Libro 1
Comentarios y Notas Periodísticas


¿CÓMO AMANECIÓ LA ENFERMA?
Una de las actitudes que más problemas me creó cuando estuve en ese lugar lleno de odios y de violencia que llaman mundo, fue el mantenerme al margen de muchas cosas. Únicamente me preocupaba por los vecinos más cercanos, por la realidad de que me obstiné en vivir solitario, lejos de hermanos, de esposa, de hijos y demás parientes, y eran entonces ellos lo único que me quedaba para el momento en que llegara la hora de partir definitivamente de aquel lugar. No descartaba que por aplicar el mismo sistema apenas me respondían el saludo. En los primeros meses con cierto recelo porque pasaba en silencio en la soledad de la casita que habitaba y en los esporádicos días que salía hacia la ciudad cercana, era para cobrar la pírrica pensión de jubilación, que pese a todo me alcanzaba para la frugalidad de mi vida. Esos vecinos, si moría antes de pedir auxilio, no descartaba que la fetidez que de la casita saldría cuando los restos mortales iniciaran el proceso evolutivo hacia la tierra a través de los gusanos que ahítos de mis carnes putrefactas, caerían al piso y se irían quién sabe a dónde para cumplir su función.

La muerte no me asustaba, pero tampoco la ansiaba. Todo está escrito desde antes de ser concebido en la matriz de una mujer y pacientemente me preparé con el correr de los años para soportar la hora definitiva. La muerte es extraña, pensaba, y repetía en mi mente las caricaturas del almanaque de Bristol, en la que aparecía un esqueleto con una guadaña en la mano y vestido de mujer que buscaba a un individuo al que se conocía con el remoquete de “Coco Liso” pero éste se había hecho algunos cambios olvidándose de la alopecia total que originó el sobrenombre. La muerte buscó por todos los pueblos, por sus calles y rincones y de pronto, al pasar frente al cambiado Coco Liso, dijo en voz alta: “Ya que no encuentro a Coco Liso, me llevo a Coco Pelado”. Ese era su sino por mucho que tratara de cambiar su apariencia. Eso me convenció que, a la hora última, nadie borraría o variaría lo que está escrito en el libro de la vida y de la muerte. Además, por mucho que insistan los religiosos, nadie ha regresado de la vida posterior y por ello uno no podrá determinar con anticipación si va a desaparecer por siempre jamás o en verdad gozará de unos privilegios que de pronto no le corresponden. Personalmente me inclino por esta posibilidad, porque la esperanza es lo último que se pierde, dice el aforismo, olvidándose que desde antes de nacer ya fincamos nuestras metas en ella, en la esperanza, casi siempre injusta.

Volviendo al principio, mucho tiempo pasó como el agua bajo el puente y la vecindad varió poco a poco, dignándose responder mis saludos y saludándome. Pero como no visitaba a nadie, como no me detenía en la calle a charlar con los demás y ni siquiera cotorreaba sentado en la puerta de acceso a la casita, ignoraba el acontecer del pueblito. Solo las actitudes de los otros me permitían informarme, en silencio, de las ocurrencias del entorno. La música en alto volumen, los gritos, los aplausos y los brindis me indicaban que estaban de fiesta. Las carreras a buscar médico que alguien estaba enfermo. El llanto de que uno de los residentes de donde provenían había muerto, y así, cada cosa tiene una razón.

En el caso de la señora Vitelia, fallaron todos mis mudos pronósticos. Era una señora alta, blanca, fornida, que en su juventud debió ser de una despampanante belleza por cuanto aún quedaban rastros del pasado en sus facciones hoy arrugadas. Varias veces la sorprendí espiando oculta en las tinieblas de una ventana que estaba retirada del sitio en donde me sentaba a leer, esperando quien sabe qué cosas. Un día, cosas de la senilidad, una niña pasó y se quedó mirándome pícaramente y surgió desde lo más recóndito de mí los recuerdos de la juventud y le dije que estaba muy bonita y la muchacha entró, me dio un beso y con una carcajada cantarina se fue saludándome con sus pequeñas manos. Quién sabe qué pensaría Vitelia, pero el caso fue la comidilla de todos y al día siguiente una reunión de sólo hombres encendió las luces de alarma en mi cerebro.  Me juraba a mí mismo, que estaban tratando el asunto y que no tardarían en venir a hacer reclamos o a insultarme. Temía esta situación, porque las muchachas del pueblo decían a los hombres que no conocían y les lanzaban piropos que era un morboso o un sátiro, pero si pasaba y ni siquiera las miraba, lo calificaban de homosexual.

La reunión se inició a las seis de la tarde y en dos o tres veces que medio abrí las cortinas allí estaban, hablando en voz baja. A eso de las once de la noche como en cumplimiento de una orden, cada uno tomó su taburete o su silla y se fueron a sus propias casas.
Me enteré unos cuatro días después de que la reunión se debía a que Vitelia estaba muriéndose y en una muestra de solidaridad los vecinos se trasladaban todas las tardes hasta la medianoche al frente de su casa. Esperaban su muerte, porque estaba muy grave y recluida en una clínica. Y así fueron pasando los días. Una llamada desde mi pueblo natal me obligó a viajar y al regresar, una semana después, encontré la reunión, pero al día siguiente y los posteriores todo volvió a la normalidad. Me insulté a mí mismo, porque no asistí al sepelio de vitelia, ya que si se suspendían las reuniones era porque se había cumplido hasta el novenario. Pero una solapada indagación me dijo que no, que Vitelia no había muerto.




Carlos
Es conveniente dejar aclarado desde un principio, que quien escribe estas notas no es periodista, ni escritor ni poeta, y que si aparecen algunos desfases gramaticales no son más que fruto del deseo de dejar en letra de molde los recuerdos de la lejana e irrecuperable niñez.

Pero el hecho de no ser ni una ni otra cosa, no quiere decir que escriba a la ligera ni mucho menos impertinencias. Los recuerdos son la suma de una vida, y mis evocaciones se alejan en el tiempo y en la distancia y son pocos, esos sí entendidos y doctos de la literatura, los que, al referirse al pasado histórico de la ahora ciudad de Sincelejo, aluden someramente a las que para algunos pueden parecer pequeñeces, para mí de mucha importancia, sobre las actividades de La María. Pienso que, pese a su aparente fatuidad, son importantes y no deben perderse. Un escritor monteriano, Rafael Yances Pinedo, dijo que la pequeña historia no es tan menuda y José Luis Garcés aseguró que es el micro mundo de las cosas aparentemente triviales las que unidas, integran y fortifican la base de la historia total de un pueblo.

Van entonces estos recuerdos de la primera época de mi vida, y tal vez gran parte de la segunda, esa que denominamos plena juventud, que de manera tan intensa forma hoy el pasado de un sector sincelejano que pasó de arrabal a centro de la futura urbe. Y digo que futura, porque si bien es cierto que no la voy a ver como tal, sí lo harán mis hijos y mis nietos. En contra de la voluntad quienes aparecen con la clara intención y amparados en el fuero de “dirigentes”, que amenazan con acabar a Sincelejo. No lo lograrán. Por algo se dice que el pueblo es superior a sus dirigentes y llegará el momento en que la hoy Capital de Sucre, se sacuda y lance bien lejos el caparazón de la pereza, de la desidia, de la indolencia, y reencuentre el camino que transitó en el pasado, camino mucho más prometedor que el actual.

La intención es la de traer a la memoria de quienes lo vivieron, por un lado, y para ilustración de los que ignoran el pasado histórico de Sincelejo, que el barrio La María, a tan pocas cuadras del centro de la ciudad, fue en tiempos pasados sede de un grupo de familias que se esmeraron por hacer las cosas bien. Si bien es cierto, y jamás nos atreveríamos a restarles méritos, que sectores como Majagual, El Bosque, La Pajuela, El Bongo y otros, escribieron significativas páginas en el libro de la historia de la ciudad, el barrio La María no fue inferior y por tanto no puede omitírsele.
Mantuve estos datos en la memoria o en notas dispersas en el archivo personal, ese archivo que es el tesoro que me enriquece y entretiene en los momentos en que la nostalgia amenaza mi tranquilidad mental, jamás pensé que tuvieran la importancia que le dieron algunos amigos que los leyeron y me recomendaron publicarlos. No pretendo ser escritor y respeto a quienes, con dedicación, con esfuerzo, presentan el trabajo de su intelecto en forma de libro. Leí en alguna parte que cada trabajo literario lleva implícito el aporte de los recuerdos y las experiencias del escritor, por lo que la historia, al escribirla, une el pasado con el presente. No sé si esto que entrego a los que me brinden la generosidad de su atención, puede considerarse historia. Para mí lo es. Y si con estos datos planteo cosas nuevas o reformo creencias mal fundadas, o corrijo entuertos, bien por Sincelejo.

Para meterme en ese mundo de micro historia y evocaciones, porque en el fondo se trata de la vida de una persona que tiene la ventaja de no olvidar, y conforme al ordenamiento de las notas, me adentro primero a lo que ha sido por siempre el alma del sincelejano: las corralejas. . .
Pero Dios, el gran amigo, el aliado más leal, el que no abandona ni desampara a sus hijos ni en el más leve percance, desde el mismo instante del ataque de la fiera, actuó con su mano divina desviando las astas del endiablado toro. No se puede explicar de otra manera, que siendo empitonado en las partes que describí antes, la forma en que se le veían las heridas, no se hubieran producido daños irreparables o la muerte misma. La cornada de la garganta salía por el lado izquierdo de la cara y no dejó cicatriz. La del abdomen no tuvo salida, y también milagrosamente no causó daño ni tocó partes vitales y la de la frente, parece que fue hecha durante una de las caídas. Sostengo, entonces, que Dios, sin capa ni manta hizo el quite ayudando a mi padre y de paso nos ayudó al resto de la familia.

Mi viejo, dada su recia contextura, la fortaleza del negro africano, la dura piel del indio cimarrón fue recuperándose poco a poco, hasta que, por fin, ya en casa, con el atento y esmero cuidado de mi madre, nuestra voz de aliento y la atención de los médicos ya citados que en medio del difícil trance jamás lo dejaron solo y lo visitaban día a día para, con sus conocimientos y sabios consejos, alentarlo de un todo.
Ese mismo aciago día, el mismo toro, hirió a Toribio Álvarez, desgarrándole la piel de una pierna, al sacarlo de una vareta del toril, cuando intentaba probar su bravura. Voluntarios que arriesgaron su propio pellejo, retiraron como pudieron al toro para poder conducir a Toribio al hospital San Francisco de Asís, no sin antes envolverle la pierna en tiras de fique que en ese entonces permanecían tiradas por todo ese lugar, desechadas en la fábrica de tabaco que allí existía. Llegado el momento de abrir la corraleja, con pánico o coraje simulado por parte del público, el toro fue sacado y ya en la plaza, no hubo trapo o cuerpo humano que se moviera, que no lo atacara. Bufando su casta, la fiera limpió en un santiamén la arena; la gente seguía su recorrido, expectantes, pensando tal vez que en menos de tres horas el endiablado animal criollo había herido de gravedad a dos personas.

Con esa fiera en la plaza no podríamos parodiar los versos del bello porro de Lucho Bermúdez, Carmen de Bolívar, que en una de sus partes dice: “El toro negro salta a la arena y el más cobarde se enguapetona”; No, aquí no, aquí la letra sería: “El toro fiero ya está en la plaza, hirió a dos, busquen refugio y sálvese el que pueda”. Después de ser amo y señor del terreno, buscó por todo el cuadrilátero al osado que lo desafiara, al loco con cojones que se le midiera en el terreno que, con su almizcle, había marcado como suyo.  Momentos después alguien situado en la parte izquierda de la corraleja, vista desde la entrada, de Este a Oeste esquina, lo desafió con un guapirreo y moviéndole un trapo rojo, movimiento que el toro captó encaminándose hacia ese lugar como un rayo; muy sabia y prudentemente, el retador se retiró con el tiempo justo para guarecerse sabe Dios dónde.

Fue tal el ímpetu del animal que se llevó con el pecho la cerca de ese lugar, compuesta de varetas en lo que comprendía la corraleja y zinc en la parte exterior, por los lados del patio del griego. Los gritos fueron unánimes avisando que el toro había escapado del recinto y se encaminaba por la calle Cauca, por donde se topó e hirió levemente a un jovencito que desafortunadamente transitaba por allí. El toro negro azabache se había escapado de la corraleja.
Recuerdo que, para estas fiestas, en una ocasión, el organizador o los organizadores trajeron desde España un espectáculo de toreo bufo, que fue deleite de la concurrencia. Igualmente, estas corralejas se comentaron por mucho tiempo en la región sabanera y fuera de ella, pues por ella pasaron manteros que, desafortunadamente, por haber nacido en esa época, no tuvieron la suerte de la publicidad escrita, radial o televisiva. Recuerdo a dos manteros de apellido Mercado, sin parentesco alguno entre ellos.

El uno, Pablo, de origen sincelejano, nacido en el barrio La María; el otro, Esther, nacido en las ubérrimas tierras de Colosó. Pablo de prosapia humilde como suelen ser todos los que abrazan este tipo de diversión y arte a la vez; moreno acanelado, de ojos vivaces, pelo aindiado que solía peinarse hacia atrás, de poca conversación pero que cuando se destapaba en hacerlo su tema preferido era el de las plazas que había visitado y los toros que en suerte le correspondieron. De éstos no había recibido cornadas riesgosas y las pocas, tampoco lo marcaron con cicatrices escandalosas. Pablo tenía un estilo que lo hacía único en el toreo, al pegarse riesgosamente a las astas del toro. Muchas veces, por ese coraje, sufría lo que se llama, en toreo fino, varetazos, que hacían presumir costillas rotas u otro daño interno en su cuerpo.

Fui testigo de todo lo que acabo de decir, y me dolió mucho la muerte de Pablo en las astas de un toro rejugado en la vieja plaza de El Carmen de Bolívar. Murió degollado. Su cadáver fue traído y la ceremonia fúnebre se llevó a cabo en el barrio que lo vio nacer, y luego sepultado en el cementerio central. Allí descansa, soñando tal vez con las gloriosas tardes taurófilas que le brindó a su público, al público que lo amaba, al público que sabía cuánto había en él.
Esther Mercado era colosoano de pura cepa. Por sus venas corría la frescura de las cristalinas aguas de los arroyos de aquella zona; en su frente se dibujaba todo el esplendor de los Montes de María; su porte y garbo, eran la genuina representación de un pueblo que, en su empeño, tasa y vela por el talento y don de sus gentes.
Tanto Pablo como Esther se sentían más toreros, más manteros, cuando antes de iniciarse la corrida o en plena faena, oían los acordes rítmicos de la caimitera, como llamaban a la banda de músicos representativa de Caimito, tocando con sabrosura porros como El Maizal, El Tablón, Sábado de Gloria, El Pilón, El Binde y tantos más, que se me forma un nudo en la garganta al tararearlos y recordarlos nostálgicamente, pues su ejecución tan perfecta y armoniosa obligaba a ´los toreros a dar todo lo que sabían en honor a la música que sonaba.

Eran porros verdaderos, clásicos, los interpretados por la caimitera, la bajera de San Pelayo, la Armonía de Sincelejo y otras bandas más que nos visitaban por esa época.
Esther, con estilo opuesto al de Pablo, era elogiado y criticado a un mismo tiempo por el pueblo raso y los otros manteros, que nunca lo vieron como un rival, sino como un hombre de su misma clase con pretensiones de “blanquito”, como se suele llamar a los que pretenden estar en el lado opuesto al de su verdadera dimensión. Tenía una especie de imán para la gente de las capas altas y desde los palcos lo animaban con entusiasmo. Esas loas, por lógica, acrecían el ego del muchacho haciéndole creer que era una estrella.

Sus amigos de oficio como Maderita, Parra, Jodmigón, el negro martelano y tantos otros, gozaban y hacían gozar el espectáculo de la tauromaquia. Pero a Esther le criticaban con rabia o simulando un chiste, su preferencia por las barras encopetadas que, con sus aplausos y vítores, lo situaban en el polo opuesto al de su nacimiento.
Pero no se puede ocultar que su toreo era exquisito y tal vez sería por eso por lo que los de las clases altas del poblado lo admiraban. Citaba y esperaba al toro como mantero de corraleja y continuaba la faena como torero de cartel. Se las ingeniaba para que el toro criollo, legítimo, de pura casta sabanera, lo embistiera aceptando el reto. Le hacía revoleras, verónicas, chicuelinas, quites de frente, muletazos con ambas manos, pases de pecho con los que adornaba su trabajo, barriendo el lomo del toro desde las astas al rabo.

Esther, como dice la canción mejicana, “por un mal entendimiento” entre dos familias, tuvo una vida corta y un trágico final.
Los buenos manteros tenían su sitio de prueba en Colosó. En ese pueblo existió una hacienda de gran renombre por el ganado de lidia que en ella pastaba: La Esperanza, propiedad de los Urzola. Allí, con la anuencia de los propietarios, se daban cita los manteros de la región para tentar los toros que don Víctor Urzola y sus hijos Germán, Víctor, Salomón y otros familiares consideraban aptos para las corralejas de las Sabanas de Bolívar, comenzando por la propia, la de los Santos Reyes, el seis de enero, en Colosó.
 




