin fuerzas, sin peso, arrastrado en el giro interminable
y vergonzoso del sometimiento, sin devolverse y sin avanzar, atenido a que algo
generosamente y con un manotón lo ponga de nuevo en el camino de las aguas que
van hacia el mar. Sólo así acabará su vigilia.
¿Y DÓNDE ESTÁN LOS DE LA TIERRA?
Editar un libro es cosa peliaguda en una tierra que, como
ésta, basa todo en la boñiga del ganado vacuno, en los cachos de los toros con
los que se solazan los ganaderos en las corralejas, viendo como en uno de ellos
da vuelta un pobre infeliz de la gleba, harto de ron y de esperanzas de que su
acción le brinde la oportunidad de unos pesos con que alimentar a la familia.
En un libro inédito de mi autoría, el personaje principal señala que, si a los
seres humanos se les pudiera vender como carne en canal, ha mucho tiempo que
los que gozan con los espectáculos neronianos, los llevarían al matadero como a
las reses.
Extrañamente, el que otrora fuera el pueblo altivo,
orgulloso de sus ancestros, que todos a una se proponían una meta y la
cumplían, no es el mismo de estas calendas. Ni siquiera los descendientes
directos, que con el pretexto de mantener las tradiciones deja que todo se haga
impunemente. Tal vez por ello aquí se refieren al descubrimiento de los actos
dolosos de nuestros dirigentes, cuando ya el país entero lo sabe. Entre
nosotros no tienen eco las indelicadezas, y siempre se reciben con dudas y
cuando ya es inocultable, se habla muy poco de ello.
Son numerosos los que mantienen escondidos los trabajos
literarios. Se le teme a la burla de los supuestos expertos en literatura. Se
guarda recelo ante la negativa de los gobernantes a patrocinar este aspecto de
las bellas artes, porque ellos gozarán de las fiestas al patrocinar una
corraleja o un conjunto deportivo de rodillones, antes que darle prelación a
los niños y a los jóvenes. ¿Qué tal que los reyes griegos, al pasar determinado
número de años en su edad hubieran obligado al pueblo a verlos en actividades
deportivas? El deporte, para ellos, representaba valores distintos y
superiores-
Decimos estas cosas porque otro residente en la ciudad, que
no es sincelejano, acaba de ganar un premio nacional de novela. Se trata de Alfonso Hamburger, periodista san
jacintero, casado con una oriunda de aquí y de aquí son sus hijos.
Tenemos el honor de haber calificado el trabajo por lo menos
un mes antes y sin la menor noticia de que participaría en un concurso. Nos
llamó la atención la limpieza gramatical, el ordenamiento temático, el estilo
depurado, la trama, su acción y desarrollo, el buen uso del espacio y el
tiempo. Así se lo manifestamos a Hamburger, dándole nuestra opinión de que el
trayecto recorrido desde la reseña biográfica a Manuel Huertas Vergara y la
obra En Cofre de Plata, hasta la de ahora, es como si hubiera hecho un viaje de
a pie desde el frío de la Patagonia a las heladas tierras de Alaska. En el
camino eliminó las aristas, superó los escollos, descendió a las llanuras y
subió a las cordilleras, hasta encontrar la ruta, no del éxito como acaba de
ocurrir, sino de un estilo muy particular, propio y sin influencias. Es decir,
que encontró el sendero y ello, llevado con tesón, con sinceridad, sin alardes,
sin petulancias, puede transportarlo a la conquista de otras preseas. Sincelejo
está ávido de que los que vienen a ella, no sea sólo la soldadesca peligrosa
del narcotráfico ni la gleba que le hace la fiesta a los que se deleitan con la
muerte en los ruedos. Felicitaciones al colega Alfonso Hamburger y que le rinda
el producto de su intelecto. Pero, ante todo, que sirva de ejemplo para los
nativos.
CUATRO
AÑOS DE SILENCIO
La nota que sigue fue enviada a la revista SOHO el 24 de
diciembre de 2007. Jamás se ha hecho referencia de ella, tal vez por no haberla
recibido. Ello nos obliga a repetirla desde nuestras modestas páginas y para
conocimiento del número muy reducido de nuestros lectores:
Distinguidos
señores:
Como
periodista con medio siglo de ejercicio, como liberal de pensamiento y
actitudes, no comparto la reacción de muchos ciudadanos que viven en esta aldea
de más de 300 mil habitantes, de suspender la compra de esa importante revista
por la aparición de un artículo firmado por Andrés Ríos, que para expulsar de
su mente el odio contra los que nacimos en el litoral Caribe colombiano, nos
señala despectivamente aspectos que son esencia de nuestra cultura.