CARTILLA DE TRÁNSITO

Conozcamos la ciudad.
Por diversas razones, especialmente por las de trabajo, muchas personas no conocen enteramente la ciudad en donde residen. Pero es conveniente recopilar algunos aspectos que, si bien no nos brindan el conocimiento absoluto del lugar de residencia, nos proporcionan la oportunidad de una información general y vital.

Desplazarnos por las calles de nuestra ciudad, por ejemplo, es algo necesario, interesante y entretenido. Pero no podemos ni debemos olvidar que al hacerlo no estamos solos. Hay otros que comparten esas áreas con nosotros.
¿Quiénes son?  Principalmente son dos: peatones y conductores.
¿Qué es peatón? Es la persona que se desplaza a pie por los andenes, también conocidos por nosotros como aceras y corredores. En otros lugares reciben el nombre de veredas. Debe considerarse como peatón a quien empuja o arrastra un coche de bebé o una silla de ruedas, y a los que andan en bicicleta o patineta (skateboard).
¿Qué es conductor?  Este nombre se aplica a quien conduce un vehículo por la pista o calzada, denominada entre nosotros simplemente “calle”. Los vehículos son de diferentes tipos, como automóvil, motocicleta, camión, bus, buseta, microbús y similares. No olvidemos que un mismo vehículo puede ser conocido en otros lugares con nombres diferentes. El que nosotros llamamos bus, en otras partes es Ómnibus, y en varios países centroamericanos Guagua.
Es de mucha importancia tener en cuenta que, para compartir adecuadamente las calles, debemos todos ponernos de acuerdo y respetar la regla de oro que nos enseña que nuestros derechos principian donde terminan los de los demás, o lo que es lo mismo, respetar el derecho de los otros ciudadanos. Para guardar el respeto que merecen los otros y al mismo tiempo se respeten los nuestros, se han establecido una serie de señales y normas de circulación, las cuales son reglas de juego que debemos seguir para que nuestro desplazamiento y el de los otros por las calles y carreteras sea seguro.
En este módulo, basado en el “Módulo de Educación Vial”, encontrarás información, indicaciones y recomendaciones que te permitirán conocer e investigar más acerca de las normas y reglas, adoptadas en tu propio beneficio y en el beneficio de los demás.

Conozcamos los vehículos:
Son denominados “medios de transporte” y utilizados por las personas para trasladarse por las diversas calles, carreras y avenidas de una ciudad, así como por las carreteras que unen pueblos y ciudades. Hay dos clases de vehículos de transporte. Los particulares y los de servicio público. Los primeros son de carácter individual o familiar. Los otros son para todo el que lo requiere.

El transporte público cobra sus servicios mediante tarifas fijadas por el gobierno, por lo cual es igual para todos los usuarios.
El transporte de servicio público utiliza los siguientes vehículos:
Bus: Medio de transporte que generalmente es usado para recorrer largas distancias, adscritos a una empresa legalizada, en rutas establecidas por normas legales. Este tipo de vehículos tiene una capacidad mínima de 30 y máxima de 60 personas, de acuerdo con el tamaño. En otros países se le llama Ómnibus.
Microbús: También llamado entre nosotros “Buseta”, cuya capacidad es de un mínimo de 20 y un máximo de 30 personas. Al igual que los buses, éstos se agrupan en empresas especializadas. En nuestro país, se ha generalizado el uso de busetas o microbuses en el servicio urbano de pasajeros, por cuanto rueda mejor en medio del tránsito de las zonas céntricas y su desplazamiento es más fácil.
Taxis: Es un automóvil adscrito a empresas que regulan mediante normas de ley el uso de este tipo de servicio público. Su capacidad es limitada a 4 pasajeros y el conductor. Cubre rutas de acuerdo con la necesidad del usuario. En muchas ciudades se utiliza el taxímetro, que cuenta a la vista del usuario los kilómetros recorridos, el valor mínimo de arranque y el de cada kilómetro que se ha cubierto. En otras, se fijan tarifas mínimas y máximas, de acuerdo con las distancias. También se utiliza en el cubrimiento de largas distancias entre ciudades y departamentos.
Mototaxis: Este medio consiste en una motocicleta para cubrir distancias cortas. En nuestra zona se limita al conductor y un pasajero llamado “parrillero”. Se trata de una novedad que apenas comienza a ser regulada por las autoridades respectivas. En algunas ciudades y en otros países, se ha acondicionado con un coche tirado por la moto, en el que normalmente se sientan dos o tres personas, además del que la conduce. En esta última modalidad, se elimina el parrillero, y se brinda más seguridad a los usuarios.

la ciudad.
Para entender algo más de lo que es el transporte público de pasajeros, es necesario también entender qué es ciudad.
Nuestra ciudad, por ejemplo, está dividida en calles, carreras y avenidas. Estas, forman figuras geométricas que permiten establecer las manzanas o cuadras. Las calles y las carreras son numeradas y las avenidas, además de tener una numeración, comúnmente reciben un nombre. Manzanas o cuadras, son las áreas en donde se levantan las casas, conjuntos habitacionales, parques, edificios públicos (como hospitales, clínicas, cuerpos de bomberos, centros deportivos, etc.) y edificaciones privadas entre las que sobresalen los centros comerciales, supermercados, teatros, salas de conferencias, museos, edificios de oficinas y otros.
La numeración de calles, carreras y avenidas facilita la numeración de las edificaciones. Si la dirección es, por ejemplo, Calle 25 Nº 60 – 32, quiere decir que el lugar indicado está localizado en tal calle con la carrera 60, a 32 metros de la esquina respectiva. Podría ser Carrera 60 Nº 25 – 32, entonces se colige que el sitio que buscamos está en la carrera 60 con calle 25 y a 32 metros de la esquina en que se cruzan la calle con la carrera. No debe olvidarse que, en algunos lugares, se habla de calles “diagonales” y “transversales”, pero el sistema numérico es similar al señalado.

Debemos conocer que las calles están divididas en dos: aceras o andenes o corredores y la calzada. Los tres primeros nombres se refieren al perímetro de tránsito de los peatones. Un pueblo culto, respetuoso del derecho ajeno y preocupado por la vida de los demás, no obstaculiza los andenes ni pone en riesgo la vida de los peatones. Los andenes deben estar siempre desocupados.
La segunda parte es llamada Calzada. Los peatones pueden transitar por ella, siempre que no corran peligro alguno, por cuanto está destinada al tránsito de los vehículos.
Para evitar el peligro, en las calles de mayor congestión de tránsito se instalan semáforos tanto para los vehículos como para los peatones, en las esquinas. Además, sobre la calzada se pintan franjas blancas, que por su configuración han sido llamadas “cebras”, sobre las cuales, y cuando el semáforo señala detención de vehículos, transitan los peatones con seguridad.

Hay otros sitios de seguridad, entre los que se destacan las plazas, los parques y un círculo u óvalo, cuyo nombre varía. En nuestra zona se pretendió denominarlos con el anglicado Road Point, una manera de puente de rodamiento, pero el nombre degeneró en rospoin, rodepoin y hasta robopoin. El verdadero es glorieta, pero es poco usado. Alrededor de este lugar confluyen por lo menos cuatro vías que permite a los conductores de vehículos acortar distancias.
Hay también los puentes peatonales, que se levantan sobre avenidas y carreteras excesivamente transitadas. Las avenidas, por sus características, obligan a circular a velocidades mayores que las de otras calles. Los puentes peatonales facilitan trasladarse de una a otra vera sin correr peligro.

Conocer la ciudad, nos facilita establecer razonablemente la forma de comportamiento que cada uno de sus habitantes, permanentes, temporales o de paso, debemos tener en cuenta. Cualquiera sea la condición en que estemos en un lugar poblado, tenemos unos compromisos con él. La ciudad nos alberga y tiene una serie infinita de complejidades que debemos observar para integrarnos con ella, principiando por considerarla nuestra propia casa, nuestro propio hogar. El hogar debemos cuidarlo y por extensión a la ciudad, utilizando bien los servicios que nos brinda, no arrojando desperdicios en las calles ni lugares abandonados, velando y cuidando las zonas históricas, no pintando letreros ni embadurnando las paredes. Si cada peatón, y también cada usuario de un vehículo, atiende estas recomendaciones, la ciudad será digna de verse y puede convertirse en buena referencia y buen ejemplo para otros sitios. Para gozar del aire, del clima, de los paisajes y de otras bellas cosas que tiene la ciudad, debemos tener el propósito indeclinable de respetarla y luchar por todas sus riquezas.

¿QUÉ ES EL SEMÁFORO?

Hay tres factores que se utilizan en la función de control del tránsito en una ciudad organizada. Los semáforos, el policía de tránsito y las señales de tránsito.
Los semáforos son elementos con dispositivos especiales que emiten luces de colores, cada una con un significado diferente y muy particular, que armonizan a conductores de vehículos y peatones, para indicarles y hasta cierta forma autorizarles el avance y el cruce en los sitios en que se encuentran instalados. Son dos formas de semáforos: los destinados a los vehículos y los de los peatones.
Los destinados a la circulación de vehículos usan tres luces diferentes: roja, amarilla y verde.
La luz roja significa que el paso está cerrado.
La luz amarilla previene al conductor del inmediato cambio de luces, que puede ser de roja a verde o de verde a roja. Hay que tener en cuenta, que la luz amarilla no significa una autorización para recomenzar el rodamiento por la vía. Es apenas de prevención, de alerta.
La luz verde, indica que el paso está abierto.
En determinadas horas, especialmente en la madrugada, los semáforos alternan la luz roja con la amarilla, o simplemente titila la una o la otra, indicándole a conductores y peatones que hay poca afluencia de tránsito y se puede circular, pero tomando las precauciones del caso.
Los semáforos reservados para los peatones llevan la silueta de un peatón en dos colores: rojo y verde. Se encienden en el verde inmediatamente aparece en el semáforo principal la luz roja, y unos instantes antes, cuando en el principal aparece la luz amarilla, se enciende la luz roja. En otros lugares la información de cambio de color se entiende cuando el verde titila, como información de que el tiempo es limitado y debe evitarse el cruce para esperar de nuevo la luz verde.
A pesar del progreso técnico, la figura tradicional del policía de tránsito no desaparece. Es indispensable en momentos de congestión y en los llamados trancones por razones de choques, accidentes con peatones o vehículos que se apagan en sitios críticos, o cortes de energía en los sectores y muchos otros inconvenientes.

Debe considerarse al policía de tránsito como un amigo, un ciudadano que puede ayudar tanto a peatones como conductores, al que se puede acudir en búsqueda de información.
No debe olvidarse que el policía de tránsito tiene más autoridad que las señales y los semáforos. Por esa razón, cuando el policía de tránsito asume la guía de los conductores, inclusive estando en normal funcionamiento los semáforos, debe acatarse sus indicaciones. Ellas deben tener un motivo ineludible y generalmente el objetivo de evitar accidentes.

las señales de tránsito:
Las señales de tránsito constituyen un factor determinante en la circulación de peatones y vehículos por las calles, carreras y avenidas de la ciudad y las carreteras. Se trata de letreros o de placas contentivas de información, a un costado de las vías con el propósito de suministrar información rápida y breve, concretamente a los conductores de vehículos, sobre características del tramo de vía que se está recorriendo, así como la presencia de zonas especiales que obligan a tomar determinadas actitudes, como la de aminorar la velocidad ante la proximidad de escuelas y colegios, no usar la bocina cerca a hospitales y clínicas,  imperfecciones en la calzada, presencia de materiales de construcción u otros obstáculos.
Las señales de tránsito se clasifican de tres maneras: Las de prevención, las de información y las de reglamentación. Tanto peatones como conductores deben preocuparse por conocer la información cifrada que suministran las señales. Y no es un capricho el confeccionarlas en clave, por cuanto de otra manera serían inocuas. Veamos, en cada uno de los tres casos, en qué consisten:

Señales de prevención: Son las que tienen el objeto de avisar al conductor sobre la presencia de algún cambio en la vía, la proximidad de una curva y hacia qué lado de la vía, de la sinuosidad de un camino, la proximidad de un semáforo, un tramo resbaladizo en la carretera, la cercanía de colegios, escuelas, etc. Así, el conductor tendrá información oportuna y aminorará la velocidad y se preparará para afrontar el caso.
Hay muchas otras señales de prevención. Como conductores, pasajeros o peatones, es necesario que las conozcamos todas y no las olvidemos, porque de ello puede depender nuestra vida.  Repasemos estas:
Pare: Señal de obligatorio cumplimiento y que al atenderla facilitamos el flujo vehicular que atraviesa por nuestro frente. Los de la otra calle, no olvidemos, también necesitan movilizarse.
Prohibido Transporte Pesado: Esta señal se coloca en diferentes lugares urbanos en los que se prohíbe el tránsito de camiones y otros vehículos que transporten carga pesada, superior a los límites de soporte del pavimento.
Prohibido el uso de bocinas: Es una de las más importantes que deben tener en cuenta los conductores. Usar y abusar del pito o bocina, no va a solucionar problemas de tráfico, como los trancones, por ejemplo, además de convertirse en una falta de respeto a los demás y una muestra de incultura del conductor. Generalmente se prohíbe el uso de bocinas en áreas en las que funcionan hospitales y clínicas, para evitarles molestias a los pacientes en ellos recluidos.
Prohibido estacionarse: Señal para los conductores, con el propósito de que no entorpezcan el flujo de vehículos frente a centros hospitalarios, oficinas públicas, embajadas, cuarteles de ejército y policía y otras dependencias en las que se requiere facilidad de entrada y salida de vehículos.
Señales de Información: Están dirigidas tanto a conductores como a peatones, para anunciarles la cercanía de lugares de servicio público como hospitales, zonas de estacionamiento, servicios sanitarios, primeros auxilios, servicios telefónicos, entre muchos otros.
Señales de Reglamentación: Este tipo de señales está dirigido preferentemente a los conductores, con el propósito de que no olviden el respeto que merecen las reglas y las normas de tránsito, y así puedan acomodarse a su cumplimiento y atender las recomendaciones respectivas, tanto para seguridad propia y de pasajeros, como de peatones. Entre estas se encuentran las de prohibiciones, como voltear en U, el prohibido estacionarse, conservar su derecha y no invadir los carriles en contravía, no adelantar a otros vehículos en curvas o sitios estrechos, etc.

Curva pronunciada: La señal indica al conductor la proximidad de una curva cerrada, por lo que es necesario disminuir la velocidad y adoptar una actitud prudente al tomarla.
Caminos sinuosos: La señal respectiva alerta sobre la cercanía de una serie de curvas a lado y lado de la vía, y como en el caso anterior, el conductor debe bajar la velocidad y tomar las precauciones del caso.
Área de ciclistas: Se usa para indicar que se aproxima una zona especial de movilización de ciclistas, como una ciclovía, por ejemplo. Es conveniente tener en cuenta que ninguna señal preventiva tendrá efecto si el conductor del vehículo, el peatón, y en este caso, el ciclista, ignoran las normas.
Área de escolares:  Señal de alerta para los conductores, que les informa que muy cerca funciona un establecimiento educativo (Escuela, colegio, Universidad) y, por tanto, debe tomar las debidas precauciones, por cuanto encontrará niños y jóvenes escolares o estudiantes. El conductor deberá tener presente que los escolares saldrán del establecimiento para cruzar la calle y no mirarán, por distraerse en otras cosas, a un lado y otro para establecer si hay peligro.  Recientemente se adoptó el sistema de pintar enormes avisos sobre la calzada anunciando que se avecina una ZONA ESCOLAR.

EVITEMOS ACCIDENTES.
Los siguientes consejos tienen como objeto el correcto desplazamiento de peatones en la ciudad con mayor seguridad. Por ejemplo, el desplazamiento correcto, como peatón:
Recuerda no llevar animales sueltos: Además de ser una molestia para los demás, pueden resultar atropellados por los vehículos al lanzarse hacia la calzada o provocar un accidente.
No juegues en la calle: Cuando pateas un balón de futbol, lanzas pelotas de béisbol, realizas competencias de carreras y, en fin, diferentes actividades lúdicas o de entretenimiento en una calle, ocasionas molestias a los otros peatones y obstaculizas el tránsito de éstos y de vehículos, además de poner en peligro tu vida y la de los compañeros de juegos. No olvides que existen pistas, canchas, plazas y otros lugares para estos menesteres.
No cruces la calle cuando el semáforo para peatones se encuentra en rojo, aunque no haya vehículos en circulación. Recuerda que un vehículo puede venir a excesiva velocidad y encontrarte en medio de la calle.
No imites la conducta de malos peatones: Hay quienes se lanzan a la calzada estando el semáforo en verde o cuando está en amarillo, creyendo que los vehículos pueden detenerse intempestivamente. Eso es, además de una muestra de incultura, una falta de respeto para sí y para los demás. No arriesgues tu vida imitando a los intolerantes, incultos y atrevidos.
No te detengas en las aceras: Las aceras o andenes son la vía de los peatones. Si te detienes en ellos, causas molestias a los otros peatones. Los lugares en donde puedes dialogar están en otra parte, especialmente en los parques.
Cómo cruzar la calle: Si te es indispensable cruzar la calle, toma las medidas de seguridad para ti y los demás. En las esquinas hay zonas de cruce para peatones, puentes peatonales, etc. Si te encuentras en una calle en la que no exista un andén o esté ocupado, por razones de construcción, por ejemplo, procura caminar lo más pegado posible a las casas o cercas y muros, y prestar atención al flujo de vehículos.
Cuando utilices una bicicleta, es recomendable hacerlo siempre hacia la derecha, así como emplear el casco protector y demás elementos de protección.
Cuando transites por una calle, debes estar totalmente alerta al tráfico de los vehículos. Recuerda que un descuido tuyo o de un conductor, pueden costarte la vida.
Mantente alerta a la entrada y salida de vehículos de algunos lugares, especialmente de garajes, parqueaderos y talleres de mecánica. De ellos o hacia ellos salen y entran vehículos.
No olvides ayudar a los que requieren cruzar la calle. Puede tratarse de ancianos, niños, discapacitados, etc.
No cruces una calle hasta no tener la seguridad de que los vehículos están detenidos, ni tampoco cruzar por delante de un vehículo detenido, hasta que no te cerciores de estar exento de cualquier eventualidad que represente peligro para ti.
En las calles, carreras o avenidas de doble o más calzadas, los vehículos transitan en ambos sentidos. Cerciórate de haber establecido plenamente que puedes cruzar uno de los carriles o ambos, sin correr peligro.
Recuerda que es prudente cruzar por el lugar más seguro. De ser posible, cruza por las esquinas, donde los vehículos van más despacio y los peatones tienen preferencia, en línea recta y perpendicular a la acera. Evita cruzar la calle por detrás de vehículos estacionados, por cuanto los conductores de otros vehículos pueden no estar mirando hacia allí y provocas un accidente.
Las plazas y las glorietas (o road point) deben cruzarse con el mayor cuidado, por cuanto son zonas muy complicadas. La circulación de los vehículos que van rodeando el lugar o los que entran y salen del giro, constituyen un verdadero peligro. Se recomienda rodear la plaza o la glorieta por las esquinas, antes que cruzarlo.
Hay lugares en los que la circulación de los vehículos es sumamente veloz y el número de los mismos impide encontrar un instante para cruzar la vía. Son canales o carriles de los llamados de alta velocidad, que permiten la evacuación rápida del flujo vehicular. Detener el tráfico en estos viaductos ocasiona más problemas. Se recomienda el uso de los puentes peatonales.

LOS PASAJEROS
Los siguientes son consejos para un comportamiento correcto cuando se viaja en condición de pasajero:
No saques la cabeza o los brazos por la ventanilla. No arrojes papeles y otros objetos por la ventanilla. No debes apoyarte en las puertas ni jugar con las manijas o botones.
Cuando bajes, hazlo siempre por el lado de la acera, para evitar ser atropellado por los vehículos que circulan por la vía.
Al subir o bajar de un vehículo, espera a que esté totalmente detenido, y hazlo solamente en los paraderos autorizados. De esa manera, contribuyes a mantener el tránsito ordenado de la ciudad.
Si viajas de pie, tómate bien de los pasamanos o el respaldo de los asientos, para evitar caer si el vehículo es frenado intempestivamente. Si vas sentado, nada pierdes con ser galante y bien educado, cediéndole el lugar a los ancianos, mujeres embarazadas, mujeres que llevan bolsas y niños, discapacitados, etc.
Recuerda: el conductor del vehículo no tiene obligación de saber en dónde te quieres bajar. Es conveniente que avises con anticipación y prepararte con tiempo suficiente para salir. 




MUNDO SALVAJE. HEMINGWAY Y EL CHIVO MONO

El grande escritor norteamericano, aficionado número uno de las corridas de toros, apartando a un lado la forma de su muerte, debería ser la insignia y señal de los que en la Costa Caribe se dedican a la transmisión de las fiestas en corraleja. Antes de hablar paparruchadas, bien les vendría adentrarse en las páginas de los libros de Hemingway, para acopiar opiniones, datos y otros aspectos que tan notable escritor observó durante años de seguimiento de la actividad torera.
Por ejemplo: Nos apropiamos de la afirmación que cualquiera nos hace sobre un tema en particular, y si el otro está errado, regamos la especie y cuando nos damos cuenta ya es tarde. Todos suponen que un dato diferente, es cosa vacua, necedad de los enemigos de las fiestas de corraleja. Pero poco, muy poco, sabemos del mundo del toreo.

A raíz de la tragedia del 20 de enero de 1980 en Sincelejo, muchos acogieron el infundio de que los tres toros que se quedaron estáticos en el ruedo, mientras las gentes huían sin concierto buscando un refugio, se debió a algo sobrenatural. Todos olvidamos que el toro más bravo, pierde furor cuando le cae agua encima, y mucho más, cuando es producto de una lluvia torrencial como la de ese día. El animal, instintivamente, agacha las orejas para evitar que el agua penetre por los oídos y le cause problemas posteriores. No hubo otra razón para mirar desprevenidamente a los que cruzaban por el lado.

En otro aspecto, un toro de buena casta tiende a ser manso en el potrero. El afamado Chivo Mono, el toro que le dio fama a don Vinicio Cordero, un ganadero monteriano, adquirió fama en ese sentido. Cuando estaba en el potrero, si corría hacia alguien que cruzaba por allí, no era más que buscando un poco de azúcar que le agradaba en demasía. Otra cosa era su ingreso al ruedo. Nadie lo vio salir a las volandas del torin o torineta o chiquero. Parecía comprender que su misión era otra y pasaba con tranquilidad por la puerta, apreciaba el conjunto, escogía un objetivo y atacaba. Casi siempre con seguridad, fatal para el objetivo, complacencia para él.
El escritor norteamericano dice: “El toro es un animal de combate y cuando la raza ha permanecido pura gracias a una crianza cuidadosa, ese mismo toro se convierte, cuando no lucha, en el más tranquilo y apacible de todos los animales” y en el tratamiento del mismo tema, agrega con autoridad:

“El toro es un animal salvaje, cuyo mayor placer consiste en la pelea y aceptará la que le ofrecen bajo cualquier forma y replicando a todo lo que tome por desafío. Sin embargo, los mejores toros de combate reconocen y saben quién es el mayoral o guardián que lo tiene a su cuidado”.

¿Sabe usted cómo trata el mantero de fama a los que lo acompañan en el ruedo? El escritor norteamericano, refiriéndose a la condición social de los toreros, nos lo dice. No debemos olvidar que el mantero es de lo más humilde entre los humildes. “Son afables, generosos, corteses y muy estimados de todos los que tienen una posición superior a la suya, y avariciosos, mezquinos, miserables, capataces de esclavos con los que trabajan para ellos”. Observe la cuestión en la próxima corraleja.
El espacio no da para más, pero quedan muchas otras qué señalar sobre la materia.


Edilberto
Doña Noris  Peinado de Paternina nos confió un encargo ineludible, que venimos a cumplir y porque así lo deseamos: Decirles a todos y cada uno de los miembros del Club Kiwanis de Sincelejo, que ella, sus hijos, sus nietos y demás familiares, les agradecen en el alma y con el alma, el ofrecimiento de la liturgia más importante de nuestra iglesia, como es la Santa Misa, en memoria de su amigo, su compañero, su esposo, Edilberto Paternina Pacheco, el inolvidable Walbe, como le llamábamos amigos y familiares.

Alguna vez mi madre, Silvia Rosa, me aseguró que el dolor más grande de un ser humano es la muerte de un hijo y del hombre o la mujer que nos ayudó a dejar testimonio de la voluntad divina de nacer, crecer y multiplicarnos antes de volver a la dimensión que nos corresponda. Cuando me lo dijo, había visto morir cuatro hijos y al hombre de su vida, cuyo amor y recuerdo le ayudó a soportar cuarenta años de viudez, de soledad pese a la prole numerosa que quedó de su amor y que la rodeaba diariamente, hasta el último minuto que vivió en este mundo. Somos convencidos de que Noris, con el paso de los días y en la soledad en donde se rumian en silencio los recuerdos, y gracias a su inmenso amor por Walbe, habrá de proceder en la misma forma, hasta que El Eterno, El Creador, disponga que es hora de volver a unirse, ahora en la dimensión donde la vida, y por tanto el amor, son eternos.

Por ello comprendemos a la gran amiga, a la madre amantísima y a la esposa amorosa y consagrada que hoy me encomendó esta difícil tarea,  para decirles a los amigos de Kiwanis, que con Edilberto Paternina Pacheco, se fue un socio de corazón, que al inicio de la organización aplicó, junto a Noris y con ella, los principios fundamentales de la organización internacional, y que con el concurso de quienes emprendimos la tarea, construimos una sociedad mejor y demostramos que no se requieren riquezas para contribuir al desarrollo y ayudar a quienes  esperan un aporte de simpatía, de aprecio, de comprensión. Nun Kiwa Nis, la frase comprimida en una palabra y procedente de tribus primitivas del norte del Nuevo Mundo, halló en Edilberto y Noris, el entendimiento de que todos podemos ayudarnos. Y a fe que lo lograron, y aún fuera de la organización, siguieron haciéndolo.

Amigos Kiwanis: Noris, sus hijos, sus nietos, todos sus familiares, reciben con agrado este reconocimiento a la memoria de un hombre que supo ser un buen ciudadano, un excelente ciudadano, un esposo fiel, un padre amoroso y un amigo cuyo recuerdo será imperecedero.
Que la bendición del sacerdote oficiante sea el premio que ustedes reciban en esta mañana.




HISTORIA DE CRISTO

I
Del autor al lector:
De quinientos años a esta parte, los que se llaman “espíritus libres”, porque han desertado de la Milicia por los Ergástulos, se desviven por asesinar una segunda vez a Jesús. Para matarle en el corazón de los hombres.
Apenas pareció que la segunda agonía de Cristo llegaba a los penúltimos estertores, se presentaron los necróforos. Jumentos presuntuosos que habían tomado las bibliotecas por establos; cerebros aerostáticos que creían poder tomar con la mano la sumidad de los cielos, montados en la mongol fiera de la filosofía; profesores atacados de satiriasis por fatales borracheras de filosofía y de metafísica, se armaron — ¡el hombre lo quiere! — como otros tantos cruzados contra la Cruz. Algunos extravagantes creadores de fábulas dieron en propalar, con una fantasía que dejaba chiquita la famosa de Radcliffe, que la historia de los Evangelios era una leyenda , a través de la cual, se podía, cuando mucho, reconstruir una vida natural de Jesús, el cual fue por un tercio profeta, por un tercio nigromante y por el otro tercio caudillo de la plebe; y no hizo milagros, como lo sea la curación hipnótica de algún poseído; y no murió en la cruz, sino que despertó en el frío de la tumba y reapareció luego con aire de misterio, para hacer creer que había resucitado. Otros demostraban, como dos y dos son cuatro, que Jesús es un mito creado en tiempos de Augusto y Tiberio y que todos los Evangelios se reducen a un mal combinado mosaico de textos proféticos. Otros representan a Jesús como un ecléctico aventurero que había concurrido a las escuelas de los Griegos de los Budistas y de los Esenios y había amasado, a la de Dios es grande, sus plagios para hacerse creer el Mesías de Israel. Otros hicieron de él un humanitario maniático, precursor de Rosseu y de la divina Democracia: hombre excelente para su tiempo, pero que, en la actualidad sería confiado al cuidado de un alienista. Otros, finalmente, y para terminar de una vez por todas, volvieron a la idea del mito, y, a fuerza de fantasear y de comparar, llegaron a la conclusión de que Jesús no había nacido en ningún lugar del mundo.

¿Pero quién ocuparía el puesto del gran desterrado? Cada día se ahondaba más la huesa, pero no lograban enterrarlo del todo en ella.  
Y he aquí una escuadra de faroleros y recaudadores del espíritu dedicados con ahínco a fabricar religiones para el uso y consumo de los irreligiosos. Durante todo el ochocientos los hornearon de a pares y de a media docena a la vez. La religión de la Verdad, del espíritu, del Proletariado, del Héroe, de la Humanidad, de la Patria, del Imperio, de la Belleza, de la Naturaleza, de la Solidaridad, de la Antigüedad, de la Energía, de la Paz, del Dolor, de la Piedad, del Yo, de lo Futuro, y así sucesivamente. Algunos no eran más que malos remedos de cristianismo decapitado y deshuesado, de cristianismo sin Dios; las más eran políticas o filosofías que intentaban cambiarse en místicas. Pero pocos eran los fieles y débil el entusiasmo. Aquellas abstracciones heladas, aunque sostenidas, a veces, por intereses sociales o por pasiones literarias, no llenaban los corazones de donde se había querido arrancar a Jesús.

Se tentó, entonces, compaginar facsímiles de religiones que tuvieran más y mejor que las otras, lo que los hombres buscan en la religión. Los Francamente, los Espíritus, los Teósofos, los Ocultistas, los Científicos, creyeron haber encontrado el sucedáneo infalible del cristianismo. Pero estas ollas podridas de supersticiones mohosas y de cabalística cariada, de simbólica simiesca y de humanitarismo acedo, estos remiendos mal zurcidos de budismo de exportación y de cristianismo falsificado, si contentaron a algunos millares de mujeres pasadas de moda, de bípedos pollinos, de condensadores del vacío, pare usted de contar.

Mientras, entre un presbítero tudesco y una cátedra suiza, se venía preparando el último Anticristo. Este, bajando de los Alpes hacia Oriente, dijo: Jesús ha mortificado a los hombres; el pecado es bello, la violencia es bella, es bello todo lo que dice sí a la Vida. Y Zarathustra, después de haber arrojado al Mediterráneo los textos griegos de Leipzig y las obras de Maquiavelo, comenzó a picotear con el donaire que puede tener un tudesco nacido de un pastor protestante y bajado recién de una cátedra helvética, a los pies de la estatua de Dionisio.  Pero por más que sus cantos resultaron dulces al oído, nunca logró explicar qué es esta adorable vida a la cual se debía sacrificar una parte tan viva del hombre cual es la necesidad de vencer en sí mismo la bestia; ni nos supo decir la manera como el Cristo vivo de los Evangelios se contrapone a la vida, él que la quiere más elevada y feliz. Y el pobre Anticristo sifilítico, próximo a la locura, firmó su última carta: El Crucificado.

II
Y con todo, a pesar de tanto derroche de tiempo y de ingenio, Cristo no ha sido expulsado todavía de la tierra. Su memoria se encuentra en todas partes. En las paredes de Las iglesias, en los nichos de las calles, a la cabecera de los lechos y sobre las tumbas, millones de cruces recuerdan la muerte del Crucificado. Raspad los frescos de las iglesias, removed los cuadros de los altares y de las casas y la vida de Cristo llena los museos y las galerías. Arrojad al fuego los misales, los breviarios, los eucologios y hallareis su nombre y sus palabras en todos los libros de las literaturas. Hasta la blasfemia es un involuntario recuerdo de su presencia.

La Gentilidad y la Cristiandad nunca podrán soldarse entre sí. Antes de Cristo y después de Cristo. Nuestra era, nuestra civilización, nuestra vida empieza en el nacimiento de Cristo. Lo que fue antes de su venida podemos buscarlo y saberlo, pero no es nuestro, está señalado con otros números, circunscrito en otros sistemas, no agita más nuestras pasiones; puede ser todo lo bello que se quiera, pero está muerto. César con sus tiempos, hizo más ruido que Jesús y Platón enseñaba más ciencia que Cristo. Todavía se habla del primero y del segundo, pero ¿quién se acalora por César o contra César? ¿Y dónde están, hoy, los platónicos o anti platónicos?
En cambio, Cristo está siempre vivo entre nosotros. Hay todavía quien lo ama y quien lo odia. Existe una pasión por la pasión de Cristo y una por su destrucción. El enfurecerse de tantos contra él dice bien claramente que todavía no ha muerto. Los mismos que se desviven por negar su doctrina y su existencia pasan la vida recordando su nombre.

 Vivimos en la era cristiana. Y ésta no ha terminado. Para comprender este nuestro mundo, nuestra vida, para comprendernos a nosotros mismos hay que referirse a él. Cada edad debe volver a escribir su Evangelio.
También la nuestra lo ha escrito, y más que otra alguna. De suerte que el autor de este libro debería, llegado a este punto, justificarse de haberlo escrito. Mas, la justificación, si es necesaria, se manifestará a los que la creyeren hasta la última página.
Ningún tiempo como éste estuvo tan apartado de Cristo y tan necesitado de Cristo. Pero para volverlo a hallar no bastan los libros viejos.
Ninguna vida de Jesús, así la escribiera un escritor de genio más sublime de cuantos han existido, podría ser más bella y perfecta que los Evangelios. La cándida sobriedad de los primeros cuatro historiadores no podrá ser superada jamás por todas las maravillas del estilo y de la poesía. Y bien poco podemos añadir a lo que ellos dijeron.