Tal
vez no compaginamos con la tristeza solapada de las altiplanicies andinas, ni
con la ya conocida hipocresía de los que nacieron en la misma tierra del señor
Ríos, que mientras rezan ante el altar mantienen el puñal en la mano debajo de
la ruana o, como suele ocurrir en estas calendas, implorando el favor divino
para quitarle fácilmente la vida a otro ser humano. No podemos generalizar y si
esto se conoce es por confesión de ellos mismos.
A
nadie se le oculta la alegría innata del costeño. Pudo más la sangre Tairona,
Aruaca, zenú, yurbaca, y en general la caribe, unida al calor del africano,
para crear un hombre diferente. En medio de nuestra alegría, de nuestros gritos
que lesionan los delicados tímpanos de don Andrés Ríos, nos preciamos de haber
sido la cuna de Enrique Grau, de Rojas Herazo, de Candelario Obeso, entre otros
de una larga y lujosa lista que enorgullece a los colombianos, hasta llegar a
un Gabriel García Márquez, gloria de las letras castellanas.
En
materia de aseo, es archiconocida la herencia de nuestros antepasados indios,
que hacían del baño un ritual de por lo menos tres veces al día. ¿Se atreverá
Andrés Ríos a levantar sus brazos? No lo creo.
Para
no hacernos largos y tediosos, tengo la seguridad de que el señor Ríos fracasó
en Barranquilla al no encontrar su alma gemela durante las carnestoléndicas del
año pasado (los del Caribe le mamamos gallo al idioma y por eso le añadimos o
quitamos y nos sacamos hace varios siglos el vos y su merced, entre
otros, de la mente y antes que carnestolendas lo calificamos como lo sentimos).
Lo invitamos a que se deleite con una toludeña de 25, una sananterana de 28,
una sinuana de 30 o una sanonofrina de 32, y leeremos en esas mismas páginas
antes de un año, los más elogiosos ditirambos de Andrés Ríos por los costeños
que no encontró en el Carnaval.
Adjunto
el texto (este sin corregir) de mi libro, que salió a la luz pública el 20 del
mes que termina, bajo el título de: Señor,
aguánteme la burra. Allí está explicado todo. Los costeños preferimos
evacuar nuestras primeras explosiones sexuales en una burra, mientras que los
de la tierra del columnista de ustedes lo hacen por la pista de arena de sus
propios compañeros. ¿Podrían darle una copia al señor Ríos, para que entienda
por qué nos ufanamos de los vocablos
fálicos, lo cual nos llena de orgullo, y por qué somos permanentemente felices?
Le servirá para cambiar su odio por amor al costeño y lo costeño. ¡Palabra que
sí!
Perdonen
la molestia.
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Sincelejo y Sucre, tienen su propia literatura. Sin embargo,
es tan poca que con excepción de Héctor Rojas Herazo, de Tolú, en literatura,
pintura y poesía, y Geovanny Quessep Esguerra, de San Onofre, poeta de talla
internacional, los demás se mantienen en el anonimato.
¿Cuáles son las
razones?
Entre muchas, el que los nativos de este departamento sufren
del mismo mal de casi todos los colombianos. Todos pensamos que somos poetas.
La otra, es el desinterés de los nativos por los asuntos
propios y extraños, lo cual les impide conocer su propia historia y la
posibilidad de llevarla a libros. O tratamos nuestra historia como algo
extraordinario o la ridiculizamos. Pero ni lo uno ni lo otro es verdad. No
tenemos hechos trascendentales que resaltar y la pequeña historia no es tan
menuda como para omitirla.
Sin ánimo de controversia y mucho menos de faltar al respeto
a los profesores de este importante establecimiento, hay una tercera razón:
Si los alumnos no tienen interés en la historia ni en la
literatura, los educadores tampoco. Se recurre a salir por la tangente, de
manera que se cumple el currículo, pero los educandos finalizan todo el proceso
desde el parvulario hasta el bachillerato, y no conocen la producción literaria
local, departamental o nacional y menos aún la latinoamericana.
Si a lo anterior se agrega la falta de una crítica
especializada y consciente, cerramos el círculo de la sinrazón. Los que puedan
o quieran, al terminar esta charla, bien pueden revisar las secciones
literarias de los periódicos, concretamente los magacines semanales o
quincenales, y observarán que, para los encargados de su dirección, es
preferible seguir a un individuo cuyo nombre es impronunciable. Entre más
consonantes y menos vocales tengan los nombres y apellidos, mucho mejor. ¿Qué
se busca con esto? Meter gato por liebre a los estudiantes. Si se analiza una
producción china, revertida al español por traductores deficientes, tragamos
líneas tras líneas y páginas tras páginas, en grado tal, que en las bibliotecas
públicas están pendientes porque muchos lectores se duermen. El tedio es el
resultado de producciones literarias con temáticas ajenas a nuestro medio.