Más, ¿quién lee, hoy, a los Evangelios? ¿Quién los sabría leer de veras, en caso de hacerlo? Las glosas de los filólogos, los comentarios de los exégetas, las variantes y la erudición de los apostilladores de poco sirven; enmiendan a la letra, juego de admirable paciencia. Pero quiere otra cosa el corazón.
Cada generación tiene sus preocupaciones y sus ideas propias —y sus locuras — Se supone una nueva traducción del antiguo Evangelio a favor de los descarriados. Para que Cristo viva siempre en la vida de los hombres, para que esté eternamente presente, es forzoso resucitarlo de vez en cuando; no para retocarlo con los colores de moda, sino para representar, con palabras nuevas y con referencias a la actualidad, su eterna verdad y su historia inmudable.
El mundo está lleno de estas resurrecciones de librería, doctas o literarias; pero parécele al autor de la presente que muchas han sido olvidadas y que otras no son apropiadas. Especialmente en Italia, después de las últimas experiencias.
Para narrar la historia de las historias de Cristo sería menester otro libro más voluminoso que éste. Pero las más leídas y conocidas se pueden dividir, así a los ojos de buen cubero, en dos grandes porciones. Las escritas por gente de Iglesia para los creyentes y las escritas por hombres de ciencia para los profanos. Ni aquella ni éstas pueden satisfacer a quien busca en una vida, la Vida.

                                                                                                                                                                                                                                                   III
De las vidas de Jesús destinadas a los devotos se desprende un no sé qué de marchito y rancio que repele, desde las primeras páginas, al lector habituado a alimentos más delicados y sustanciosos.  Hay un humazo de pábilo recién apagado, un hacedor de incienso desvanecido y de aceite inferior que corta el aliento. No se respira bien. El incauto que se aproxima, recordando la vida de los grandes escrita con grandeza y poseyendo algunas nociones del arte de escribir y de la poesía, siente como un vahído al avanzar por esa prosa floja, pesada, deshilachada, conjunto de remiendos y mosaico de lugares ¡ay! Demasiado comunes, que vivieron mil años ha, pero que hoy yacen exánimes, cristalizados, empañados como las piedras de un lapidario o los llantos al unísono de un ritual. Y la cosa empeora cuando estos jamelgos extenuados quieren lanzarse, repentinamente, al galope de la lírica o al trote de la elocuencia. Sus gracias desusadas, ese acicalamiento en el decir que sabe a arcadia purista y a modelo de escritura para las academias provinciales, ese falso calor, entibiado por una melosa dignidad, acobarda a los más resistentes y temerarios. Y cuando no se abisman en los misterios brumosos de la escolástica, caen en la oratoria hipnótica de la homilía dominical. En una palabra, son libros escritos para quien cree en Jesús — es decir, para quien, en cierto sentido, podría prescindir de ellos. Los hay también óptimos, pero los laicos, los indiferentes, los artistas, los familiarizados con la grandeza de los antiguos y con las novedades de los modernos no buscan esos volúmenes o bien los abandonan, después de un primer vistazo. Y, sin embargo, son precisamente estos lectores los que deberían ser conquistados, porque son los que Cristo ha perdido y hoy imponen al público su opinión y pesan en el mundo.

Los otros, los doctos que escriben para los neutros logran tanto o menos que aquéllos, en cuanto a llevarle a Jesús las almas que no saben que son cristianas. En primer lugar, porque casi nunca es éste el fin que se proponen y ellos mismos, con pocas excepciones, se hallan entre aquellos que deberían ser llevados nuevamente al Cristo real y vivo; y después, porque su método, que pretende ser, según dicen ellos, histórico, crítico, científico, los lleva más bien a detenerse en los textos y hechos exteriores, para determinarlos o destruirlos, que el valor y luz que se podrían hallar, queriendo, en aquellos textos y en aquellos hechos.  Los más tienden a encontrar al hombre en Dios, la normalidad en el milagro, la leyenda en las tradiciones y los apócrifos (II) en la primitiva literatura cristiana. Los que no llegan de los testimonios que todavía nos quedan acerca de él y a fuerza de “si”, de “pero”, de “consideraciones” y de “respetos”, de “dudas” y de “hipótesis”, no alcanzan a escribir historia cierta, aunque felizmente, tampoco logran destruir la contenida en el Evangelio. ¡Tales y tantas son las contradicciones entre ellos mismos! De suerte que cada nuevo sistema tiene por lo menos el mérito de reducir a la nada todos los inventados antes. En suma, estos historiadores, con todo su andamiaje de resortes y remiendos, con todos los recursos de la crítica textual, de la mitología, de la paleografía, de la arqueología, de la filosofía semítica y helenista no hacen más que triturar y diluir, a fuerza de desmenuzamientos y artificios, la vida sencilla de Cristo. La conclusión más lógica de todas estas investigaciones curiosas, de toda esta agitación es que Jesús nunca vino a la tierra o que, si por acaso de veras vino, no podemos decir nada cierto al respecto. Queda, indudablemente, y no tan fácil de borrar, el cristianismo, pero lo único de que son capaces estos enemigos de Cristo es ir de Oriente a Occidente en demanda de las “fuentes”, como dicen, del pensamiento cristiano, con la santa intención, nada disimulada, por cierto, de reducirlo todo a sus precedentes judaicos, helénicos y, acaso, indios y chinos para luego poder decir: ¿Véis? Este vuestro famoso Jesús, en resumidas cuentas, no sólo era un simple hombre sino un pobre hombre; tan es así, que nada ha dicho que el género humano no lo supiera ya de memoria antes que él.

  


LA PRIMERA CORNADA
Fidel y Manuel Madera, dos hermanos muy diferentes porque el primero era - ¿o es? - de mediana estatura hacia abajo, moreno, aindiado, mientras que Manuel era blanco, algo más allá de la medianía en la estatura y delgado. Al negro lo llamaban el “Ñato” y al otro “Maderita”. El moreno no salió de las corralejas mientras que el otro alcanzó a vestir traje de novillero sin éxito, porque el estilo corralero - ¿o corralejero? - es diametralmente diferente a la corrida tradicional. En el estilo español es algo así como un arte y el de la corraleja tremendista, en donde solamente el coraje y la agilidad distinguen al buen mantero.

Tal vez por eso no habrá jamás un torero al que calificar de El Polvorín, un mantero que se enfrentaba al animal y se enredaba con él en medio de un torbellino que los hacía invisibles y que se despejaba cuando el mantero emergía de la intensa polvareda indemne, al tanto que el toro reposaba del intenso ajetreo. Dos o tres más, según las leyendas, hicieron lo mismo y se habla de un mantero que en la plaza de Rabolargo no salió de la polvareda “porque el toro era el diablo mismo que se encargó de llevárselo para el infierno”.

¿Por qué a los de las plazas de toros les llaman “toreros” y a los de la corraleja “manteros”, si cumplen una función semejante? Quizás por el utensilio con que ejecutan su oficio. El torero usa el capote y el de la corraleja una manta -cuando la corraleja era auténtica- que, en el principio, cuando la fiesta estaba destinada a celebrar el cumpleaños del patrón, era regalada por éste a los voluntarios que saltaban al cuadrilátero. Cuando se prostituyó la fiesta y se convirtió en negocio, cada voluntario adquirió su capote y su muleta. Cabe recordar que fue el monteriano Melanio Murillo, en su época de novillero porque luego pasó a picador y sobresalió en ello hasta en las mejores plazas de España, el que primero usó un capote en una corraleja. El mago Doney Vergara, sincelejano y mantero en su mocedad, afirma que fue en la corraleja de Chinú, por allá por los años cuarenta del siglo pasado, en donde Melanio esperó pacientemente la salida del toril de un astado sobresaliente y se dirigió a donde estaba, despegó el capote y le hizo una faena jamás vista antes por los chinuanos. De allí en adelante, la manta, la camisa, la toalla, la hoja de periódico, quedaron para los borrachitos necios, que hoy, “en la modernización y “humanización” de la fiesta, debe pagar para que lo mate el toro.

Lo que vamos a dejar sentado es realidad, porque numerosas personas escuchamos las expresiones de una mujer que idolatraba a los dos hermanos Madera y era tildada de “bruja”. Vivía ella muy cerca del viejo puente de Montería, en el barrio Chuchurubí y se llamaba Victoria Ospino. Allí residió en compañía de su hermana Edelmira, comadrona famosa de esa zona de la vieja Montería, hasta su muerte, cuando se cumplió la palabra de la que dominaba las cosas exotéricas y esotéricas que crearon un largo historial en el Caribe colombiano.

“Mientras yo viva, Manuel y Fidel Madera no morirán en las corralejas. Y si Dios acepta mi pedido, morirán de viejos, pero no por cornadas de toros”. La primera cornada seria y peligrosa la recibió Fidel cuando se acercaba, sentado sobre el duro piso de la corraleja con un par de banderillas y al lanzar el grito para incitar al animal, éste arrancó con tanta fuerza y velocidad, que le metió el cacho por la boca y la punta asomó un poco más abajo del ojo derecho. De allí nació el remoquete de “El Ñato”. Era la primera de sesenta y dos cornadas que recibió en los años siguientes. Victoria Ospino acababa de morir en su casa en el mismo momento.

¿Coincidencia? ¿Realidad o ficción? ¿Acomodamiento de la fecha para lograr la coincidencia? ¿Brujería y cosas del diablo? ¿Milagro operado por fuerzas divinas? Quienes seguíamos en ese entonces con ojo crítico la bárbara fiesta de las corralejas, no podemos omitir la coincidencia de la primera cornada del “Ñato” Fidel Madera y la hora de la muerte de Victoria Ospino. Viejo, con el cuerpo remendado como saco yuquero, apenas rememorando sus aventuras placeras, sus trifulcas y el abandono y el olvido que los “amantes y promotores” de las corralejas, y hasta las autoridades y la sociedad le dan como premio a los manteros, el “Ñato” deambula de un lado a otro en los alrededores del Seminario, al final del barrio La Granja y otros sectores populares de la zona sur de Montería, por donde siempre fue el rey, ahora en su nuevo papel de capotear a la muerte y antes que recibir la cornada final, clavarle profundamente en el morro las banderillas que brindará a la memoria de Victoria Ospino, su protectora.




LA REGALADA
Era uno de los sitios que sus cavilaciones le habían señalado como adecuado para lo que pretendía hacer, a sabiendas que ni su propia conciencia lo aceptaba. No pretendía mostrar valor, coraje, decisión ni nada parecido, porque también podía presentarse como una cobardía, una debilidad espiritual, una vacilación. Y volvía a enredarse en lo que cualquier otra persona podría considerar una locura. Llevaba tanto tiempo en lo que parecía una constante sístole y diástole, que al final tampoco lograba saber qué era mejor: la vida o la muerte.

 ¿Qué era la vida? Mejor aún ¿qué era la muerte? Entendía que entre la una y la otra, existía un algo indefinido del que nadie hablaba. Surgimos de la nada y entramos a la nada. Un espacio igual al que existe entre la A y la Z, entre Alfa y Omega, entre la verdad y la mentira, el sol y la luna, entre un ojo y otro, de uno a otro orificio de la nariz, y así, sucesivamente, la Creación estaba formada por una derecha y una izquierda o un arriba y un abajo. Todo tenía una antítesis, o lo que es lo mismo, una contraposición, un enfrentamiento natural.

¿Por qué no había un todo definido, sin oposición, compacto, integral? No encontraba respuestas. Definitivamente, Dios o la naturaleza o quien quiera que había creado el universo, debió tener dudas al momento de hacer las cosas, porque no de otra forma podía concebirse el pro y el contra. Se hace o no se hace, pero el error, que podría ser el enlace, no tuvo cabida en su intención.  Lo extraño, se dice, es que ese ente creador introdujo en la mente de su obra máxima, el ser humano, lo que a él no le asaltó: la indecisión, la duda, el suspenso. Fue directo a su trabajo, sin vacilaciones, sin pretender cambiar a último momento, sin variar en su idea primitiva.
Cuando salió entre las luces del alba hacia el río, había decidido llegar y lanzarse a las aguas sin vacilaciones. La hora adecuada, porque solamente los areneros, los que sacan de entre las aguas los residuos sólidos para venderlo a los que construyen edificaciones y uno que otro pescador madrugador, ocupaban sus respectivos sitios en las albarradas. Si se daban cuenta sería tarde para tratar de evitar su muerte por inmersión, especialmente en el sitio escogido, en donde los remolinos que se forman en las orillas del caudaloso venero tomarían su cuerpo enjuto y lo llevarían al fondo, en donde quedaría pegado al lecho dando vueltas y vendría a despegarse cuando ya no habría ocasión ni acción alguna de reanimarla. Se habría cumplido el sino inexorable de volver a la nada de donde había surgido. El ser humano no vuelve al polvo ni se convierte en polvo ni es de polvo, como aseguran los religiosos cuando dicen: polvo eres y en polvo te convertirás. Si moría ahogada en el cantil de la treinta y seis, sacarían de allí su esqueleto con algunos pingajos de carne podrida, pero de ninguna manera el polvo religioso. Eso, si se daban cuenta, de lo contrario, sus restos darían vueltas en el fondo hasta el fin de los tiempos.




LAS ORGANIZACIONES QUE SABEN DE TODO
En una ligera revisión de un certificado de la Secretaría de Hacienda, respondiendo una solicitud del líder popular Juan Martínez, resalta de qué manera se manejan en Sincelejo los dineros públicos. Una organización de bailadores resultó digna de asesorar a la ONU, la OEA o cualquier organismo internacional, de cómo dominar todas las áreas del saber. Es que parece que la vida no es solamente bailar. Hay que enriquecerse a como dé lugar. Ritmo Caliente, sus directivos, saben bailar fandangos y porros, pero al mismo tiempo de cómo actuar detrás de bambalinas, cómo apoderarse del dinero público para luminotécnica, capacitación popular, cómo cocinar un mondongo, preparación de talleres sobre el desarrollo de la energía atómica, plantas nucleares, exploración del cosmos, los modernos sistemas de elaboración de mazamorra de maíz, etc.

Ni qué decir de la inversión, en una sola persona, de cientos de millones de pesos para preparar la asistencia sincelejana al buen éxito del festival vallenato. Será tan seria la cosa, que el beneficiado dijo en una emisora local que tenía los documentos y suministró los nombres de quienes recibieron millones de pesos porque sí, sin llenar más requisito que extender la mano. Sin nombramiento, sin póliza de manejo y garantía, sin responsabilidad posterior, el que recibió cuatrocientos millones de pesos anuales, en los dos últimos años por lo menos, se convirtió en ordenador del gasto, en planificador de proyectos y programas, en contralor, auditor y repartidor del erario municipal ¿Y qué pasó con el ex asesor cultural elevado a la categoría de secretario privado y alcalde frecuente, que no entregó la oficina a su sucesor para evitar cuestionamientos? ¿Qué pasó con el ordenador del gasto? ¿Cómo hizo el de Planeación para acomodar el despilfarro? ¿Por qué la Secretaria de Hacienda guardó silencio y permitió que esto ocurriera? ¿Y el contralor, el personero y demás entes de control? ¡Qué vaina, no vieron el poblado bigote que así engañó a los sincelejanos!
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El actual alcalde, al asumir las funciones denunció que le entregaban un desbarajuste de proporciones, que la desorganización era la norma, que no había podido recibir los informes de varias dependencias porque los titulares se consideraban más alcalde que el saliente que, de paso, mantuvo a un acordeonero casi que toda la mitad del período en el cargo mientras él contaba el ganado. Jairete anunció que el quince de enero daría un informe pormenorizado, pero se equiparó a sus antecesores: Mucho bla bla y prefirieron archivar los déficits, las deudas, los compromisos y, claro está, el despilfarro ¿Será que va a esperar el término de su mandato para que le paguen el favor?
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Qué pasaría con la investigación de una modesta campesina sabanera que se llevaron para Bogotá y murió, misteriosamente a los dos días, es una pregunta que fue archivada luego de una reunión en la que repartieron cerca de cuarenta millones.
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¿Qué harían con los contratos de una empresa y el municipio, cuando al gerente de aquella fue nombrado en un alto cargo? Es decir, contratante y contratista al mismo tiempo. ¡Qué felicidad!
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En la campaña electoral se lanzó el cargo, pero todo mundo se quedó callado cuando se recordó que una familiar del denunciante había estado en la dependencia. ¿Se quitará Jairete el yugo de mantener a una “filántropa” dirigiendo las actividades, mandando más que el titular y, sin compromiso alguno, disponer los gastos de la dependencia? Necesariamente recomendará qué contratos firmar y con quién. Y poco a poco, con maña y saliva, ya es una de las mujeres más ricas de Sincelejo.
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MI VIDA FUE UNA CANCION
¡Hola soledad!
No me extraña tu presencia
Casi siempre estás conmigo,
Te saluda un viejo amigo
Ven y calma mi dolor.

He notado, mejor, he comprobado, que a medida que se me acaba el tiempo de estar en esta dimensión, la memoria se burla de mí, y me pone, desde que despierto a cualquier hora de la madrugada o de la mañana, la estrofa de una canción cualquiera que tarareé en mis años mozos o que bailé en las fiestas familiares a las que se me permitía asistir, hasta que gané los primeros billetes y monedas y me hice asiduo de los prostíbulos.
Y me paso el día con el mismo trozo que se vino a mi mente, haga o no algún trabajo. Hasta hace pocos años abría las páginas del periódico del día para leer el horóscopo y saber qué me deparaba el destino para las veinticuatro horas siguientes. En ese entonces coleccionaba los horóscopos y llegué a una conclusión: o mi madre se equivocó sobre el día de mi nacimiento o también, por una mala jugada del destino, el lunes el vaticinio correspondía y encajaba perfectamente con los sucesos, con las ocurrencias del domingo. Los periódicos y las revistas especializadas estaban allí para demostrarlo. Y decidí no seguir con el asunto, por carecer de gracia establecer que no había vaticinio alguno sino confirmación de hechos y circunstancias. Eso lo sabía. ¿Para qué consultar lo que ya conocía? No tenía ninguna gracia.

Trato de dirigir mi atención a otras cosas, y nada. El estribillo surge por sí solo, como si en el tocadiscos de mi masa encefálica el disco se hubiera rayado y no pasara del mismo lugar. Hoy, por ejemplo, he buscado en todas las formas imaginables dirigir mi atención a elucubrar sobre las supuestas dimensiones de la vida del ser humano, y cuando me acerco a lo esencial, se atraviesa Soledad con el sonido característico y armonioso de la voz de Rolando La serie:

Yo soy un pájaro herido
Que llora solo en su nido
Porque no puede volar
Y por eso estoy contigo
Soledad yo tu amigo
Ven y vamos a charlar.

Si en verdad el hombre sale de la muerte, porque la muerte es la nada, vive una temporada en este espacio y vuelve a la nada cuando muere, pienso que debe haber algo allá en esa nada. No tendría objeto nacer para morir sin esperanza ninguna. Algunas religiones hablan de la vida eterna, pero allá en otro lugar del que hasta el momento nadie ha regresado. Cuando niño, leí en la revista Selecciones del Reader Digest, un artículo en el que el autor aseguraba que el único milagro obrado por los apóstoles, los compañeros de Jesús, fue el de decidir, cansados de esperarlo al tercer día, pregonar que había resucitado. Y cuánto trabajo les costó convencer a Tomás a sumarse a la patraña, porque este se empecinaba que hasta no meter su dedo en las heridas del cuerpo del Maestro, no podría asegurar que hubiera vuelto del más allá. Y según el escritor, la decisión se tomó para no quedar mal ante la comunidad. Y se regó que el crucificado había vuelto después de tres días de permanecer en el infierno, que de paso no tenía justificación si se recuerda que El Eterno, El Todopoderoso, El Omnipotente, El Omnisapiente, había creado todo, y por lo tanto el infierno, si es verdad que existe, está sujeto a sus caprichos. Recientemente un papa dijo desde Roma que el infierno no existe. Ni el Purgatorio, y, por lo tanto, ni el cielo. No se le puso mucha atención, a pesar de que la merecía, al asunto. La gente de hoy no vive para establecer milagros ni santidades, sino para gozar la vida a como dé lugar. Parece que todos estamos convencidos de que después de esta, no hay otra vida y, en consecuencia, lo mejor es gozar hasta el máximo los deleites que podemos alcanzar. Pero no. Pensamos que la craneada creación, debió tener en cuenta esos aspectos, y que no es Dios el arquitecto de universidades a distancia, como para caer en errores de esa índole. Algo debe haber allá, en alguna parte, en donde caeremos inmediatamente salgamos de esta dimensión. Y por muy infinita que sea la bondad del Creador, los que anticipan la muerte de sus similares, no pueden ir a gozar de las mismas prebendas.

Es innegable que muchos que alcanzaron el título de santos, santas y vírgenes, merecieron viajar al infierno y no al cielo. Asesinos intelectuales, asesinos directos, auspiciadores de la violencia, soldados profesionales que en el ejercicio de sus funciones mataron a sus semejantes, fueron declarados santos. Y como para justificar en algo la cuestión, le dieron a Dios el calificativo de Dios de los ejércitos, como si él tuviera la necesidad de los violentos para reinar sobre lo que creó. Y los judíos, ávidos de acaparar las tierras ajenas, las tierras cultivadas por otros pueblos crearon a Jehová, convirtiéndolo en un dios de muerte, de venganza, injusto, avaricioso, pretencioso, abusador de su poder y, lo peor, obligando a sus seguidores a violar la misma ley que instauró. Por ello en las páginas sagradas pululan las negativas del ser maternal, el incesto con las hijas, hermanas y otras parientas, la sodomía, la venta de hermanos para que se cumpliera su palabra en el futuro, y, en fin, abusos de toda naturaleza. A la mujer, sin cuyo concurso no habría podido el hombre multiplicar la especie, es tratada como un trasto inútil, sin importancia, como objeto del que se puede hacer uso cuando le venga en gana, pero eso sí, para su uso exclusivo. El hombre asiático puede tener tantas mujeres como quiera, pero la mujer peca hasta con la mirada y se le castiga fuertemente. Y en eso del dios de los ejércitos, son los representantes de él en la tierra, los sacerdotes y los pastores de todo pelo y concepción, como sucede en nuestro país, antes que cumplir al pie de la letra las enseñanzas de Jesús el Cristo, pugnan para que los que protestan sean muertos. El perdón no lo conciben, si con ello se rompen las líneas que les permite estar al lado de los poderosos, de los que les pagan las canonjías.





COSAS DEL MUNDO SALVAJE

El siguiente escrito lo encontramos tirado en la plaza Olaya Herrera, que pensamos debió salirse de algún portafolio. Pese a no compartir ni la fiesta de corraleja ni el escrito, lo damos a conocer para los que son amantes de las tradiciones sabaneras.



SOCIEDAD EN COMANDITA AMIGOS GANADEROS EN SUCRE

SECAGAENSUCRE

Se permite poner en consideración de los sucreños, el siguiente proyecto de ley, que persigue humanizar las fiestas de corralejas en este departamento, evitar los actos violentos y las protestas y acusaciones contra los organizadores, los animales y los manteros, garrocheros, banderilleros, enlazadores, etc., que manejan el espectáculo en rememoración de sus antepasados. Igualmente, para establecer drásticas penas a quienes violan las leyes de tratamiento de los animales lanzándoles botellas, palos, trapos encendidos etc., por cuanto en cumplimiento de las normas legales vigentes, cuya atención corre a cargo de las sociedades defensoras de animales, tales ocurrencias son sumamente graves y juzgadas conforme a las disposiciones contenidas en el Código Penal Especial.

Los siguientes son los apartes más importantes, del proyecto que será presentado de manera unánime por los parlamentarios del departamento —  libres, enjuiciados o condenados —  para que sea adoptado por el Congreso y sancionado y puesto en vigencia por el gobierno nacional, antes del mes de octubre del próximo año, que permita aplicarlo desde diciembre en adelante.
ARTÍCULO 1. Declárese, conforme a lo dispuesto por la UNO, a las fiestas del 20 de enero como patrimonio cultural de la humanidad y al mismo tiempo, para que sirva de ejemplo de desarrollo y progreso de los pueblos sensatos del mundo, y el medio más apropiado para incentivar el desarrollo mental, intelectual y artístico de las zonas en donde se lleven a cabo, pero de manera muy especial la ciudad de Chinchelejo.

ARTÍCULO 2. Las fiestas del 20 de enero deberán iniciarse el día 8 de diciembre, con celebraciones culturales, dándole énfasis al Reinado Popular y a los Reinados nacionales del Fandango, del 20 de enero y del Suero Atolla Buey. Queda prohibida la intervención en los actos públicos que se programen de conjuntos cursis de pito de flauta y de bandas de viento, y en general, de agrupaciones musicales y de música que no sea vallenata, por ser ésta la música de mayor aporte al desarrollo de la cultura y las artes en el país, pero con mayor énfasis en la Sabana. Las fiestas terminan el día 31 de enero, y en el lapso ya señalado, quedan automáticamente cerradas todas las oficinas públicas.

ARTICULO 3. El alcalde de turno organizará tomas de la ciudad en el lapso de las fiestas, de motos, camiones, buses, busetas, tractomulas, tractores, buldózeres, y de ser posible, de aviones. Al mismo tiempo, para que desde tales vehículos se adelanten en la corraleja las faenas con los toros bravos, de manera gradual, hasta que las gentes se habitúen al cambio paulatino. Con esta medida, se erradicará la presencia de patojos que, con sus malos olores corporales, saturan las delicadas fosas nasales de nuestros terratenientes, ganaderos, autoridades, dirigentes políticos, primeras, segundas y terceras damas, reinas de todos los colores, olores y sabores, así como de los millones de turistas que visitan a Chinchelejo con ocasión de las fiestas.
ARTÍCULO 4: Como es tradicional, en el mes de octubre el alcalde designará, entre sus familiares y amigos de mayor confianza, la junta organizadora de las fiestas. Tal junta no podrá tener más de cinco miembros, así: presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y administrador de la corraleja. No es necesario un fiscal, por cuanto la tradición señala la buena voluntad y la pulcritud de los que hasta el momento han estado en el manejo de las fiestas, además de ser un espectáculo de carácter privado que quedará exento de rendir cuentas de los dineros que reciba del municipio, el departamento, la nación y los dólares que aportarán organismos internacionales. A su vez, la junta designará a los organizadores de los certámenes colaterales.
PARÁGRAFO: La designación para miembro de la junta o de organizaciones colaterales, será de forzosa aceptación y quien se niegue, podrá ser enjuiciado criminalmente.
ARTÍCULO 5. Entre la UNO a través de ONICEF y ONESCO, los gobiernos nacional, departamental y municipal, deberán aportar anualmente la suma de Cien millones de dólares, para garantizar el éxito de la fiesta.
PARÁGRAFO: Del fondo monetario señalado, se atenderán los siguientes gastos:
a). Pago de cincuenta millones de pesos al ganadero del día por cada toro que salga al ruedo de la corraleja. El total del encierro será de mínimo cuarenta y máximo cincuenta animales.
b). Ningún toro podrá permanecer menos de dos minutos ni más de diez minutos en el redondel, para evitarle traumatismos sicológicos, conforme a las instrucciones emanadas de la Sociedad Protectora de Animales.
c). Para el cumplimiento de lo anterior, el ganadero del día dispondrá de tres vaqueros con lazos. Inmediatamente caiga un lazo sobre el animal, ningún mantero, banderillero, garrochero o “rejoneador” deberá acosar a la bestia, so pena de enjuiciamiento criminal por atormentar al toro, que merece todo el respeto ciudadano.
d). Quienes de los mencionados resulte herido por acosar un toro enlazado, atenderá lo referente a la limpieza de los cachos y de la piel del animal, en donde haya caído sangre plebeya.
e). Si uno de los mismos resulta muerto por las circunstancias anotadas, su familia tendrá que atender los mismos gastos, además de pagar un acto religioso concelebrado con sacerdotes y pastores de todas las iglesias y sectas que existan en la zona, para depurar el alma del animal.
f). Si un toro resulta herido o muerto, la junta organizadora reconocerá         al propietario la suma de Cien millones de pesos por las heridas o quinientos millones de pesos por su muerte.
g). Pago de un premio de quinientos millones de pesos al propietario del toro que adorne el redondel de la corraleja con las tripas de caballos. El valor señalado será reconocido por cada caballo corneado. Para alcanzar este sagrado y humanitario fin, se deroga el decreto del Marqués de Estella, general y político de nuestra madre patria, España, Miguel Primo de Rivera, quien en su condición de jefe del gobierno dispuso entre los años 1925 y 1929, colocar una especie de colcha para proteger el vientre de los caballos, lo cual desluce el espectáculo. Es sobrentendido que el propietario del caballo no podrá hacer reclamos de ninguna índole por la pérdida sufrida.
h). Al finalizar la fiesta se le hará un reconocimiento especial al animal que haya matado más caballos, y al propietario se le recompensará con la suma de $1.000.000.000, en reconocimiento al sano y cultural propósito de enfatizar la cultura y como ejemplo para las generaciones venideras.
i). El fondo formado por los aportes de las entidades señaladas deberá agotarse completamente, pero si llegare a quedar algún remanente, éste será repartido equitativamente entre los cinco miembros de la junta organizadora, sin tener en cuenta el monto, con el objeto de premiar la desinteresada tarea en el cometido que les fue encargado.
ARTICULO 6. Ni la UNO, ni la Nación, ni el Departamento, ni el Municipio ni la Junta Organizadora, tendrán responsabilidad alguna por las heridas y muertes causadas por los toros. Los que resulten víctimas serán sometidos a lo dispuesto en los acápites d) y e) del parágrafo del artículo que antecede.
PARAGRAFO 1: Ninguna persona que resulte muerta en el redondel o en los actos públicos durante las fiestas, será sepultada en camposanto, de acuerdo con las tradiciones. Los cuerpos, en ceremonia que deberá ser presidida por el Procurador, el Fiscal, el Defensor del Pueblo y un magistrado de cada una de las cortes, un representante de la curia, así como el Notario de turno, serán arrojados en el basurero local, por cuanto nadie los mandó a meterse en la corraleja respectiva. Todo esto de acuerdo con la bula expedida por su santidad el papa Pío V, el día 20 de noviembre de 1567, que niega sepultura en camposanto a los que son muertos por toros, ya que su Santidad Pío V consideraba más importante al toro y más digno de honores funerales, que a un vulgar torero. Como adehala se les excomulga de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana y ningún miembro del clero que explote el negocio de funerarias o de hornos crematorios, podrá omitir el cumplimiento de la sagrada medida, aún vigente.
PARAGRAFO 2: Los animales que durante las faenas maten a uno del vulgo en el ruedo, serán homenajeados a la par con sus propietarios, por las autoridades en acto público que tendrá lugar el día 31 de enero, como cierre de las fiestas. Para el efecto, se le entregará al ganadero una placa de plata para él y una de oro de 18 quilates para el toro.
PARAGRAFO 3: El municipio respectivo creará un Museo Cultural en donde se exhibirán para la eternidad la cabeza del animal reverenciado, después de muerto, y una fotografía grande del ganadero propietario, como ejemplo para las generaciones futuras y alabanza de quienes forjaron la intelectualidad y el desarrollo cultural de la zona.
ARTICULO 7: Con el propósito de modernizar las fiestas, queda totalmente prohibido el uso de abarcas tres puntá o similares, sombrero vueltiao y toallas. El atuendo deberá componerse de jeans, botas vaqueras, camisa de flecos, poncho o ruana y sombrero aguadeño, por cuanto son tales elementos los indicados para los nativos de la región, que se compaginan así con los nativos del Virreinato de la Plaza de Berrío, ejemplo de pulcritud, desarrollo y progreso”.
Hasta aquí lo más importante. SECAGAENSUCRE, teniendo en cuenta la trascendencia del proyecto y entendiendo la índole pacifista de los padres de la patria, entre los que destacan valerosas y enaltecedoras figuras de la inteligencia, considera que no habrá oposición alguna al proyecto. Pese a ello, ha obtenido la promesa formal de reconocidos miembros de la oratoria internacional, para defenderlo. Igualmente ha recibido la oferta del diputado Demóstenes, la máxima figura de la intelectualidad ganadera, reconocido nacional e internacionalmente como el orador más insigne de Chinchelejo, que con sus posgrados y maestrías en ordeñador de vacas, chofer y mandadero es una carta segura para el asesoramiento de los padres de la patria. en los debates en el congreso”.




¿QUÉ FUE LO QUE SE PERDIÓ?
Las últimas decisiones de las Cortes y de la Procuraduría, que afectan a la representación sucreña en el Congreso, fueron recibidas por un número considerable de ciudadanos como apropiadas y ejemplarizantes, para ver si así los electores se preocupan por mirar hacia otro lado que no sea la oferta de unos billetes que si acaso alcanzan para la comida de una semana.

Otros se rasgan las vestiduras porque solamente a Sucre se le está dando el tratamiento de perro con mal de rabia, pero son tan ciegos y tan sordos, que ignoran, adrede, los mismos casos de otras latitudes del país. Para esto hay dos caminos. Aceptar que el todopoderoso loquito colombiano, en unión con senadores antioqueños, decidieron durante una reunión celebrada en un establecimiento de Coveñas, que como los parlamentarios de Sucre eran tan ignorantes, obtusos y ciegos porque solamente ven los problemas de sus propias familias y se esmeran por mantener a sus hijos en los ministerios y las embajadas, había que destruirlos políticamente para que los paisas reinaran. Se dio el primer paso con la intervención del señor Guerra que, por llevar un apellido conocido en la política de este departamento, podía camuflarse. O el otro caso: Que tanto tiempo los mismos ignorantes con las mismas ignorancias debían producir un fenómeno y lo consiguieron. Ante su inutilidad, es mejor mantenerlos en las cárceles, enjuiciados, anatematizados y fuera de la política. Lamentablemente, recurren a sus hijos y nietos, porque la clase política de aquí no sabe otra cosa que raspar las arcas oficiales para llevarse hasta el polvo. Por eso aspiran los abuelos, los nietos, los hijos, las esposas y los esposos.