¿Preguntamos: ¿Por qué no principiar por lo nuestro? ¿Por qué no atarear a un
alumno con la búsqueda de quién fue Pío en el pozo de Majagual? ¿Qué representa
Fortunato Chadid para la música clásica local? Se habla del pozo de majagual
como el surtidor de agua de la antigua Sincelejo, pero ¿podrían ustedes y los
estudiantes de los demás establecimientos educativos, decirnos cuántos otros
pozos y en qué lugares fueron establecidos? El principal espectáculo de los
sincelejanos, la corraleja. ¿Saben en cuántos lugares de la ciudad, fuera de la
plaza de majagual, de la plaza de Mochila y la de los extramuros de hoy, se
levantaban corralejas en diferentes meses del año?
¿Saben qué participación tuvo la curia en el fomento de la
corraleja? ¿En qué sitio se encontraban los mejores palcos?
Las mujeres, por ejemplo: ¿Saben qué mujer, su nombre, su
origen y su actividad, fue muerta por un toro un 20 de enero, sin incluir los
muertos del 20 de enero de 1980?
¿Saben ustedes, hombres y mujeres, quién fue Evangelina
Tapias y su hija María de los Ángeles Tapia?
Los que han leído cuentos clásicos, deben haber pasado sus
ojos por las páginas de un cuento que se llama Caperucita Roja. ¿Tienen idea en
qué país nació la leyenda? ¿Conocen el nombre de Caperucita Roja, teniendo en
cuenta que caperuza es la gorra que prendida de una capa protege el cabello de
las mujeres? ¿Sí creen ustedes que una mujer mayor de edad y una niña, mejor,
una jovencita de quince años, puedan ser comidas por un lobo sin recibir una
sola mordida y cupieran en la panza del animal?
Los que viven con la biblia en la mano por razones
religiosas ¿saben qué mujer se volvió estatua de sal? ¿Cuál fue su nombre? ¿A
qué se atribuye el fenómeno?
¿Saben ustedes qué mujer sincelejana fue comparada con
Gabriela Mistral en poesía?
¿Tienen algún conocimiento de los sincelejanos o de hijos de
sincelejanos o de cualquier otro municipio sucreño, que llegaron a ser
presidentes de otros países? ¿Saben que el hijo de un sincelejano fue
presidente de una república hace unos diez años?
¿Saben ustedes qué sincelejano ha ganado unas cuatro veces
el título de mejor médico de los Estados Unidos de América? ¿En qué barrio
vivió en esta ciudad?
¿Tienen noticias de que los mejores genetistas del mundo
nacieron en Sincelejo y conocen sus nombres?
¿Saben qué mujer nació en Sincelejo y alcanzó a ser, a
nombre de otra ciudad, una deportista de talla internacional?
¿Saben qué mujer se educó en el Simón Araujo y vivió gran
parte de su vida en esta ciudad y hoy es una de las más destacadas periodistas
del país?
¿Alguno de ustedes tiene conocimiento por qué se habló de la
rebelión de los curas, cuándo y por qué y cuáles fueron las poblaciones que en
mayor grado los apoyaron?
¿Sabe alguno quién es Antonio Zuluaga Padrón, que nació en
Montería, pero desde los primeros años de vida fue trasladado a Sincelejo en
donde vive, cuál es su profesión y qué triunfos ha logrado?
Por último, ¿qué libros ha leído, escritos por sincelejanos
o por residentes en Sincelejo? ¿Cuál o cuáles consideran mejor y por qué?
BEISBOLISTAS
Rafael Dickson Rivas
Néstor Dickson Rivas, utility
Dickson Rivas, árbitro
Francísco “El Cico” Rojas
Manuel “Mañe” Caro
Miguel Dechamps
Rafael “Araña” Romero
Luis Nieves Pico
Jorge Nieves Pico
Jorge Barrera
Juvenal “Farolito” Torres
José Torres
Duvoys Vergara
Arnaldo Castro
Ciprián “Mincho” Castro
Numa Rodríguez
Gabriel Betancur, locutor
Manuel Martínez
El Mono Cárdenas
El Zurdo
Zenón Vellojín
El Pingüino Naranjo
Los hermanos Meléndez
Francisco “El Pachi” Amador
Jorge Combatt
Pedro Combatt
Pedro Ortiz
Jesús “Champa” Galván
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