Campantemente se dice que Sucre perdió con las decisiones judiciales. Pero a ojo de buen cubero, desapasionadamente, nos debemos preguntar: ¿Qué fue lo que perdió Sucre? Poniéndose la mano sobre el corazón, juiciosa y sinceramente, debemos responder que este Departamento no ha perdido nada con varios gobernadores sub judice, con sus parlamentarios que ya pagaron condena, que pagan condenas y que se aprestan a pagarlas, diputados y concejales también condenados y prácticamente todos los supuestos dirigentes de la política listos a enrolarse en el batallón de la inmoralidad. ¿Fue esa condición de irregularidades administrativas, de robos a los erarios, del nepotismo, del compadrazgo, de los contratos dolosos, lo que perdió? Si así es, debemos sentirnos alegres los ciudadanos de esta zona del país. No perdimos, ganamos. Ganamos la posibilidad de que se acabe el gamonalismo, que desaparezcan los grupitos de nobleza criminal en los que la torta se la reparten dentro de la misma familia, y, quizás lo mejor: Que la petulancia cese en los asuntos oficiales. No perdimos nada porque todo estaba perdido.


Además: Ganamos. Ganamos al recalcar, al resaltar que los niños bonitos de los dos o tres barrios elegantes de Sincelejo no sirven ni siquiera para poner, y pedimos perdón a los que tomamos como ejemplo, una carretilla invadiendo el espacio público para vender tomates, cebollas y ajíes. No son más que petulantes, mimados, complacientes consigo mismo. Y todo un pueblo no debe permitir que unos pocos le coloquen el yugo.




RAMON GENES. SEGUNDA PARTE
Nos habíamos reunido gran parte de la familia para en conjunto, recibir el nuevo año, y en las primeras horas de la madrugada del primer día del nuevo año, hacer un alto y dirigir mentalmente una oración por el eterno descanso del alma de mama, y si en verdad hay otra vida en una dimensión diferente a la nuestra, rogarle al Todopoderoso que el alma de la vieja, junto con la del viejo que había emprendido el camino cuarenta años antes de ella, se uniera con él y los hijos y los abuelos. Por razones que no son dable ocuparse de ellas en estas notas, cada uno de nosotros es convencido de que sí, de que papá, mamá, nuestros hermanos, nuestros tíos, abuelos y bisabuelos, “viven” en otro lugar que no alcanzamos a comprender.
Y fue ella, mamá, que durante los colapsos de la enfermedad que la mantuvieron en estado de coma por varias horas y en diferentes ocasiones, las que nos corroboró que había llegado hasta ellos, se vio obligada a regresar para esperar el día y hora fijados por la divinidad y apenas se equivocó por tres horas, del día, el mes, el año y la hora de su propia muerte, que había anunciado unos cuatro años antes.

En el viaje de retorno de cada hermano a su lugar de residencia, mi hermano, el tercero en la línea de nacimientos, me dijo, mientras conducía su vehículo:
—Eres un cobarde, hermano. No me cansaré de decírtelo siempre que se presente la ocasión. Teniendo a ese hijo de puta en tus manos, habiéndote enviado tu jefe a matarlo en pago de sus afrentas a la vieja, y no los mandaste al otro mundo, es una muestra de que eres cobarde. Tenías las armas oficiales en tus manos, tenías la justificación para sacarlo de su casa y matarlo metros más allá con la excusa de que había intentado huir de la acción de la justicia, es decir, tenías todo a tu favor y desaprovechaste el momento. ¡Cobarde! Perdona que te lo diga, pero eso eres.

No era la primera vez que mi hermano, en ocasiones con un algo de disgusto, como de frustración, me endilgaba el insulto ¡Cobarde! La palabra me había golpeado en lo más profundo no sólo en el instante en que las recibí, sino días, meses, años después, cuando volvían los recuerdos de una vida que he tratado de vivir como hombre honesto, honrado, serio, y, en fin, como buen ciudadano a la manera en que en estas calendas se ven las cosas.
Papá fue, en gran medida, el espejo en que los cinco primeros hijos nos miramos, incluso, hasta después de su temprano fallecimiento. De carácter, de comportamiento, lo imitamos en todo. Jamás lo olvidamos, lo que no ocurrió con los otros diez, que por quedar huérfanos y de poca edad, no alcanzaron a tratarlo. Los primeros cinco sí. Lo seguíamos en todo, menos verlo, muy ocasionalmente, por cierto, dirigirse por las calles del pueblo conduciendo una bicicleta de la que se baja, borracho, para colocarla en su sitio y dirigirse a la cama a dormir. Ni un gesto, ni una palabra, en silencio, a olvidar los sinsabores de su vida, que fueron muchos y que sólo paliaba gracias al amor de mamá, que lo quiso hasta el último instante de vida, cuando pidió que la sentaran en la camilla para morir sentada y viendo a su hombre, al que le decía: Ya voy Jose (sin tilde), sé que estoy atrasada, pero ya estoy lista para llegar a ti.

                                                                                                                                                                                                                                              



DATOS RELIGIOSOS PARA DOS AMIGOS QUE NO QUIEREN CREER


Er y Onán fueron hermanos. Er se casó con Tamar, pero su comportamiento encendió la ira de Jehová:


GÉNESIS, Cap. 38, Vers. 7: “… resultó malo a los ojos de Jehová; por lo que Jehová le dio muerte. 8- En vista de esto, Judá le dijo a Onán: ten relaciones con la esposa de tu hermano…”.


Onán, sin embargo, y como ya lo sabemos, prefirió a su “maría manuela” y derramaba el yogurt sobre la tierra, por lo que Jehová le dio el tatequieto. La Tamar, que parece que fue muy casco ligero, no conseguía un tercer marido y ante la urgencia de aceite para engrasar la gruta, se las ingenió para salirle en el camino, disfrazada, a Judá, tan beatífico él que apenas la vio dijo: esta es puta, la llamó le ordenó que se fueran a un lado del camino para una charla de miones. Tamar dijo que sí, pero como Judá no llevaba, como todo rico que se respete, dinero en los bolsillos, le prometió una cabrita, y ella le exigió garantías, las cuales le entregó.


Tamar quedó preñada de quien a ella le gustaba, Judá, sin recordar que ya le había hecho matar dos hijos. Las niñas Tulia del pueblo formaron el escándalo y Judá, el jefe, mandó a buscar a la que todos consideraban una prostituta, pero ella le mostró los objetos de la fianza por el polvo santo que con él había echado y Judá se hizo el vende miel y no aplicó la ley:


DEUTERONOMIO, Cap. 23, Vers. 17: “Ninguna de las hijas de Israel puede hacerse prostituta”, ni mucho menos la sentencia:


LEVITICO, Cap. 20, Vers. 12: “Si alguno pecare con su nuera, mueran ambos a dos, porque han cometido un gran crimen; caiga su sangre sobre ellos”. Pero Jehová, como cualquier juez o fiscal colombiano, se hizo el ciego, el sordo y el mudo y dejó a Judá sin castigar, como si hubiera sido un Uribe de entonces.


El otro aspecto, se refiere a las veleidades davídicas. Pero la Biblia es clara:


I SAMUEL, Cap.18, Vers. 1: “Al punto que David acabó de hablar (¿de qué?) con Saúl, el alma de Jonatás se unió estrechamente con el alma de David; y amole Jonatás como a su propia vida. 2 Desde aquel día quiso Saúl tenerle (a David) siempre consigo y no le permitió volverse a casa de su padre”.


Saúl no sabía lo que acontecía a sus espaldas, pero David sí. ¡De lo que se estaba perdiendo el muchachito!


II SAMUEL, Cap. 1, Vers. 26: “¡Oh hermano mío Jonatás! Gallardo sobremanera y digno de ser amado más que la más amable doncella, yo lloro por ti”.


Jonatás lo calzó bien, porque cuando no estaba, el tierno David lloraba a moco tendido por “su amado”. Pero la rara y muy melosa amistad de David con Jonatás, que Saúl toleró en el comienzo, cuando vio que estaba perdiendo un buen tarro de talco, lo llenó de ira y, como cualquier marido celoso, estalló:


I SAMUEL, Cap.20, Vers. 30: “Saúl, empero, indignado contra Jonatás, le dijo: ¡Hijo de prostituta! ¡Hijo desamorado y perverso! Piensas que yo ignoro el amor que tienes al hijo de Isaí, para confusión tuya e ignominia de tu envilecida madre”.


Y lo expulsó de la casa, para que no le tocara su pozo de la dicha. Pero Jonatás y David, como todos los amantes que en la historia han sido, se dieron las mañas y siguieron viéndose en secreto, porque la atracción era irresistible tanto para la tuerca como para el tornillo.


“Vers. 41: “… salió David del sitio en que estaba, que miraba al mediodía, e hizo por tres veces una profunda reverencia a Jonatás, postrándose hasta el suelo; y besándose el uno al otro, lloraron juntos, pero David mucho más”.


Qué Romeo y Julieta, qué Tristán e Isolda, ni qué nada. Aquí hay más ternura que en ninguna otra parte, real o novelada. Pero sobre todo resaltan los lloros de David. Y Jehová condenaba y castigaba con la pena de muerte a los floripondios, pero ignoró a los dos muchachitos, taponándole el conducto a David que llegó a ser un asesino y terror de los esposos judíos que tenían mujeres bonitas. Y para pagarle al primero y único ex marica de la historia, le dio con la adúltera Betsabé, la esposa de Urías, el hijo que fue el más sabio de esos tiempos: Salomón. Que, si su padre tuvo mil amantes él, cosas de la sabiduría, llegó a diez mil y faltaron datos de las campañas electorales en sitios lejanos.


Las prostitutas, que en tiempos no muy lejanos llamaban en las cortes europeas “Cortesanas”, y que ahora o son reinas o modelos, siempre han tenido, gracias al sudor de las entrepiernas, el privilegio de enredar a los que tienen el mando. Debe ser el tufillo que como un imán los atrae. Los judíos no fueron exentos de la cuestión, y aparecen en la Biblia como cosa de mucho valor, porque cortaron cabezas de los generales ganadores y otras cosillas. Como en el caso de la toma de Jericó.


JOSUÉ, Cap. 2, Vers. 1: “Entretanto, Josué hijo de Nun, había enviado secretamente desde Selim dos hombres por exploradores diciéndoles: ¡Id y reconoced bien el terreno y la ciudad de Jericó! Los cuales, partiendo del campamento, llegaron a Jericó y entraron en casa de una mujer pública, llamada Raab y se hospedaron en ella”.


La misión justificaba el que no buscaran un hotel, ni pensión, sino un cabaret y ¡chupundun!, a donde la hermosa Raab. ¿Recuerdan a Sandra, Blanca Cochero y demás en la zona de tolerancia de Argelia? ¿o Rosalba Hernández, Zila Ramos, la Negra Janda o Aminta Beter en Montería? Y los dos espías se dieron unos festines y lograron la información que requerían, volvieron donde Josué, se los entregaron, y abogaron por Raab. Tal vez siguiendo las orientaciones divinas de Jehová “porque nada ocurre en la tierra sin la voluntad de Jehová”.


Las trompetas rompieron las murallas, los judíos se metieron, acabaron — como era costumbre y por orden directa de Jehová a los jefes — hasta con los gusarapos de las cisternas. La única que quedó viva fue Raab, que se fue a vivir con los judíos y a continuar prestando sus buenos y agradables servicios.


La versión católica de la Biblia dice: “Raab casó después con Salmón, de la tribu de Judá, de quien descendió David y de éste, El Mesías”.


Lo corroboran el Cap. 1 del evangelio de San Mateo y el Cap. 3 del evangelio de San Lucas, cuando mencionan y confirman a Salmón y Raab en el árbol genealógico de Jesús.


Sigan diciendo que Davicito no fue, y les va a pasar como al que demandó al vecino porque lo estaba calumniando y luego de toda una mañana y el resto del pueblo esperando en la plaza, salió y al preguntarle en qué había quedado, dijo: ¡Ajá! ¿En qué va a quedar? En que soy marica. O el de los maricas arrestados por escándalo y ya en el despacho del alcalde, éste les pregunta: Bueno, ¿y ustedes qué son? Verá, señor alcalde, nosotras semos. El alcalde: Semos no, somos. El vocero: Hay señor alcalde, nosotras teníamos una sospecha, pero usted nos acaba de confirmar que es también como nosotras.


Sigan diciendo que Davicito no fue manito partida y machete de dos filos. Esto es lo mismo que hoy, que algunos se meten en el escaparate, pero apenas tienen ocasión salen a pavonearse.


Amigo,


El conductor del túnel del tiempo.



Favor entregar a:


CARLOS JOSE MARIN CALDERIN


EL MERIDIANO CULTURAL


Montería


HASTA QUE LO ALCANZO LA PARCA

Salvador Córdoba Marulanda se mantuvo a las carreras durante su larga vida, pero la muerte, esa que, al no encontrar a “Cocoliso” se llevó a “Cocopelado”, al fin lo alcanzó. Tal vez porque ya estaba agotado por los años y de tanto ir de un lado a otro y mantenerse – hiperactivo sin parangón – siempre en movimiento.
Apenas teníamos seis años, recientemente cumplimos sesenta más, cuando una mañana en que nos dirigíamos al mercado escuchamos que alguien nos llamaba con insistencia. Era un “cachaco” que nos hacía señas para que nos acercáramos a una vieja casa de tablas y techo de zinc que está en la esquina de la calle 36 con carrera segunda, a la que ni siquiera mirábamos por miedo a que el viejo Aníbal Thevening, que un año antes nos sacó en una misma mañana ocho dientes y cuatro colmillos hasta que por fin dio con la pieza que nos dolía, no nos fuera a sacar el resto. Respetuosos de los mayores como nos enseñaron en la casa, atendimos el llamado. El cachaco nos informó que desde ese día abría las puertas de su peluquería y barbería, así como de otros frentes de negocios, entre los que nos llenó de interés la venta de tiras cómicas nuevas y viejas, el préstamo de las mismas para leerlas allí mismo y la compra de las que ya a los muchachos no nos servían.
Desde ese día Salvador Córdoba Marulanda conquistó nuestra atención y su expendio se convirtió en la sala de lectura de numerosos muchachos de Montería Moderna, y además fue por años nuestro peluquero preferido y nuestro proveedor de tiras cómicas como las de Juan Toro y sus muchachos, Jim Colt, Los Halcones Negros, El Zorro, El Fantasma, Mandrake el Mago, El Príncipe Valiente y muchas otras que se nos pierden en la memoria y que nos forzaron a conocer las palabras – antes que las letras– para enterarnos de los diálogos de los personajes.

Pocos saben, sin embargo, las peripecias de ser cliente de motiladas y rasuradas de Salvador. Testigo sin quererlo, y pese a la corta edad, quizás ya nos impelía la vocación periodística como para ver, oír y grabar en la mente los acontecimientos en la vieja casa de zinc, nos reíamos interiormente de los que llegaban a que los afeitara el cachaco. Jamás dijo que no, nunca solicitó una espera. A todos corría a prestarles atención. Sentaba a la víctima en la silla, le enrollaba una sábana y encima una pequeña toalla, con una brocha le empataba la cara de crema y hablando de todo un poco, porque fue conversador incansable, imparable e incomparable, pasaba la navaja por un lado del rostro. Si llegaba un muchacho a solicitar el alquiler de una revista de tiras cómicas, abandonaba la afeitada y extendía sobre el mostrador las últimas revistas que le habían llegado y no lo dejaba hasta que el muchacho escogía. Si al mismo momento se presentaba alguien a comprar azúcar, café, arroz u otros artículos de la tienda, allá se trasladaba. Y el de la afeitada esperando porque apenas tenía media cara rasurada. Sólo dos aspectos de su negocio le quitaban más tiempo y obligaban a la protesta del cliente de la peluquería: la compra y venta de discos, porque requería escuchar la música, establecer las condiciones del disco que entonces eran de acetato y de 78 RPM, y discutir el precio, y la academia de baile. Porque también y al mismo tiempo, enseñaba a bailar tango, valses, pasillos, polkas, mazurcas, boleros, corridos y joropos. Salvador sí que le hizo honores a los de su raza, que en aquellos tiempos no se varaban en ninguna parte. Recursivo y hablador, limaba asperezas con el de la afeitada que al final salía bien presentado de la barbería y no obstante las peripecias, regresaba a donde el cachaco.

Los domingos en la tarde, Córdoba montaba su “caballito de acero” y salía a rodar por las entonces arenosas calles de Montería, cuando no era como la bautizó más tarde José Luis Garcés, San Jerónimo de los Charcos. Y fue tal vez uno de los animadores, con el otro cachaco, el cabo Castillo de la policía, de las primeras competencias de ciclismo de la hoy capital de Córdoba. Competencias que se hacían sobre una Bianchi Milano, una Raleigh o una Hércules. Y se debía ser un Hércules para no sólo competir sino mover una de estas pesadas bicicletas, conocidas después como de turismo, hasta que empezaron a llegar las Monark, algo más livianas y junto con Salvador y el Cabo Castillo sobresalieron Soto, Efraín Hernández, Efraín Jiménez y otros ciclistas más que le dieron gloria al Sinú.

Las vueltas de la vida nos llevaron lejos de la tierra y perdimos los contactos. Sin embargo, Salvador Córdoba tropezó con nosotros en Bucaramanga, Cúcuta, Pereira, Manizales, Neiva y otras ciudades, representando a Córdoba como monitor o como entrenador de ciclismo y luego de atletismo, confirmándonos que si hubiera sido necesario enseñar boxeo –durante años fue el Time Kiper del coliseo de tablas levantado en donde hoy se yergue el Ley central y  controlador de los asaltos de las inolvidables peleas que allí se protagonizaron– lucha libre, artes marciales, él habría asimilado los conocimientos necesarios para cumplir su tarea. Jamás se corrió ante los retos y siempre preparaba meses antes sus actuaciones deportivas.

Acostumbrados como estamos a leer todos los domingos El Meridiano de Córdoba, tropezamos con que el día antes había sido conducido al cementerio, calmado y en calma, el cuerpo del cachaco amigo que se convirtió en más monteriano que los monterianos, porque desde que llegó no volvió a irse de la tierra. Conocía a todos y todos lo conocían. Todas las vespertinas, como las golondrinas que se apoderan de los alambrados, Salvador Córdoba se apoderaba de las calles de la aldea a la que llegó sesenta años atrás y que se le fue convirtiendo en una urbe que hoy enorgullece a nativos y visitantes, para trotar y mantenerse en buen estado físico para la siguiente competencia. Tal vez no se sorprendió nunca con los cambios urbanísticos de Montería.
Se fue el amigo y los muchachos ya no tendrán a quién llamar “Pito Ronco”. Ojalá que los monterianos no lo olvidemos y le hagamos pronto el reconocimiento que se ganó en una lucha permanente por hacer de la Capital de Córdoba el bastión del atletismo colombiano. Que descanse en paz el cachaco monteriano.




SINCELEJO: UNA PROVINCIA VALLENATA EN LA SIERRA FLOR
El título de esta nota puede considerarse como un insulto por algunos pocos que aún aman a su solar nativo, por permitir a los que “adoran” lo vallenato ufanarse de ello y sacar pecho orgullosamente. Sin embargo, para unos y para otros es inocultable que refleja la realidad del momento. Unos, los primeros, disminuyen día a día, los otros aumentan como consecuencia de una incultura acendrada y progresiva, porque hemos perdido, utilizando la extraña frase de moda, “el sentido de pertenencia”.
Es obvio que cuando se ignora el patrimonio que es para cada ser humano el solar nativo, no puede exigirse pertenencia alguna. La pérdida es innata, porque en el seno del hogar no nos enseñaron y en la escuela, el colegio o la universidad tampoco y lo que se ve es lo que se aprende. Y nuestros valores se perdieron hace mucho.

El orgullo sabanero estaba representado en varias cosas que ya pasaron al olvido y ni siquiera históricamente hay quien se haya preocupado del asunto. El sabanero cultivó, al margen de lo ocurrido antes de la llegada de los predadores que supuestamente nos “descubrieron”, la tierra de una extensa zona representada por lo que se llamó El Bolívar Grande. Fue el que se internó por las selvas, las abrió y entregó a los que comenzaron a trabajarlas, hoy despojados por unos pocos que crearon, alentaron y prohijaron a grupos violentos disfrazados unos como guerrilleros o terroristas, otros como defensores de lo ajeno que a la larga cometieron y siguen cometiendo crímenes atroces, y no pocos miembros de la fuerza pública en donde resalta sangrientamente lo que se denomina “falsos positivos”.

El sabanero acogió como suyas labores de los zenúes como las abarcas tres puntá, el sombrero “vueltiao”, el pellón, la hamaca y otros elementos. Hoy, la mochila se ve por todo el mundo; el sombrero “vueltiao” fue declarado patrimonio de la humanidad y ha adornado la testa de pontífices, reyes, príncipes y jefes de Estado, deportistas, artistas, etc. El sabanero olvidó estas cosas y en los espectáculos públicos prefiere los zamarros españoles, los zapatos, el sombrero aguadeño, el poncho paisa y despotrica y califica de mal ejemplo a quien se atreve a usar abarcas.

Ni que hablar de la música. Se enorgullecía de sus porros, fandangos, cumbias, mapalés, etc. Esa amplia gama musical fue relegada al cuarto de San Alejo, para que impere la música de otra zona del país, que lo único que la identifica con el sabanero es que se encuentra en un territorio llamado “costeño”. Y de un momento a otro, muchos prefieren las porquerías que un “ídolo” drogadicto lanza por los micrófonos antes que escuchar cualquier otro tipo de música. Se tildan de “compadres” pero con el dejo de los vallenatos, se pasan las veinticuatro horas del día “escuchando” la música de aquella zona.
Hasta ahora todo está bien, porque la libertad de expresión no puede suprimirse y cada uno es dueño de sus gustos, así ellos sean repelentes a los demás. Lo que sí no tiene representación, es el de que nos hayamos convertido en una provincia asentada en la Sierra Flor, que trabaja para engrandecer a Valledupar, a sus músicos y su música, mientras que lo nativo, sabanero o sinuano, sea omitido. Es decir, que nos convertimos en esclavos y trabajamos y luchamos por fomentar y engrandecer el folclor vallenato.

Y no lo decimos porque sí. Las cifras son más elocuentes que las palabras. ¿Sabe el lector lo que ocurre con los dineros oficiales destinados a la cultura? ¿Tiene idea de lo que se gasta por el municipio de Sincelejo y el departamento de Sucre, para engrandecer el Festival de la Leyenda Vallenata?  Pida informes y se sorprenderá.
Trabajamos por los vallenatos y los vallenatos nos “bembean”, como diría un campesino sabanero. Gozan burlándose de nosotros que nos mantenemos dizque enseñando música para llevar la “representación” de Sincelejo y de otros municipios al Festival de Valledupar, pero desde la ya lejana época en que un Julito de la Ossa, un Lizandro Meza o un Alfredo Gutiérrez demostraron su sapiencia, ningún otro tocador de acordeón ha logrado ganar, por mucha que sea la plata que voten el departamento y los municipios. Muchas personas piensan que las “representaciones” no son más que una repetición de los borrachos que salen a buscar “rebuscadores” de raspa raspa en los sórdidos pasajes nocturnos, para “ponerle música” a sus momentos recreativos, porque indudablemente nos convertimos en dependientes del licor. Jamás de los jamases esos borrachitos van a llegar a la tarima de Francisco el Hombre.

Sincelejo solamente, destina más de cuatrocientos millones de pesos cada año para asistir al Festival Vallenato. No tenemos los datos de otros municipios en los que los alcaldes se dan la gran vida con “el fomento de la cultura”, pero si se compara con lo que Sincelejo entrega para certámenes como el Encuentro Nacional de Bandas, hay una grande injusticia con lo nuestro. Treinta o cuarenta millones de pesos cada año apenas representan un diez por ciento de los esfuerzos de los alcaldes y encargados de administrar la cultura con la inversión para hacer más importante al Festival de la Leyenda Vallenata. Hay una gran preocupación por Valledupar, pero ningún interés por la población que supuestamente “rigen”. La apatía por lo nuestro, se demuestra también en la música que promueven algunas entidades. Por ejemplo ¿alguien se ha preguntado la razón para que una cantidad de instrumentos de música de viento se encuentren en las estanterías de compraventas? ¿Quién, cuándo, por cuanto y por qué empeñaron esos instrumentos? ¿Quién podría informarnos en qué se gasta el Fondo Mixto de la Cultura veinte o treinta mil millones de pesos anuales, si se escatima una limosna a los certámenes nuestros y algunas delegaciones no logran viajar porque allí “nunca hay plata”? Algo similar pasa en el deporte. Los municipios prefieren gastarse millonadas en la realización de “campeonatos” de borrachos que dizque juegan softbol o futbol, pero no le dejan ningún beneficio al municipio o el departamento. Mientras, las categorías en donde se forman los deportistas mendigan infructuosamente para poder realizar sus actividades. Parece que es más importante sacarles el guayabo a los propios empleados de las alcaldías, periodistas y otros grupitos privilegiados, que garantizar el futuro de nuestros niños y jóvenes.
Concluimos: ¿Hay o no una esclavitud mental por lo vallenato y por el despilfarro?





Sincelejo, 30 de septiembre de 2012
Don
ARMANDO PEREZ MORALES
Radio Majagual
Estimado señor:
Soy un asiduo y ferviente oyente de su noticiero. A veces no comparto sus opiniones, pero es una cuestión normal. Su noticiero no está para complacerme sino para informar.
El viernes denunció lo referente a la urbanización Israel, iniciada en la administración anterior y totalmente olvidada por la actual. Como también se olvidaron de muchas otras cosas negativas y no pocas positivas, que hoy duermen el sueño de los justos.  Es, más o menos, la posibilidad de que pasado el tiempo queden en peores condiciones que cuando se creyó que habría una continuidad entre el que se fue y el que vino.
Lo que quiero destacar señor Pérez Morales, es que se habló en exceso de una virtual revisión de contratos de concesión, de contratos de supervisión y de interventorías y otras bellezas que no pasaron de allí. Y el caso de la urbanización Israel es elocuente. ¿Cómo es posible que se pague un anticipo cuantioso y después nadie se preocupe de ver cómo van las cosas? ¿Y la interventoría?  ¿Y los funcionarios de Desarrollo, de Planeación y demás entes municipales?
Pienso que los sincelejanos debemos quitarnos la capa que rodea nuestra mente, destaparnos los oídos y votar la cera que nos ensordece, de las escamas que tapan nuestros ojos y mirar la realidad. De otra manera los indelicados se enraizarán en el tronco de la administración pública.
Dios lo guarde a usted y su familia y a los distinguidos amigos que lo acompañan en el noticiero.





SUEÑOS SIN FUTURO

Todos dicen que el futuro es mañana, pero para mí fue ayer. No crean que estoy loco o que voy rumbo a la locura. Nada de eso enmarca mis deducciones, que rompen los cercos de lo que todos llaman Razón.
Una de esas pueriles canciones populares señala que no hay un hoy sin mañana ni un mañana sin ayer.  En mi caso, agrego que no existe un hoy sin un ayer. Hasta que miré con claridad y sin engaños, que el tiempo no existe. En alguna parte escribí, tal vez como preludio de lo que se me venía encima, que si Dios, como autor, como creador del universo, se pusiera a contar los días de su vida cuando las tinieblas eran el todo, pasaría más tiempo contabilizando centurias que en otros menesteres, pese a que si se miran las cosas sin apasionamientos, Él se ha desentendido de lo que hizo y nos dejó, con el pretexto del libre albedrío, sometidos a los caprichos de los más poderosos.

En cierta ocasión concluí también que solamente para quien muere no hay mañana. Usted va por allí con su hoy, pensando en las cosas pasadas, es decir, en el ayer, y de pronto se le viene una tractomula encima y lo deja aplastado sobre el pavimento de la calle o la carretera, o, lo que parece traído de los cabellos pero no imposible, se sale de su nicho la caja fuerte de una compañía del piso veinte de la edificación por cuyo frente pasa y se precipita al vacío y no queda de usted ni el rastro de la sangre en el piso. O va moliendo pensamientos de lo que hará mañana, o, como todos lo hacemos sin ser locos, distribuyendo el premio mayor de la lotería que acaba de comprar y que siente habrá de ganarse en el sorteo de la noche. Ni qué decir de las lotos, que los empresarios engordan cada fin de año y usted hace presupuestos y distribuciones de los miles de millones que habrá de recibir y maldiciendo al Estado alcabalero en el que vive por el excesivo descuento inicial y la carga impositiva tributaria, que esa sí de verdad se la gana, y de pronto una nueve milímetros, la preferida por los asesinos a los que llaman sicarios, le corta en un mismo instante los presupuestos, los repartos, las compras, los depósitos bancarios y la vida. Queda sin saber por qué, sin mañana. Y si no tiene mañana, es verdad de Perogrullo que no tiene futuro.

Al analizar estas y otras cosas del mismo jaez, me propuse vivir no el hoy, sino el instante. Por eso no me preocupa el ayer, así tenga que repetirlo, ni el hoy porque no sé cuándo se acaba ni el mañana, al que quizás no alcance a ver.
Y comencé a vivir hacia atrás, de espaldas a lo que todos llaman futuro. Es posible que las imaginaciones de tres amigos me hayan enredado en esto del ayer, del hoy y del mañana. Al uno, corozalero, por cierto, que le decían “Calzón sin gente” porque su configuración anatómica no llenaba ninguna talla de pantalón, ni siquiera para niños, y los luises de Sincé, Luis Manuel y Luis Eduardo, que se mantienen en elucubraciones. Proyectos y proyectos y más proyectos, en sus mentes el futuro sería la cosa más formidable para el ser humano. Pero todo se queda en eso, en proyectos. Maravillosos pero irrealizables. Posibles, pero sin aceptación entre los que antes que invertir en imposibles prefieren meter las manos en las arcas y trasladar de ellas a sus bolsillos lo que puedan. Eso cuando les entienden. Si el gobernante es de esos que ignora hasta su nombre, disimuladamente les asigna una oscura oficina, lo más lejos del despacho del gobernante, para que hagan sumas, restas, multiplicaciones, raíces cuadradas, etc. etc. que nunca verán la luz pública.

La tierra en que nací se precia de haber adelantado los más grandes proyectos de recuperación del río. Todos los proyectos indican y aconsejan el dragado para usarlo como vía para el transporte desde y hacia los puertos marítimos, pero como ninguno de los dirigentes posee una draga, las recomendaciones se engavetan. En la tierra en que vivo se estudia el suministro permanente de agua potable, por tratarse de tierras áridas y lejanas de los cauces naturales. Cientos de miles de millones se han destinado al estudio, pero no hay construcciones. Contrario a lo acontecido en el pueblo donde nació mi esposa, en el que se construyó la infraestructura y la estructura de un acueducto y cuando todo estaba listo, iniciaron los estudios para saber de dónde se abastecerían del líquido. Fueron más ilusos que el resto de los mortales, pero la necesidad de acabar con los recursos financieros rompe los lineamientos del buen pensar y del hacer.

Este es un país muy curioso. Se juega con las palabras para engañar. El chiquito más grande nacido en el país llegó a la presidencia de la república y comenzó a ejecutar la reforma agraria en las feraces tierras donde mis ojos vieron la luz primera. Los terratenientes y ganaderos, hombres y mujeres a los que el hombre como especie debe el progreso y desarrollo del mundo y de la historia, tal vez por su generosidad, por sus inteligencias y conocimientos, por su amor por el ganado al que colocan en altares en reemplazo del Supremo Creador del Universo, pusieron el grito más allá de donde dicen que vive Dios por la confiscación de sus tierras. Y los campesinos felices porque al fin se cumplía la sentencia comunista de que “la tierra es para el que la trabaja” y ellos lo estaban haciendo.

Pero los campesinos recibieron la tierra y nada más. Al paso de los días, los terratenientes y ganaderos se hicieron los de rogar para readquirir las tierras, a las que el chiquito más grande había enriquecido con sistemas de regadíos, canales de irrigación, y todo lo necesario para revalorizarlas a costa del gobierno. Fue, disimuladamente, un regalo del chiquito, a quienes los terratenientes y ganaderos terminaron exaltándolo como el mejor y más progresista defensor del agro nacional.
No tuve y no tengo, en mi presente y mi futuro — recuerden que no tengo mañana — ni siquiera un terrón con el que jugar. Manolito, el hijo del señor Pérez con la vieja Lucinda, jugaba con terrones que desaparecían de un momento a otro. Se tragaba la tierra. Cuando al viejo le comunicaron que el muchacho tenía el vicio de comer tierra, se quedó mirándolo y le espetó delante de los que en el momento estaban: Cómete mijo toda la tierra que puedas, pero después no me preguntes dónde te vas a parar.
Más filósofo que los filósofos, el viejo Pérez le quitó a su hijo el vicio solamente señalándole que, si seguía comiéndosela, llegaría el día en que no encontraría dónde estarse parado. Pero el futuro del muchacho ya estaba marcado. De tierra eres y en tierra te convertirás, dicen los religiosos, y Manolito no hizo más que comenzar bien temprano a compenetrarse con la que tarde o temprano lo abrazaría por siempre jamás.
Y es esa una segunda razón para no creer en el mañana ni esperar el futuro. Si como dicen las religiones, hay una segunda vida, a la que los predicadores llaman con la boca llena de entusiasmo “vida eterna”, no hay entonces por qué preocuparse del mañana de una etapa corta, dolorosa, plena de sinsabores, en la que muchos le piden al Creador que se las mejore y a la que llamamos “la vida”.  Nadie ha vuelto de la “vida” eterna, nadie conoce el cielo para darnos explicaciones, ni las invenciones de sacerdotes que por ser fieles discípulos de Onán, crearon en noches calenturientas y presentaron en concilios, cosas como el infierno, el cielo, el purgatorio, el limbo y otras vacuidades.
El único del que aseguran murió, bajó al infierno, volvió a la vida y se fue al cielo, Jesús de Nazaret, no le dijo ni a los apóstoles, sus compañeros de misión, nada en referencia con esos temas. Los onanistas de todas las religiones pusieron en su boca cosas de las que quizás no tenía la más pequeña noción.

¿Y para qué se espera el mañana? Para nada. La muerte es inatajable. Todo nace, crece, en algunos casos se multiplica, declina y muere. Es la muerte el único futuro que tenemos. Pero el ser humano insiste en ignorarla y llega a temerle. El símil adecuado es el del hombre que se está muriendo de hambre, pero sale en veloz fuga cuando le ponen las viandas al alcance de la mano. Temerle a la muerte es temerse así mismo, porque todos, en el conjunto, no somos otra cosa que seres muertos, que se dirigen a la fuerza a la “vida eterna”. Vivimos, es un decir que en la tierra se vive, para morir. Y si nacimos para morir ¿por qué tenerle miedo a la muerte? ¿Para qué huirle a la fuente de agua si a ella debemos regresar para satisfacer la sed?




SUEÑOS

Una semana se cumple hoy sin que haya logrado conciliar el sueño. La pesadez del cuerpo le indica que no es posible continuar así, porque podría derrumbarse total y definitivamente y no es el momento indicado para morir. Se dice que para todo hay un momento, pero no cree que “su tiempo de morir” haya llegado de esta manera. Sin embargo, la vida, que no es más que un parpadeo en el largo, en el eterno tiempo de la muerte, depara sorpresas. Quizás le llegó el momento sin que hubiera recibido ninguna notificación previa. Su padre le aseguraba que la Parca llega cuando menos la esperamos, pero siempre confió en que de alguna manera se debe recibir el aviso. Que no lo entendamos es cosa diferente.
Ahora bien, se pregunta, ¿Qué originó esta vigilia permanente? No encuentra respuesta. En alguna parte de su masa encefálica debe estar el dato. Sabe que la tiene, pero le ocurre como a los Notarios del siglo pasado, que sólo ellos sabían en dónde se encontraban las Escrituras Públicas, los Legados y demás documentos que se les confiaba, por lo que no podía echárseles del cargo de un momento a otro, porque el reemplazante no encontraba, dentro del caos bien organizado, ningún documento del que debiera dar fe pública. Lamentablemente el cerebro humano es único, nace con uno, vive con uno y muere con uno. Nadie lo reemplaza, nada lo sustituye, ninguno puede auscultarlo. Es en el cerebro, piensa ahora, en donde está la esencia de la vida. Es la nada – o la muerte – antes de nacer, es la vida y es de nuevo la muerte, si en verdad hay una dimensión en la cual permanecemos para toda la eternidad. El cerebro debe saberlo, pero no lo dice. Es, en verdad, el arcano mayor, impenetrable, leal como el amigo fiel, a quien se le pueden confiar las cosas sin correr el peligro de que trascienda sin autorización del dueño. 

Los párpados le duelen de tanto apretarlos para ver si así, traicioneramente, agarran al sueño y lo acomodan, pero la treta no surte efecto. Las pestañas, lánguidamente se tocan, pero no se abrazan. Parecen una pareja de amantes con diferencias conyugales que están en la misma cama y con los mismos propósitos, pero muriéndose de deseos, se niegan al abrazo amoroso. El uno espera que la otra dé el primer paso, pero ella considera que merece un trato diferente y anhela el susurro en su oído expresándole que se equivocó y pide perdón. Si así ocurre, ella abrirá al máximo sus brazos y su cuerpo, para recibirlo y formar un solo ser, un todo, como la vida y la muerte, como el árbol con la tierra, como el pez con el agua, como el ayer, el hoy y el mañana con el siempre, con la eternidad.

Pero si sus párpados no le obedecen, sus pestañas parecen odiarse. Ni aquel cae generoso ni éstas se abrazan con la voluptuosidad requerida. Algo debe interferir en los deseos y comienza a repasar su vida, lo poco que ha vivido porque sabe que es joven y ni siquiera ha llegado a la cima de la montaña, para tratar de encontrar la razón, como para que el sueño se haya fugado de su cuerpo dejándolo como el corcho en el remolino del río, sin fuerzas, sin peso, arrastrado en el giro interminable y vergonzoso del sometimiento, sin devolverse y sin avanzar, atenido a que algo generosamente y con un manotón lo ponga de nuevo en el camino de las aguas que van hacia el mar. Sólo así acabará su vigilia.



¿Y DÓNDE ESTÁN LOS DE LA TIERRA?
Editar un libro es cosa peliaguda en una tierra que, como ésta, basa todo en la boñiga del ganado vacuno, en los cachos de los toros con los que se solazan los ganaderos en las corralejas, viendo como en uno de ellos da vuelta un pobre infeliz de la gleba, harto de ron y de esperanzas de que su acción le brinde la oportunidad de unos pesos con que alimentar a la familia. En un libro inédito de mi autoría, el personaje principal señala que, si a los seres humanos se les pudiera vender como carne en canal, ha mucho tiempo que los que gozan con los espectáculos neronianos, los llevarían al matadero como a las reses.

Extrañamente, el que otrora fuera el pueblo altivo, orgulloso de sus ancestros, que todos a una se proponían una meta y la cumplían, no es el mismo de estas calendas. Ni siquiera los descendientes directos, que con el pretexto de mantener las tradiciones deja que todo se haga impunemente. Tal vez por ello aquí se refieren al descubrimiento de los actos dolosos de nuestros dirigentes, cuando ya el país entero lo sabe. Entre nosotros no tienen eco las indelicadezas, y siempre se reciben con dudas y cuando ya es inocultable, se habla muy poco de ello.

Son numerosos los que mantienen escondidos los trabajos literarios. Se le teme a la burla de los supuestos expertos en literatura. Se guarda recelo ante la negativa de los gobernantes a patrocinar este aspecto de las bellas artes, porque ellos gozarán de las fiestas al patrocinar una corraleja o un conjunto deportivo de rodillones, antes que darle prelación a los niños y a los jóvenes. ¿Qué tal que los reyes griegos, al pasar determinado número de años en su edad hubieran obligado al pueblo a verlos en actividades deportivas? El deporte, para ellos, representaba valores distintos y superiores-

Decimos estas cosas porque otro residente en la ciudad, que no es sincelejano, acaba de ganar un premio nacional de novela.  Se trata de Alfonso Hamburger, periodista san jacintero, casado con una oriunda de aquí y de aquí son sus hijos.
Tenemos el honor de haber calificado el trabajo por lo menos un mes antes y sin la menor noticia de que participaría en un concurso. Nos llamó la atención la limpieza gramatical, el ordenamiento temático, el estilo depurado, la trama, su acción y desarrollo, el buen uso del espacio y el tiempo. Así se lo manifestamos a Hamburger, dándole nuestra opinión de que el trayecto recorrido desde la reseña biográfica a Manuel Huertas Vergara y la obra En Cofre de Plata, hasta la de ahora, es como si hubiera hecho un viaje de a pie desde el frío de la Patagonia a las heladas tierras de Alaska. En el camino eliminó las aristas, superó los escollos, descendió a las llanuras y subió a las cordilleras, hasta encontrar la ruta, no del éxito como acaba de ocurrir, sino de un estilo muy particular, propio y sin influencias. Es decir, que encontró el sendero y ello, llevado con tesón, con sinceridad, sin alardes, sin petulancias, puede transportarlo a la conquista de otras preseas. Sincelejo está ávido de que los que vienen a ella, no sea sólo la soldadesca peligrosa del narcotráfico ni la gleba que le hace la fiesta a los que se deleitan con la muerte en los ruedos. Felicitaciones al colega Alfonso Hamburger y que le rinda el producto de su intelecto. Pero, ante todo, que sirva de ejemplo para los nativos.


CUATRO AÑOS DE SILENCIO
La nota que sigue fue enviada a la revista SOHO el 24 de diciembre de 2007. Jamás se ha hecho referencia de ella, tal vez por no haberla recibido. Ello nos obliga a repetirla desde nuestras modestas páginas y para conocimiento del número muy reducido de nuestros lectores:
Distinguidos señores:

Como periodista con medio siglo de ejercicio, como liberal de pensamiento y actitudes, no comparto la reacción de muchos ciudadanos que viven en esta aldea de más de 300 mil habitantes, de suspender la compra de esa importante revista por la aparición de un artículo firmado por Andrés Ríos, que para expulsar de su mente el odio contra los que nacimos en el litoral Caribe colombiano, nos señala despectivamente aspectos que son esencia de nuestra cultura.
Tal vez no compaginamos con la tristeza solapada de las altiplanicies andinas, ni con la ya conocida hipocresía de los que nacieron en la misma tierra del señor Ríos, que mientras rezan ante el altar mantienen el puñal en la mano debajo de la ruana o, como suele ocurrir en estas calendas, implorando el favor divino para quitarle fácilmente la vida a otro ser humano. No podemos generalizar y si esto se conoce es por confesión de ellos mismos.
A nadie se le oculta la alegría innata del costeño. Pudo más la sangre Tairona, Aruaca, zenú, yurbaca, y en general la caribe, unida al calor del africano, para crear un hombre diferente. En medio de nuestra alegría, de nuestros gritos que lesionan los delicados tímpanos de don Andrés Ríos, nos preciamos de haber sido la cuna de Enrique Grau, de Rojas Herazo, de Candelario Obeso, entre otros de una larga y lujosa lista que enorgullece a los colombianos, hasta llegar a un Gabriel García Márquez, gloria de las letras castellanas.
En materia de aseo, es archiconocida la herencia de nuestros antepasados indios, que hacían del baño un ritual de por lo menos tres veces al día. ¿Se atreverá Andrés Ríos a levantar sus brazos? No lo creo.
Para no hacernos largos y tediosos, tengo la seguridad de que el señor Ríos fracasó en Barranquilla al no encontrar su alma gemela durante las carnestoléndicas del año pasado (los del Caribe le mamamos gallo al idioma y por eso le añadimos o quitamos y nos sacamos hace varios siglos el vos y su merced, entre otros, de la mente y antes que carnestolendas lo calificamos como lo sentimos). Lo invitamos a que se deleite con una toludeña de 25, una sananterana de 28, una sinuana de 30 o una sanonofrina de 32, y leeremos en esas mismas páginas antes de un año, los más elogiosos ditirambos de Andrés Ríos por los costeños que no encontró en el Carnaval.
Adjunto el texto (este sin corregir) de mi libro, que salió a la luz pública el 20 del mes que termina, bajo el título de: Señor, aguánteme la burra. Allí está explicado todo. Los costeños preferimos evacuar nuestras primeras explosiones sexuales en una burra, mientras que los de la tierra del columnista de ustedes lo hacen por la pista de arena de sus propios compañeros. ¿Podrían darle una copia al señor Ríos, para que entienda por   qué nos ufanamos de los vocablos fálicos, lo cual nos llena de orgullo, y por qué somos permanentemente felices? Le servirá para cambiar su odio por amor al costeño y lo costeño. ¡Palabra que sí!

Perdonen la molestia.

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Sincelejo y Sucre, tienen su propia literatura. Sin embargo, es tan poca que con excepción de Héctor Rojas Herazo, de Tolú, en literatura, pintura y poesía, y Geovanny Quessep Esguerra, de San Onofre, poeta de talla internacional, los demás se mantienen en el anonimato.
¿Cuáles son las razones?
Entre muchas, el que los nativos de este departamento sufren del mismo mal de casi todos los colombianos. Todos pensamos que somos poetas.
La otra, es el desinterés de los nativos por los asuntos propios y extraños, lo cual les impide conocer su propia historia y la posibilidad de llevarla a libros. O tratamos nuestra historia como algo extraordinario o la ridiculizamos. Pero ni lo uno ni lo otro es verdad. No tenemos hechos trascendentales que resaltar y la pequeña historia no es tan menuda como para omitirla.
Sin ánimo de controversia y mucho menos de faltar al respeto a los profesores de este importante establecimiento, hay una tercera razón:
Si los alumnos no tienen interés en la historia ni en la literatura, los educadores tampoco. Se recurre a salir por la tangente, de manera que se cumple el currículo, pero los educandos finalizan todo el proceso desde el parvulario hasta el bachillerato, y no conocen la producción literaria local, departamental o nacional y menos aún la latinoamericana.
Si a lo anterior se agrega la falta de una crítica especializada y consciente, cerramos el círculo de la sinrazón. Los que puedan o quieran, al terminar esta charla, bien pueden revisar las secciones literarias de los periódicos, concretamente los magacines semanales o quincenales, y observarán que, para los encargados de su dirección, es preferible seguir a un individuo cuyo nombre es impronunciable. Entre más consonantes y menos vocales tengan los nombres y apellidos, mucho mejor. ¿Qué se busca con esto? Meter gato por liebre a los estudiantes. Si se analiza una producción china, revertida al español por traductores deficientes, tragamos líneas tras líneas y páginas tras páginas, en grado tal, que en las bibliotecas públicas están pendientes porque muchos lectores se duermen. El tedio es el resultado de producciones literarias con temáticas ajenas a nuestro medio. ¿Preguntamos: ¿Por qué no principiar por lo nuestro? ¿Por qué no atarear a un alumno con la búsqueda de quién fue Pío en el pozo de Majagual? ¿Qué representa Fortunato Chadid para la música clásica local? Se habla del pozo de majagual como el surtidor de agua de la antigua Sincelejo, pero ¿podrían ustedes y los estudiantes de los demás establecimientos educativos, decirnos cuántos otros pozos y en qué lugares fueron establecidos? El principal espectáculo de los sincelejanos, la corraleja. ¿Saben en cuántos lugares de la ciudad, fuera de la plaza de majagual, de la plaza de Mochila y la de los extramuros de hoy, se levantaban corralejas en diferentes meses del año?
¿Saben qué participación tuvo la curia en el fomento de la corraleja? ¿En qué sitio se encontraban los mejores palcos?
Las mujeres, por ejemplo: ¿Saben qué mujer, su nombre, su origen y su actividad, fue muerta por un toro un 20 de enero, sin incluir los muertos del 20 de enero de 1980?
¿Saben ustedes, hombres y mujeres, quién fue Evangelina Tapias y su hija María de los Ángeles Tapia?
Los que han leído cuentos clásicos, deben haber pasado sus ojos por las páginas de un cuento que se llama Caperucita Roja. ¿Tienen idea en qué país nació la leyenda? ¿Conocen el nombre de Caperucita Roja, teniendo en cuenta que caperuza es la gorra que prendida de una capa protege el cabello de las mujeres? ¿Sí creen ustedes que una mujer mayor de edad y una niña, mejor, una jovencita de quince años, puedan ser comidas por un lobo sin recibir una sola mordida y cupieran en la panza del animal?
Los que viven con la biblia en la mano por razones religiosas ¿saben qué mujer se volvió estatua de sal? ¿Cuál fue su nombre? ¿A qué se atribuye el fenómeno?
¿Saben ustedes qué mujer sincelejana fue comparada con Gabriela Mistral en poesía?
¿Tienen algún conocimiento de los sincelejanos o de hijos de sincelejanos o de cualquier otro municipio sucreño, que llegaron a ser presidentes de otros países? ¿Saben que el hijo de un sincelejano fue presidente de una república hace unos diez años?
¿Saben ustedes qué sincelejano ha ganado unas cuatro veces el título de mejor médico de los Estados Unidos de América? ¿En qué barrio vivió en esta ciudad?

¿Tienen noticias de que los mejores genetistas del mundo nacieron en Sincelejo y conocen sus nombres?
¿Saben qué mujer nació en Sincelejo y alcanzó a ser, a nombre de otra ciudad, una deportista de talla internacional?
¿Saben qué mujer se educó en el Simón Araujo y vivió gran parte de su vida en esta ciudad y hoy es una de las más destacadas periodistas del país?
¿Alguno de ustedes tiene conocimiento por qué se habló de la rebelión de los curas, cuándo y por qué y cuáles fueron las poblaciones que en mayor grado los apoyaron?
¿Sabe alguno quién es Antonio Zuluaga Padrón, que nació en Montería, pero desde los primeros años de vida fue trasladado a Sincelejo en donde vive, cuál es su profesión y qué triunfos ha logrado?
Por último, ¿qué libros ha leído, escritos por sincelejanos o por residentes en Sincelejo? ¿Cuál o cuáles consideran mejor y por qué?
BEISBOLISTAS
Rafael Dickson Rivas
Néstor Dickson Rivas, utility
              Dickson Rivas, árbitro
Francísco “El Cico” Rojas
Manuel “Mañe” Caro
Miguel Dechamps
Rafael “Araña” Romero
Luis Nieves Pico
Jorge Nieves Pico
Jorge Barrera
Juvenal “Farolito” Torres
José Torres
Duvoys Vergara
Arnaldo Castro
Ciprián “Mincho” Castro
Numa Rodríguez
Gabriel Betancur, locutor
Manuel Martínez
El Mono Cárdenas
El Zurdo
Zenón Vellojín
El Pingüino Naranjo
Los hermanos Meléndez

Francisco “El Pachi” Amador
Jorge Combatt
Pedro Combatt
Pedro Ortiz
Jesús “Champa” Galván



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